Roma (Italia) El 5 de junio de 2020 se celebra la Jornada Mundial del Ambiente, instituida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 1972 para reclamar a la humanidad las responsabilidades ambientales.  El eslogan de la edición 2020 es Tiempo para la naturaleza y el tema es la biodiversidad:

“Los alimentos que comemos, el aire que respiramos, el agua que bebemos y el clima, que hace a nuestro planeta habitable, provienen todos de la naturaleza. Estamos en tiempos no comunes en los que la naturaleza nos está enviando un mensaje: para tener cuidado de nosotros mismos debemos tener cuidado de la naturaleza”. (Sito Web Día Mundial del Medio Ambiente)

La biodiversidad sostiene toda la vida terrestre y marina e invade todos los aspectos de la salud humana, asegurando aire y agua sin impurezas, alimentos nutritivos, resistencia a las enfermedades y paliación de los cambios climáticos.  La modificación o la remoción de un elemento de este circuito influye en el sistema di vita total y puede producir  consecuencias negativas. Los eventos recientes, como los incendios en los bosques de Brasil, en los Estados Unidos y en Australia, las invasiones de langostas en el África oriental y, actualmente, la pandemia de Covid-19, subrayan la interdependencia entre los seres humanos y los ecosistemas. La pérdida de biodiversidad supone el riesgo de sufrir graves efectos sobre la humanidad.

En la homilía del inicio de su pontificado, el Papa Francisco (19 de marzo de 2013) evidenció: “Custodiamos a Cristo en nuestra vida, para custodiar a los otros, para custodiar lo creado”. Con ocasión de la Semana de la Laudato Si’, celebrada del 16 al 24 de mayo de 2020, sobre el tema “Todo está conectado”, el Santo Padre invitó a la humanidad católica de todo el mundo a profundizar el propio compromiso para la salvaguarda de lo Creado y la promoción de una ecología integral.

Sor Runita Borja, Consejera para la Pastoral Juvenil del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, escribe:

“Con la experiencia de la pandemia reconocemos que todo está conectado. Estamos conectados a Dios, entre nosotros y con todo lo creado. Cuando una de estas conexiones se interrumpe, puede haber consecuencias negativas: recalentamiento global, desertización, guerra, pobreza, hambre, violaciones de los derechos humanos. También el bien puede tener un efecto en cadena, y esto se concreta en las iniciativas de solidaridad activadas para afrontar las consecuencias de la pandemia.

Yo he venido para que todos tengamos vida y vida en abundancia” (Jn 10, 10): así Jesús presenta la misión, una respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida. La vida es un don recibido y don para compartir. Todos son parte de la historia que juntos vivimos y construimos. Aquí está la raíz de la responsabilidad hacia lo creado: ¡amar a Dios y amar al prójimo significa tener cuidado de la humanidad y de todo lo creado, sintiendo la responsabilidad del futuro de las generaciones!”

Reclamando la llamada del Papa Francisco en la Laudato Sí, invita a las Comunidades Educativas a realizar tres gestos: rezar para y con lo creado, vivir con sencillez, promover el cuidado de nuestra casa común.

Para la Jornada Mundial del Ambiente y para el mes de junio, propone “dar tiempo para la naturaleza” con la contemplación, el cuidado de lo creado, un ritmo de vida distendido, un estilo de vida sobrio.

Presenta después una iniciativa concreta: tomar algunas fotos que expresen los momentos  – personales, de familia, de  grupos – dedicados al cuidado de la naturaleza y compartirlas con las Comunidades Educativas en las redes sociales, utilizando los hashtah:  #fornature    #porlanaturaleza    #pourlanature    #pelanatureza     #perlanatura

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