Roma (Italia) Jesús ha encontrado hombres y mujeres que han reconocido en sus palabras y acciones el modo de hablar de Dios y de relacionarse con Él, indicando el camino hacia la fe, que conduce a la salvación. La llamada a seguir a Cristo está en la raíz de toda otra llamada.

Las distintas formas de seguimiento de Cristo expresan, cada una a su modo, la misión de testimoniar el evento de Jesús, en el cual cada hombre y cada mujer encuentran la salvación. Cada comunidad educativa, como icono de las diversas vocaciones en la Iglesia, mediante la transparencia evangélica de las relaciones y también a través de los límites, se presenta como imagen visible de la llamada de Dios y de la respuesta a Él. Es importante que no se compare el valor de las distintas vocaciones, sino que se aprecie el valor de cada una, para descubrir la más adaptada a cada persona.

El Mensaje de Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra el 3 de mayo de 2020, presenta cuatro palabras clave fundamentales:  gratitud, coraje, fatiga y alabanza.

Dios llama a cada persona a una particular vocación, tiene un plan para cada uno, llama a cada uno por su nombre, por tanto la responsabilidad es aprender con gratitud y sabiduría cómo escuchar, cómo percibir Su llamada, cómo ser valientes y fieles en seguir la vocación, superando la fatiga a través de la fe en Cristo, haciendo de la vida un canto de alabanza a Dios, a ejemplo de María que hizo de su vida un eterno canto a Dios. Cuatro palabras clave que el Papa Francisco ilustra teniendo de fondo el texto evangélico que nos cuenta la singular experiencia vivida por Jesús y Pedro durante una noche de tempestad en el lago de Tiberíades (cfr. Mt 14,22-33):

Gratitud: «Navegar en la dirección correcta no es una tarea confiada sólo a nuestros propios esfuerzos, ni depende solamente de las rutas que nosotros escojamos. Nuestra realización personal y nuestros proyectos de vida no son el resultado matemático de lo que decidimos dentro de un “yo” aislado; al contrario, son ante todo la respuesta a una llamada que viene de lo alto. Es el Señor quien nos concede en primer lugar la valentía para subirnos a la barca y nos indica la orilla hacia la que debemos dirigirnos. (…) llegaremos a descubrirla y a abrazarla cuando nuestro corazón se abra a la gratitud y sepa acoger el paso de Dios en nuestra vida».

Ánimo: «El Señor sabe que una opción fundamental de vida —como la de casarse o consagrarse de manera especial a su servicio— requiere valentía. Él conoce las preguntas, las dudas y las dificultades que agitan la barca de nuestro corazón, y por eso nos asegura: “No tengas miedo, ¡yo estoy contigo!”. La fe en su presencia, que nos viene al encuentro y nos acompaña, aun cuando el mar está agitado».

Fatiga: «Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere que seamos como Pedro, capaces de “caminar sobre las aguas”, es decir, que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra, y especialmente en las distintas formas de vocación laical, presbiteral y de vida consagrada. Pero nosotros somos como el Apóstol: tenemos deseo y empuje, aunque, al mismo tiempo, estamos marcados por debilidades y temores.(...) a pesar de nuestras fragilidades y carencias, la fe nos permite caminar al encuentro del Señor resucitado y también vencer las tempestades. En efecto, Él nos tiende la mano cuando el cansancio o el miedo amenazan con hundirnos, y nos da el impulso necesario para vivir nuestra vocación con alegría y entusiasmo».

Alabanza: «Esta es la última palabra de la vocación, y quiere ser también una invitación a cultivar la actitud interior de la Bienaventurada Virgen María. Ella, agradecida por la mirada que Dios le dirigió, abandonó con fe sus miedos y su turbación, abrazó con valentía la llamada e hizo de su vida un eterno canto de alabanza al Señor».

Una lectura en profundidad del Mensaje del Santo Padre Francisco para el 57a Día Mundial de Oración por las Vocaciones revelará la preciosidad de la propia y nos estimulará a vivirla plenamente. La Iglesia está llamada a continuar promoviendo vocaciones, «abriendo brechas en el corazón de los fieles, para que cada uno pueda descubrir con gratitud la llamada de Dios en su vida, encontrar la valentía de decirle “sí”, vencer la fatiga con la fe en Cristo y, finalmente, ofrecer la propia vida como un cántico de alabanza a Dios, a los hermanos y al mundo entero». En este viaje, la Virgen María acompaña e intercede por cada uno.

La Pastoral Juvenil de las Hijas de María Auxiliadora pone a disposición un resumen en video del Mensaje del Santo Padre:

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.