Roma (Italia). El 24 de enero de 2022, en la memoria litúrgica de San Francisco de Sales,  el Papa Francisco da a conocer el Mensaje para la 56ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (JMCS), que este año se celebrará el 29 de mayo de 2022:

“Escuchar con el oído del corazón”

En continuidad con el tema de la 55ª JMCS – “Ven y verás” (Jn 1. 46). Comunicar encontrándose con las personas donde y como son – el Mensaje pone el acento en otro verbo, “escuchar”, definido como “decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un auténtico diálogo”.

El Papa identifica en el “deseo ilimitado de ser escuchados” la mayor necesidad de los seres humanos, “que a menudo permanece oculta, pero que desafía a cualquiera que esté llamado a ser educador o formador, o desarrolle de algún modo un rol de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y todos los que prestan un servicio social o político”.

Las referencias bíblicas – entre ellas el «Shema’ Israel – Escucha, Israele» (Dt 6,4) – destacan la iniciativa de Dios, que se revela con la palabra a la cual el hombre responde con la escucha, como acontece al recién nacido el corresponder a la mirada y a la voz de la mamá y del papá.

“Entre los cinco sentidos, el privilegiado por Dios parece ser propiamente el oído, quizá porque es menos invasivo, más discreto que la vista, y por lo tanto deja al ser humano más libre”, observa el Papa.

El Papa Francisco invita a descubrirlo como dimensión esencial del hombre y de su comunicarse, a verificar la calidad de la propia escucha, a poner atención a quien, a qué y a cómo se escucha (Lc 8,18), para crecer en el arte de comunicar, “cuyo centro no es una teoría o una técnica, sino la “capacidad del corazón que hace posible la proximidad” (EG, 171)”.

La verdadera sede de la escucha no son las orejas – “Todos tenemos orejas”, dice el Papa – sino el corazón: la escucha es un sentido que implica a toda la persona, tanto que hay “una sordera interior peor que la física”. La escucha del corazón es por tanto un don a pedir, como hizo el Rey Salomón que, aunque jovencísimo, tuvo la sabiduría de pedir “un corazón que escucha” (1 Re, 3-9).

La escucha como condición de la buena comunicación

El Santo Padre pone en guardia sobre algunas actitudes contrarias a la escucha, como el escuchar a escondidas, en lugar de escuchar abierta y lealmente, “cara a cara” con el interlocutor; la búsqueda del consenso y de la audiencia, que lleva a “hablar entre ellos” sin escucharse realmente; la construcción de monólogos para imponer el propio punto de vista, lo que apaga el diálogo. “En la verdadera comunicación, en cambio, el yo y el tú son ambos “extrovertidos”, acercándose el uno al otro”.

Además de ser “el primer ingrediente indispensable del diálogo y de la buena comunicación”, la escucha está en la base del buen periodismo, que no puede  realizarse sin la capacidad de escuchar “durante mucho tiempo” – subraya el Papa – con la disponibilidad a cambiar el propio punto de vista, para tomar la dirección correcta:

“Escuchar más voces, escucharse, también en la Iglesia, entre hermanos y hermanas, nos permite ejercitar el arte del discernimiento, que aparece siempre como la capacidad de orientarse en una sinfonía de voces”.

Concretamente en el tiempo actual “herido por la larga pandemia”, el Papa reconoce “preciosa más que nunca” la capacidad de escuchar a la sociedad, cuya confianza en la “información oficial” ha causado una “infodemia”, o sea una sobreabundancia de informaciones no cuidadas, en detrimento de la transparencia y credibilidad del mundo de la información.

Una buena escucha podría ser  la solución a muchas problemáticas, entre las cuales la realidad de las migraciones forzadas, en la que, para vencer los prejuicios y derretir los corazones, debemos escuchar las historias de cada migrante, dando un nombre a los rostros y las historias. El Papa Francisco elogia a los periodistas que ya lo hacen y pide animar a otros.

Escucharnos en la Iglesia

“Escuchar y escucharnos” es una necesidad fundamental también en la Iglesia, más bien, es “el don precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros” y condición indispensable para participar en la obra de “Aquel que es el oyente por excelencia”. En la acción pastoral, la obra más importante es “el apostolado del oído”: escuchar antes de hablar y dar gratuitamente tiempo a la escucha, como primer gesto de caridad.

No falta la referencia al Sínodo en curso –Para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión” – que está apoyado con la oración, “para que sea una gran ocasión de escucha recíproca. La comunión, en efecto, no es el resultado de estrategias y programas, sino que se edifica en la escucha recíproca entre hermanos y hermanas”.

Mensaje para la 56ª  Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales

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