Roma (Italia). La Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, comparte algunos eventos “verdaderamente especiales” que ella y las Consejeras generales han vivido y están viviendo en estos últimos meses, y ofrece una reflexión a la luz de las palabras que Marta dirige a su hermana María tras la muerte de su hermano Lázaro (Jn 11,28): “El Maestro está aquí, está a nuestro lado y nos llama de nuevo”.
Un clima vocacional
El primer evento que menciona es el Jubileo de los Jóvenes “vivido en Roma del 28 de julio al 3 de agosto de 2025 por cerca de un millón de jóvenes venidos de todo el mundo, incluso de los países en guerra”. Subraya la “participación numerosa y entusiasta”, además del silencio en los momentos de oración y adoración, la atenta escucha de las palabras del Papa León XIV y la disposición a involucrarse, que no pasaron desapercibidas ni siquiera para los medios de comunicación: “Frente a la imponente multitud de jóvenes, incluso algunos medios de comunicación no católicos tuvieron que reconocer, con honestidad, la fuerza de la Iglesia para ser una ‘voz’ que convoca, que sabe hablar a las nuevas generaciones, sintonizar con ellas e identificar en ellas los anhelos ocultos”.
Junto con el Rector Mayor, Don Fabio Attard, la Madre también vivió algunos momentos del SYM Jubilee cerca de 5.000 jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano, quienes, antes de partir hacia Tor Vergata, recibieron el mandato misionero de los sucesores de Don Bosco y Madre Mazzarello.
A partir de lo que pudo percibir de estos jóvenes —“abiertos a los valores del Espíritu, disponibles y educables”— la Madre reconoció, para todas las FMA, “un llamado, una confirmación para seguir apostando no solo por los jóvenes, sino también por la fuerza del Evangelio y de la espiritualidad salesiana; por todo lo que somos y que todavía podemos dar, porque ellos esperan esto de nosotras, esperan que seamos nosotras quienes les indiquemos el camino”. Un llamado a ser para ellos no solo “compañeros de viaje”, sino “indicadores del camino”, como San Juan Bautista, quien, después de indicar al Mesías a sus discípulos, “desaparece para dejar que ellos conozcan y encuentren al Señor Jesús”.
Presencia que genera vida y ardor misionero
De la experiencia compartida en las últimas tres Evaluaciones Trienales previstas por el Consejo General (CIMAC-NAC, CINAB, CICSAL-CIB), vividas en el Continente Americano en el mes de agosto, “surgió, como componente esencial, el fuerte sentido de pertenencia al Instituto, el reconocerse en la común identidad salesiana, a pesar de las evidentes diferencias de cultura, de lengua, de costumbres”.
En las palabras de Don Bosco: «Yo hago el bosquejo, ustedes pondrán los colores» (MB XI 309), Madre Chiara encuentra la experiencia de una espiritualidad vivida en tiempos, lugares y realidades diferentes, sin quitarle nada al “color” carismático original: “Nos dimos cuenta de que cada uno/a de nosotros ha expresado su propio color y, dentro de cada Conferencia interinspectorial, todas las Inspectorías han aportado su propio matiz irrepetible”. En este camino “que se parece mucho a una peregrinación” se ha abierto paso una certeza: “Estamos yendo hacia la tierra santa de nuestra identidad, de nuestra espiritualidad, hacia la tierra santa de ser, aquí y ahora, Don Bosco y Madre Mazzarello”.
Al final de la última Evaluación, con motivo de la celebración del 125º aniversario de la presencia FMA en Paraguay, la Madre se detuvo para una breve visita a la Inspectoría San Rafael Arcángel (PAR), de la que pudo apreciar la dimensión misionera. Visitando una de las comunidades misioneras en el Chaco Paraguayo, se quedó impresionada por las palabras del Arzobispo, quien subrayó el apoyo indispensable de las FMA, las únicas religiosas presentes en esa tierra: “En el momento en que ustedes abandonen esta misión ya no habrá nadie que cuide de esta gente”.
Constatando con sus propios ojos la serenidad y la educación de los alumnos/as encontrados, Madre Chiara expresa con orgullo: “¡verdaderamente aquí, en medio de la selva, donde solo existe la realidad de la misión, cuánto bien están haciendo mis hermanas y con cuánta generosidad y desapego!”. Y al mismo tiempo lo siente como “un vivo llamado para nosotras, para el Instituto, precisamente ahora, en la inminencia de la canonización de Sor María Troncatti”. Una mujer que fue “tan capaz de sacrificio que transformó y humanizó el ambiente en el que trabajó y dio su vida”.
Una santidad que contagia
Cada Hija de María Auxiliadora se prepara ya para vivir el gran evento de gracia de la Canonización de Sor María Troncatti (19 de octubre de 2025), que ayuda a reflexionar —afirma la Madre— “sobre los dones que estamos recibiendo en este tiempo privilegiado de la vida de la Iglesia y de nuestro Instituto. El Maestro nos llama de nuevo. Me parece importante que nuestra vocación sea un llamado a la universalidad del amor”. Hablando de grandes horizontes, recuerda la expresión de Don Egidio Viganò, 7º sucesor de Don Bosco, que describe así el espíritu de Mornese: «No es un espíritu de invernadero, sino de universo».
Otro evento importante que el Instituto se está preparando para celebrar es el aniversario de la primera partida misionera de las FMA hacia Uruguay (14 de noviembre de 2027), que la Madre anima a vivir no tanto como un “recuerdo celebrativo”, sino más bien como un “itinerario personal de renovación vocacional, de relanzamiento de nuestra vocación, del camino hacia la santidad, siguiendo los pasos y la vida de Sor María Troncatti”.
Entre los muchos motivos para escuchar la invitación del Maestro, Madre Chiara también recuerda la reciente Canonización de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que tuvo lugar en Roma el 7 de septiembre y que, además de admiración, suscita —o refuerza— el deseo de vivir la santidad: “Nosotras, Hijas de María Auxiliadora, no podemos dejar de sentirnos interpeladas por estos campeones de santidad juvenil que se nos proponen de una manera tan normal y tan posible”.
Mirando estos ejemplos, que interpelan a las FMA como religiosas que han elegido la santidad “como camino vocacional, como orientación de nuestra vida”, la Madre deja algunas preguntas para la reflexión personal: “¿Qué espera el Señor de nosotras, en este momento, a través de los acontecimientos? ¿Cuál es su llamado para nosotras hoy? Pensando en el camino del Jubileo, en el recorrido del Movimiento Juvenil Salesiano, ¿cómo podemos ayudar a nuestros jóvenes a encontrar respuestas a su sed de infinito y de verdad, que los motivó a soportar el calor, las filas, el hambre, las diversas incomodidades y todo lo que forma parte de un camino por descubrir? ¿Qué propuestas podemos ofrecer para que la santidad juvenil siga brillando en la Familia Salesiana como deseaban Don Bosco y Madre Mazzarello?”.
Al releer estos eventos, junto con las palabras del Papa León XIV sobre la santidad de los dos jóvenes, Madre Chiara encuentra “una invitación a volver a la santidad vivida con alegría, una santidad simpática, fascinante, capaz de contagiar e involucrar a hermanas y jóvenes”, una santidad “con un rostro alegre”, vivida —según el ejemplo de los Fundadores— en simplicidad y alegría, incluso en las dificultades, en el espíritu del da mihi animas cetera tolle.
Al final de la Circular, no puede faltar un pensamiento sobre la situación mundial actual, por lo que la Madre exhorta “a unir nuestra voz a la del Papa León XIV para pedir incesantemente el don de la paz en el mundo; también en aquellas regiones donde nuestras hermanas viven en la incertidumbre y el sufrimiento. Invoquemos la paz en las comunidades, en las familias y en nuestros corazones”.


















