Roma (Italia). El 14 de mayo de 2026, 40 días después de la Pascua, se celebra la Jornada Internacional de la Educación Católica, expresando la gratitud por el don de la educación católica.

Esta iniciativa, en su 25º aniversario, fue instituida en 2002 por el Congreso de la OIEC (Office International de l’Enseignement Catholique) celebrado en Brasilia, para resaltar la valiosa contribución de las instituciones educativas católicas al desarrollo integral de la persona y para llamar la atención sobre el aporte que ofrecen al desarrollo global y a la promoción de una cultura de paz y de fraternidad.

Para celebrar esta recurrencia, la OIEC promueve un seminario web internacional sobre el tema: “Cultivating one’s inner life: towards an educational transformation” (Cultivar la propia vida interior: hacia una transformación educativa), como una ocasión para reflexionar sobre una educación que nace de la interioridad de la persona y transforma el mundo.

A la introducción de Hervé Lecomte, Secretario General de la OIEC, seguirán las intervenciones de Juan Antonio Ojeda Ortiz, consultor del Vaticano y responsable de los proyectos de la OIEC; Åsa Jarskog, directora general de Global Leadership for Sustainable Development (Suecia); Carina Rossa, docente de la Universidad LUMSA; Gloria Figueroa Ortiz, directora general del Colegio San José de Las Vegas.

Cultivar la vida interior significa poner a la persona en el centro, acoger a los más vulnerables y colaborar en la construcción de un mundo más fraterno y pacífico. En un contexto caracterizado por la fragmentación, el ruido y la aceleración, resulta urgente educar en el silencio, en la búsqueda de sentido y en la profundidad.

Solo a partir de una interioridad sólida el educador puede ser presencia auténtica y significativa para los jóvenes, acompañándolos con discernimiento y cuidado. Los mismos jóvenes expresan este deseo: consultados por el Comité del Pacto Educativo Global durante la Jornada Mundial de la Juventud y el reciente Jubileo de los Jóvenes, muchos han respondido a la pregunta sobre la educación del futuro con el llamado “Ayúdennos a educarnos en la vida interior”.

La educación católica está llamada a ser un lugar donde se aprenda de nuevo a “mirar las estrellas”, uniendo buenas prácticas, investigación y profundidad, ciencia y sentido, conocimiento y sabiduría. Proteger la interioridad de los jóvenes significa, al mismo tiempo, proteger el futuro.

La OIEC invita a todas las Comunidades Educativas a vivir esta jornada como una ocasión de oración y de gratitud por el trabajo de los educadores, además de como una oportunidad para una mayor conciencia de la misión educativa llevada a cabo por las instituciones católicas en todo el mundo.

El Instituto de las Hijas de María Auxiliadora es miembro activo de la OIEC. Presente en la educación formal y no formal, en todas sus obras busca crear un ambiente educativo “como mediación entre los valores inspirados por el Evangelio y el contexto sociocultural en el que las jóvenes y los jóvenes proyectan la vida, experimentan la confianza y viven la experiencia de grupo” (Líneas Orientativas de la misión educativa de las FMA, 142).

Las FMA, fieles al carisma de Don Bosco y de Madre Mazzarello, reconocen que educar significa también acompañar a las nuevas generaciones en el desarrollo de la vida interior. En la tradición salesiana, esta formación interior se realiza a través de la presencia cercana y acogedora, el diálogo sincero, la oración, el discernimiento y relaciones que ayudan a cada uno/a a descubrir su propio valor y su propia vocación. Se trata de formar personas libres, conscientes, solidarias y capaces de esperanza.

En este horizonte, profesores y educadores tienen un papel esencial en la Comunidad Educativa, siendo una presencia indispensable para la misión salesiana.

En comunión y en sinergia con otras instituciones educativas, esta Jornada Internacional se convierte también en una respuesta concreta al Pacto Educativo Global, que llama a toda la humanidad a reconstruir la alianza educativa, a renovar la esperanza y a promover una cultura de paz.

En un tiempo marcado por conflictos y divisiones, resulta urgente reafirmar la educación como vía privilegiada para formar conciencias abiertas al diálogo, al respeto mutuo, a la reconciliación y a la fraternidad entre los pueblos. Educar para la paz significa preparar a nuevas generaciones capaces de superar la violencia y de construir relaciones justas y solidarias.

El futuro depende de la capacidad de crear redes, reforzar alianzas y reconocer la educación como fuerza transformadora para la paz mundial, la justicia social y un desarrollo auténticamente humano y sostenible, sin exclusiones, en el cuidado de la casa común.

Cultivar la vida interior, en este horizonte, significa formar personas capaces de discernimiento, solidaridad y compromiso, preparadas para ser artesanas de paz y constructoras de una sociedad más fraterna.

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