Roma (Italia) La Madre General de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Yvonne Reungoat, en la Circular 997 parte de un interrogante que surge de este tiempo de lockdown por la pandemia de Covid-19: “¿Qué futuro nos espera?”.

En su reflexión, la Madre trae consigo el testimonio de muchas FMA del mundo que, por la gravedad de la situación, viven este tiempo con fe y con creatividad en la solidaridad. Una fe que “no es una idea, sino una vida. Sobre todo la fe es una relación siempre nueva con el Señor”.

Madre Yvonne invita a ir “más allá” con la fuerza del carisma, recordando como un momento de fragilidad y de debilidad vivido en el 1860 por Madre Mazzarello durante la epidemia del tifus, condujo a la maduración del Instituto. “Todas nosotras estamos escribiendo una página nueva en la “crónica” de nuestro Instituto: ¡una página de esperanza y de futuro!”.

Las preguntas existenciales sobre el futuro incierto que se abre ante las nuevas generaciones, tocan en profundidad también la vida de las FMA que, como cristianas y educadoras, están llamadas a ser testimonios de una fe transparente, de puertas abiertas, una fe “misionera”.

“La fe o es misionera o no es fe, y se ofrece como un tesoro precioso; no debe permanecer encerrada dentro de un recinto de propiedad privada, sino ser el signo del amor y de la ternura de Dios que abraza a la humanidad sufriente: debe “salir” para preparar el terreno a fin de que el Espíritu Santo pueda actuar en las personas también a través de nuestro testimonio”.

La fe es un don del Espíritu para compartir con alegría: en la realidad compleja que estamos viviendo, la Madre invita a afrontar los desafíos que trae el mundo, y a ver juntas los signos de esperanza, el “brote nuevo” de oportunidades que está apareciendo: “Cualquier cosa nueva puede florecer en este tiempo particular si nos confirmamos en la fe y la testimoniamos con alegría y con amor. ¡El amor es siempre fuente de novedad, porque es don del Espíritu Santo que, por su naturaleza, es creatividad sorprendente!”

La fe es una meta que hemos de conseguir caminando, “un recorrido maravilloso y comprometedor que requiere una gran apertura y disponibilidad y no escatima el problema de la investigación, del compartir, de la confrontación”, para llevar a los jóvenes, como hicieron Don Bosco y Madre Mazzarello, a encontrar la verdadera felicidad que es Jesús: “Él es el camino que nos abre a la esperanza duradera e inquebrantable en esta hora de confinamiento”.

En el camino hacia el CG XXIV, la presencia de María precede y acompaña a cada FMA en los caminos fatigosos, pero seguros del hoy: “Caná es el hoy que estamos viviendo, es el lugar privilegiado donde sentimos las voces de la Madre que nos acompaña a “hacer” lo que Jesús espera de nosotros: vivir y compartir la fe como tesoro que da la fuerza para afrontar con esperanza todo los que está sucediendo en el mundo”.

La conclusión de la Circular 997 es una propuesta “sencilla y familiar”:

“Comprometernos todas a descubrir en nuestra vida, en nuestras comunidades y en la realidad en que expresamos el carisma, los signos de los brotes nuevos, incluso sólo potenciales, y regarlos con el agua limpia de la plegaria, de la confianza, dejando aparte eventuales sentimientos de escepticismo, de indiferencia, de duda. Abramos las puertas de nuestro corazón y de nuestras casas al “sol” de la esperanza, al amor que no decepciona nunca, a la fe que nos da la alegría del encuentro! Ayudémonos a estar atentas a todos los signos, incluso los más pequeños, porque en ellos está germinando un futuro nuevo. ¡El Espíritu Santo que esperamos en Pentecostés nos haga apasionadas por nuestro tiempo!”.

Circular 997

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