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Roma (Italia). El 1º de julio de 2019, el Postulador General de las Causas de los Santos de la Congregación salesiana, don Pierluigi Cameroni, y la Secretaria general del Instituto de las FMA, sor Piera Cavaglià, han entregado al Card. Angelo De Donatis, Vicario de Su Santidad Papa Francisco, a través del Tribunal diocesano del Vicariato de Roma, la petición oficial (Supplex libellus) para que se abra la Investigación Diocesana sobre la vida, las virtudes heroicas, la fama de santidad y las características de Madre Rosetta. Es el primer paso importante para el reconocimiento eclesial de la santidad de Madre Rosetta, FMA, Superiora general del Instituto.

Es significativa la fecha en que se ha ultimado la recogida de la documentación requerida: el 28 de junio, solemnidad del S. Corazón de Jesús. Madre Rosetta, en efecto, fue una FMA firmemente enraizada en Jesús, deseosa de hacer conocer a todos su amor, especialmente a los y las jóvenes. En su vida de educadora, maestra, asistente, formadora, Consejera y Madre general, se fue  conformando con Jesús hasta el ofrecimiento de su vida por la santidad del Instituto, por los sacerdotes, por la salvación de la juventud. Como María, hizo de su vida un don de amor y de maternidad espiritual. En ella contemplamos una de las obras maestras con que el Espíritu Santo ha enriquecido el Instituto y la Iglesia.

Madre Rosetta Marchese nació en Aosta el 20 de octubre de 1922, en una familia de una fe cristiana profunda y fervorosa. Desde niña conoció y frecuentó a las Hijas de María Auxiliadora, madurando junto a ellas su fe y su ideal de consagración total a Dios. Después de la primera profesión religiosa (1941) completó los estudios en la Universidad Católica del “S. Cuore” licenciándose en Letras. Del 1947 al 1958 fue profesora y vicaria en la Casa misionera “Madre Mazzarello” de Turín, donde siguió con particular atención a las jóvenes hermanas que se preparaban para irse a las misiones. Del 1958 al1974 desempeñó cargos de animación y de gobierno en Sicilia, en Roma, en Lombardía. En todas partes se reveló una persona atenta a las exigencias de la Iglesia local y a los signos de los tiempos, suscitando estima y aprecio por parte de las autoridades religiosas y civiles.

El Capítulo General XVI del 1975 la eligió Consejera Visitadora. El Capítulo General XVII, en el primer escrutinio del 24 de octubre de 1981, la elegía Superiora General. A distancia de solo ocho meses de su elección, llegaron los primeros síntomas de la leucemia que se revelaría pronto como inexorable. En la circular del 24 de octubre de 1982, primer aniversario de su elección a una maternidad, que entonces se expresaba en el misterioso dinamismo del sufrimiento, madre Rosetta concluía su enseñanza augurando a todas sus hijas dejarse contagiar por Don Bosco “de nostalgia aguda del “hermoso Paraíso”, para entrar en la vía de la santidad “con una voluntad sin retorno”. “La meta es única: llegar al Paraíso con todos los jóvenes para los que hemos dado y consumado la existencia.”

En este año en que el Aguinaldo invita a la Familia Salesiana a la santidad, el testimonio de Madre Rosetta estimula a redescubrir la vocación a la santidad y a tender a ella con todas las fuerzas.

Ahora es responsabilidad de todos –  FMA, comunidades educativas, sacerdotes, laicos/laicas, jóvenes – profundizar el tesoro de santidad que es Madre Rosetta; hacerla siempre, más y más, conocer, amar, rezar, para que su testimonio luminoso de Jesús se difunda en la Iglesia y en el Instituto que tanto  amó y por el que ofreció la vida.

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