Roma (Italia). El 23 de diciembre de 2019, en la Casa Generalicia FMA en Roma, las Novicias de los Noviciados Internacionales de Roma, Via Appia Nuova y Castelgandolfo y las Comunidades de la Visitaduría Maria Madre della Chiesa (RMC) de Roma, expresaron los Deseos Navideños a la Madre General, Sor Yvonne Reungoat, y al Consejo General.

“Te saludo esperanza”, de la poesía de Pablo Neruda, fue el hilo conductor de los augurios de las Novicias que, por medio del canto y la lectura de textos de autores de diversas culturas – Federico García Lorca, Madeleine Delbrêl, Luigi Pirandello, Ismail Kadare, Mario Delpini, Sayed Hegab, Dante Alighieri – destacaron la brecha en el mundo contemporáneo entre los que tienen de todo y quienes no tienen nada, entre los que pueden pasar la Navidad rodeados de los afectos de los seres queridos y los que la pasarán en la soledad. Con el deseo de abrir el corazón al Amor que se hace carne y nos pide a cada uno que le hagamos espacio.

La Madre agradeció y correspondió, diciendo que cada año nos intercambiamos los deseos, “pero el año es nuevo. Hagamos memoria de la encarnación de Jesús: Dios quiere venir por medio de Jesús entre nosotros. Y pienso que no nos acostumbramos nunca a contemplar este Misterio, que es difícil de entender, sólo lo acogemos como don. Necesitamos contemplar toda la vida esta grandeza de la pequeñez. Contraria a toda lógica humana y mundana. Deseamos entrar con Jesús en este misterio de la opción por la pequeñez, que es una opción de amor (…) Estamos llamadas a vivir como Jesús este misterio de la encarnación. Es cierto que hay una gran diferencia entre nosotras y Él, pero Jesús cuenta con nosotras para ser el signo de la encarnación, para hacernos uno, uno entre los más pobres, para colaborar en su salvación”.

En el Auditorio de Casa Generalicia FMA, las Comunidades de la Visitaduría Maria Madre de la Iglesia (RMC) – Beata Eusebia Palomino, Madre Angela Vespa, la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium, Maria Domenica Mazzarello, Madre Ersilia Canta, Sor Teresa Valsè Pantellini – dirigieron sus felicitaciones a la Madre y a las Consejeras Generales, con una representación que tenía por título “De Caná de Galilea a Belén, al mundo. Con María, contemplando el signo admirable.”

En el centro de la escena había una ánfora, referencia al pasaje de las Bodas de Caná, icono del Capítulo General XXIV. Por medio de un trenzado de canciones y textos sobre los significados de las diversas ánforas las Comunidades de la Visitaduría contaron: “En la “Casa del Pan”, festiva y ferial, yo/nosotras, ánforas siempre cargadas de tesoros inagotables, revitalizados por el Verbo encarnado, cumplimos nuestro papel principal: ¡conservar, custodiar el tesoro que se nos ha confiado y hacer que el transporte sea seguro…para que cada contenido tenga el sabor del vino bueno!”.

La Superiora de la Visitaduría, María Del Carmen Canales, entregando a la Madre y a cada una de las Consejeras Generales un icono que representa un detalle del mosaico de las Bodas de Caná de M.I. Rupnick de la Capilla de la Facultad Auxilium, auguró: “María, presente en el pesebre, nos deja una consigna, como hizo en Caná: “¡Cualquier cosa que os diga, hacedla!” Podéis confiar a María la fuerza generadora de cada Hija de María Auxiliadora y acoger con gozo inmenso la vida de Aquél que continúa naciendo en nuestra contemporaneidad, en el corazón de muchos jóvenes y en nuestras humildes personas”.

La Madre, después, concluyó: “Habéis hecho una síntesis exitosa entre Navidad y Caná. Jesús fue el primero en hacer aquello que le mandó el Padre, hacerse hombre, hacerse pequeño, pobre, para manifestar su amor. Lo realizó por medio de María, que fue la ánfora por excelencia y que nos invita también a nosotros, hoy, a vivir esta misma realidad, a ser también nosotros ánforas de todos los colores, de todos los tipos, pero todas las ánforas están vacías, para poderlas llenar y, llenándolas, poder abastecer a los otros. La encarnación de Jesús que viene a la tierra en la pequeñez, no acabamos nunca de contemplarla, no llegamos nunca a entenderla, llegamos sólo a acoger esta realidad, porque nos supera (…).Podemos hacer la opción de compartir el agua o el vino bueno que es Jesús dentro de nosotros, que se encarna en nosotros continuamente”.

Auguri Natale alla Madre e al Consiglio - Comunità Casa Generalizia

El 24 de diciembre la Comunidad de Casa Generalicia expresó sus Deseos Navideños a la Madre y al Consejo General con un momento de contemplación y fiesta realizado por medio de video, textos y danzas con el título “Un encuentro que transforma la vida. Dios acompaña a su pueblo en la peregrinación terrena”. Se recorrieron las etapas en que Dios se revela a través de su Hijo en la Encarnación y se hace para el hombre compañero de vida. Nazareth, Ain Karim, Belén, Egipto, Galilea, Jerusalén constituyeron el escenario para la lectura de los textos del Evangelio y de las Circulares de la Madre. El augurio a la Madre y a las hermanas del Consejo evidenció su compromiso de acompañamiento que se hace cercanía en su peregrinar por todas las Comunidades Educativas del mundo.

“Es verdaderamente la Navidad del mundo y hemos recorrido toda la historia de la encarnación, entrelazada con nuestra vida” – comentó la Madre. “Hemos repetido muchas veces en estos días “Ven, Señor Jesús”. ¿Es verdad que nuestro corazón alberga este grito pidiendo que venga Jesús, o lo decimos como cualquier otra palabra? ¿Es verdad que estamos impacientes a la espera de que venga Jesús en nuestra vida? Si miramos la situación del mundo, la historia, se siente la necesidad de un Salvador, de un Redentor, para más fraternidad, más solidaridad, más justicia, más amor, más paz, más felicidad (…) Él confía en que seamos un signo de esta Presencia verdadera. No es una idea, no una utopía. Jesús está verdaderamente presente en la historia de la humanidad, en nuestra vida. La encarnación no se ha dado solamente una vez, es continua y la quiere continuar en nosotros y a través de nosotros, hombres y mujeres de buena voluntad, también de otras religiones (…) Si se suprime a Él de la historia, entonces no habrá más esperanza. Pero Él está, y estará. Es necesario que lo manifestemos con nuestra vida, y que lo digamos, que lo proclamemos, pero sobre todo que hagamos creíble el mensaje, mostrando que algo cambia en nuestra vida. (…) Que nuestra alegría sea profunda, pero no tan profunda que no se vea, sino una alegría que se manifiesta y sobre todo que se manifiesta en el amor, en la renovación de nuestra fe. Llevemos a nuestra plegaria esa espera del Salvador en todo el mundo, pidamos la gracia de estar siempre en su busca y que Jesús se manifieste a través de nosotros”.

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