Roma (Italia). Con ocasión de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María 2024 la Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, dirige un Mensaje de augurio a todas las FMA y a las Comunidades Educativas:
En el clima misionero en el que estamos viviendo este tiempo, también impulsadas y guiadas por la canonización de Santa María Troncatti, por las recientes celebraciones en Turín y Génova de la Primera Expedición Misionera de nuestros hermanos Salesianos, y al finalizar el primer año de preparación para el 150º Aniversario de la Primera Expedición Misionera de nuestro Instituto, en este mensaje quisiera destacar el aspecto misionero mariano de nuestra vocación. Somos Hijas de María Auxiliadora, un Instituto todo de María, que nos ha querido y que sigue estando activamente presente en nuestra vida. Es para nosotras la Guía que nos precede y nos acompaña en el camino.
Me parece significativo retomar uno de los pasajes más bellos de la Cronohistoria. Se trata de la mañana del 14 de noviembre de 1877. Después de haber confesado a las misioneras y haber celebrado la Eucaristía, Don Bosco, junto con Madre Mazzarello, acompaña a las hermanas y a los salesianos al puerto de Génova.
Llegados al lugar del embarque, también ellos suben al barco (cfr. Cronohistoria II 289 ss). Es conmovedora la premura de Don Bosco y de Madre Mazzarello, que con corazón de padre y de madre van entre los camarotes para ver cómo están instaladas las hermanas y los salesianos. Cuando los acompañantes tienen que dejar el barco, la despedida es ciertamente desgarradora. La Cronohistoria nos relata tantos detalles emocionantes en los que no ahondaré por ahora, pero llegado a un punto, mientras el barco se aleja, llega del mar una ola sonora: es Don Costamagna que acompaña al piano el coro «Yo quiero amar a María, quiero entregarle mi corazón». Este canto se difunde a lo lejos, mientras el barco deja el puerto…»Yo quiero amar a María, quiero entregarle mi corazón», era un himno que Don Costamagna había compuesto en Mornese para las hermanas y es interesante conocer su origen. Él componía en la sacristía donde probaba y volvía a probar, especialmente las primeras notas, que enfatizaban el verso «Yo quiero amar a María…» y no lograba ir más allá.
La casa estaba inundada por este sonido, por lo que en el taller no se podían escuchar si no era alzando la voz. Entonces Madre Mazzarello, que trabajando hablaba a las postulantes y a las novicias y ya había cambiado varias veces de lugar, pero de igual modo era como si fuera perseguida por aquel estribillo «Yo quiero amar a María…», al final, con una sonrisa benevolente, había dicho: «Vayan a decirle al Director que no sólo él quiere amar a la Virgen, sino que queremos amarla también nosotras y que se quede tranquilo».
En ese momento, para las primeras misioneras, este canto está ligado al recuerdo de Mornese, y es interesante que las hermanas canten esta alabanza mientras dejan la patria, la familia, los Fundadores; es un momento de gran desprendimiento. Dejan a Don Bosco y a Madre Mazzarello, dejan una experiencia cierta para ir al encuentro de lo desconocido.
La protagonista de este momento sigue siendo María, la Madre y la Maestra. Aquella que sostiene, consuela y anima. Quizás estas palabras «Yo quiero amar a María, quiero entregarle mi corazón»… nos parezcan románticas, además expresadas con un lenguaje decimonónico, pero vayamos a la sustancia: María es la que precede el camino y lo acompaña. No existe ninguna casa o Inspectoría nuestra que no haya sido pensada y precedida por la Madre de Dios y Madre nuestra. Ella envuelve de gran ternura a cada persona, a cada comunidad educativa, a cada actividad y proyecto de bien.
Pienso que en la Solemnidad de la Inmaculada, podemos recuperar la hermosísima experiencia de nuestras hermanas: María está presente en las jóvenes hermanas que parten para las misiones, María precede el camino en América donde espera a sus Hijas. (…)
Estos podrían ser hechos de crónica y podríamos detenernos aquí. Pero ese canto, como se describe en nuestra Cronohistoria, «se pierde en la ola…» más bien «llega del mar una ola sonora…». Nosotros sabemos que la ola es dinamismo, movimiento, una ola no se sabe dónde va a parar, y esta ola se transmite en el océano junto con nuestra acción misionera… una ola que lleva el nombre de María, una declaración, no sólo la dulzura de un recuerdo, de una experiencia tan importante que nos une a los orígenes de nuestro Instituto, sino una reflexión para el hoy.
Todas hemos sido tocadas por esta ola, que aún resuena en nosotras y que nos recuerda la presencia de María en nuestra vida, en nuestra misión. La ola es sugestiva, es como si sintiéramos resonar en nuestros oídos la potencia de esta expresión: para nosotras es una certeza que nos conforta y nos ayuda a mirar al futuro con esperanza y confianza.
En esta Solemnidad de la Inmaculada, dirijámonos a Ella, venerada desde el principio en Valdocco y en Mornese como Inmaculada Auxiliadora, la mujer de la victoria, que vela sobre la Iglesia y sobre la humanidad entera y derrota el mal para siempre, para que nos dé también a nosotras la valentía de opciones misioneras y al mundo entero traiga paz y esperanza.
En este importante momento, nos sentimos en comunión con toda la Familia Salesiana, sobre todo en la cita del círculo mariano.
¡Feliz fiesta!
Roma, 8 de diciembre de 2025
Sor Chiara Cazzuola
Superiora general del Instituto FMA



















Gracias Madre Chiara por este mensaje tan mornesino y tan vivaz…
Nos llegó la ola mariana 🌊 para quedar bien «empapadas» en el amor a María….
Quede tranquila: también nosotras queremos amar a la Virgen 😂😘
Grazie Madre con la richiesta di un grande abbraccio di MARIA per Lei e la Sua bella missione tra noi.
Mary is my mother too.
Thanks a million for being a daughter of Mary help of Christian. I want to love Mary…SHE is My Beloved Mother..I want to give her my heart ❤️❤️❤️❤️❤️