Beirut (Libano). Del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025, el Papa León XIV realizó su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano, un viaje que fue un signo de fraternidad y paz, un llamado a la unidad entre las Iglesias y una presencia de esperanza entre la gente. En la tarde del 30 de noviembre, aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Beirut. El 1 y 2 de diciembre, varias Hijas de María Auxiliadora (FMA) de la Inspectoría Jesús Adolescente (MOR), con colaboradores, colaboradoras y jóvenes, pudieron participar en algunos momentos de esta visita histórica.
El Abrazo Paternal a la Iglesia en Harissa
En la mañana del 1 de diciembre en Harissa, en el Santuario de Nuestra Señora del Líbano —el más importante de los santuarios marianos de Oriente Medio, construido en 1904 en el 50 aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por el Papa Pío IX—, el Papa León se reunió con Cardenales, Patriarcas, Obispos, sacerdotes, diáconos, y una vasta representación de consagrados y consagradas, entre las cuales estaban las FMA del Líbano, junto a las colaboradoras laicas. Entre ellas, también estuvo presente la Madre General Emérita del Instituto FMA, Sor Yvonne Reungoat.
El evento fue unánimemente percibido como un fuerte signo de la presencia paternal del Santo Padre y de su sentido interés por Líbano y por todo Oriente Medio, como un gesto de cercanía y solidaridad en un momento difícil. Las FMA vivieron el encuentro con una emoción tangible. La atmósfera, cargada de fe y esperanza, logró trascender la grave crisis económica y política que aflige al país.
Después de escuchar algunos testimonios, el Papa León XIV, en su intervención, puso el acento en la necesidad imperiosa de paz, unidad y perseverancia en la fe, y expresó aprecio por la comunión en la caridad que se ha construido:
“De estas raíces, fuertes y profundas como las de los cedros, el amor crece y, con la ayuda de Dios, cobran vida obras concretas y duraderas de solidaridad”.
Siguiendo un programa denso que incluyó encuentros ecuménicos y la visita a la tumba de San Charbel Makhlouf, la cita en Harissa tuvo una fuerte connotación mariana y espiritual, en la que el Papa reconoció el Santuario como un “signo de unidad para todo el Pueblo libanés”:
“Es en el estar con María junto a la Cruz de Jesús donde nuestra oración, puente invisible que une los corazones, nos da la fuerza para seguir esperando y trabajando, incluso cuando alrededor truena el ruido de las armas y las mismas exigencias de la vida cotidiana se convierten en un desafío”.
El Papa León también habló de la responsabilidad hacia los jóvenes:
“Solo así se puede volver a esperar en el mañana, incluso en la dureza de un presente difícil de afrontar. (…) Es importante favorecer la presencia de los jóvenes, también en las estructuras eclesiales, apreciando su aporte de novedad y dándoles espacio. Y es necesario, aun entre los escombros de un mundo que tiene sus dolorosos fracasos, ofrecerles perspectivas concretas y viables de renacimiento y de crecimiento para el futuro».
Retomando el testimonio de Sor Dima, que ante el estallido de la violencia, eligió mantener abierta la escuela, “haciéndola un lugar de acogida para los refugiados y un polo educativo de extraordinaria eficacia”, animó además a todos los presentes “a continuar en esta loable obra, acudiendo sobre todo a quien está en necesidad y no tiene medios, a quien se encuentra en situaciones extremas, con elecciones inspiradas en la caridad más generosa, para que a la formación de la mente se una siempre la educación del corazón”. (texto completo)
Las FMA y sus colaboradoras laicas dejaron el Santuario con el corazón lleno de esperanza y la fuerza renovada de continuar su misión, sostenidas por la cercanía del Sucesor de Pedro.
El Encuentro con los Jóvenes en Bkerké
En la tarde del 1 de diciembre, cerca de 15.000 jóvenes, procedentes no solo del Líbano, sino también de Siria e Irak, se congregaron en la Explanada frente al Patriarcado de Antioquía de los Maronitas en Bkerké para encontrarse con el Papa León. El evento se transformó en un icono de esperanza para toda la región. Entre la multitud exultante estaban presentes las FMA de la Comunidad de Hadath Baalbek, con un grupo de jóvenes.
El momento inicial incluyó símbolos, gestos, coreografías y conmovedores testimonios, entre ellos los de jóvenes que se dedicaron al servicio después de la explosión del puerto de Beirut (4 de agosto de 2020), contando cómo, entre los escombros, eran «simplemente seres humanos que ayudaban a otros seres humanos», superando toda barrera. Los cantos y las oraciones resonaron en la colina, transformando la Sede Patriarcal en un santuario de alegría y determinación.
Comenzando con un saludo de paz — Assalamu lakum! (la paz sea con vosotros)—, el Papa León XIV respondió a las inquietudes de los jóvenes que se sienten herederos de un mundo desgarrado con un mensaje centrado en la esperanza como don y en el servicio desinteresado como vía de salida de la crisis. Algunos puntos de su discurso:
Esperanza y Tiempo: «¡Vosotros tenéis esperanza! ¡Y vosotros tenéis el tiempo! Tenéis más tiempo para soñar, organizar y hacer el bien. ¡Vosotros sois el presente y en vuestras manos ya se está construyendo el futuro! ¡Y tenéis el entusiasmo para cambiar el curso de la historia! La verdadera resistencia al mal no es el mal, sino el amor, capaz de curar las propias heridas, mientras se curan las de los demás».
Compromiso por el Bien Común: “Vuestra patria, Líbano, florecerá bella y vigorosa como el cedro, símbolo de la unidad y de la fecundidad del pueblo. Sabéis bien que la fuerza del cedro está en las raíces, que normalmente tienen las mismas dimensiones que las ramas. (…) Bebed de las buenas raíces del compromiso de quien sirve a la sociedad y no ‘se sirve de ella’ para sus propios intereses. Con un generoso compromiso por la justicia, proyectad juntos un futuro de paz y desarrollo. ¡Sed la linfa de esperanza que el País espera!”.
Cristo, el Punto Firme: «Me habéis preguntado dónde encontrar el punto firme para perseverar en el compromiso por la paz. Queridísimos, este punto firme no puede ser una idea, un contrato o un principio moral. ¡El verdadero principio de vida nueva es la esperanza que viene de lo alto: es Cristo!».
La Fuerza del Amor: “¿Qué es lo que más que cualquier cosa expresa la presencia de Dios en el mundo? ¡El amor, la caridad! La caridad habla un lenguaje universal, porque habla a cada corazón humano. (…) El verdadero renovamiento, que un corazón joven desea, comienza con los gestos cotidianos: de la acogida del vecino y del lejano, de la mano tendida al amigo y al refugiado, del difícil pero debido perdón del enemigo”.
El encuentro concluyó con el encomendar a los jóvenes a la protección de María, Nuestra Señora del Líbano:
“Muchos jóvenes llevan el Rosario siempre consigo en el bolsillo, en la muñeca o al cuello. ¡Qué hermoso es mirar a Jesús con los ojos del corazón de María! También desde aquí, donde estamos en este momento, ¡qué dulce es levantar la mirada a Nuestra Señora del Líbano, con esperanza y confianza!”. (texto completo)
La Santa Misa en Beirut Waterfront
En el último día de su visita, antes de la solemne Celebración Eucarística, el Papa León se detuvo en oración silenciosa frente al monumento de la trágica explosión que mató a más de 240 personas. Antes de dejar el altar, realizó un gesto de gran humanidad: se encontró con los supervivientes y los familiares de las víctimas, saludándolos personalmente y ofreciendo consuelo y oración. La emoción era palpable, especialmente en el grupo de las FMA, que vieron al Santo Padre abrazar con ternura a la maestra de su Escuela de Kartaba, destrozada por el dolor de haber perdido en aquella tragedia a su hijo, a su único hermano y al hijo de su cuñado. Este gesto evidenció la misión fundamental del Papa: llevar la consolación de Cristo justo donde el dolor es más fuerte.
Un Signo del Cielo
Mientras los numerosísimos peregrinos se congregaban en la explanada del Beirut Waterfront, un arcoíris cruzó el cielo, posicionándose simbólicamente como puente de paz. Durante toda la celebración, las altas nubes crearon una singular protección natural, actuando como un «paraguas» providencial contra el sol. Este signo de ternura divina se disolvió tan pronto como el Pontífice impartió la bendición final, dejando resplandecer el sol sobre una multitud renovada en la fe.
Entre los miles de personas, las FMA participaron con sus alumnos de secundaria y un significativo grupo de jóvenes provenientes de Siria.
En la homilía, pronunciada frente al mar, el Papa relanzó su llamado conclusivo. Invitó a los libaneses a no resignarse al desencanto, sino a encontrar “pequeñas luces resplandecientes en el corazón de la noche, sea para abrirnos a la gratitud como para estimularnos al compromiso común a favor de esta tierra”.
El Papa exhortó a la nación a levantarse, recordando que Líbano está llamado a ser no solo una nación, sino un “mensaje”:
«Cada uno debe hacer su parte y todos debemos unir los esfuerzos para que esta tierra pueda volver a su esplendor. Y tenemos una sola manera de hacerlo: desarmemos nuestros corazones, derribemos las corazas de nuestros cierres étnicos y políticos, abramos nuestras confesiones religiosas al encuentro recíproco, despertemos en nuestro interior el sueño de un Líbano unido, donde triunfen la paz y la justicia, donde todos puedan reconocerse hermanos y hermanas y donde, finalmente, pueda realizarse lo que nos describe el profeta Isaías: «El lobo habitará con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito, el becerro y el leoncillo pacerán juntos» (Is 11,6).
Este es el sueño que os ha sido encomendado, es lo que el Dios de la paz pone en vuestras manos. ¡Líbano, levántate! ¡Sé casa de justicia y de fraternidad! ¡Sé profecía de paz para todo el Levante!»
Al término de la Misa, antes de partir para Roma, el Santo Padre dirigió un último llamado, concluyendo su visita:
«En estos días, con mi primer Viaje Apostólico, realizado durante el Año Jubilar, he deseado hacerme peregrino de esperanza en Oriente Medio, implorando a Dios el don de la paz para esta amada tierra, marcada por inestabilidad, guerras y dolor. Queridos cristianos del Levante, cuando los resultados de vuestros esfuerzos de paz tardan en llegar, ¡os invito a levantar la mirada al Señor que viene! Mirémosle con esperanza y valentía, invitando a todos a caminar por la vía de la convivencia, de la fraternidad y de la paz. ¡Sed constructores de paz, anunciadores de paz, testigos de paz!
El Oriente Medio necesita actitudes nuevas, para rechazar la lógica de la venganza y de la violencia, para superar las divisiones políticas, sociales y religiosas, para abrir capítulos nuevos bajo el signo de la reconciliación y de la paz. El camino de la hostilidad recíproca y de la destrucción en el horror de la guerra ha sido recorrido por demasiado tiempo, con los deplorables resultados que están a la vista de todos. Es necesario cambiar de camino, es necesario educar el corazón a la paze”. (Texto completo)


















