Assisi (Italia). El 19 de noviembre de 2025, la 81ª Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) – celebrada en Asís, en la Domus Pacis de Santa María de los Ángeles, del 17 al 20 de noviembre de 2025, bajo la guía del Cardenal Presidente Matteo Zuppi – aprobó la Nota Pastoral “Educar para una paz desarmada y desarmante”, publicada posteriormente el 5 de diciembre.
Los Obispos italianos acogieron la invitación del Papa León, quien, en la audiencia concedida a los Obispos de la CEI el 17 de junio, había animado a cada comunidad a convertirse en “una ‘casa de la paz’, donde se aprende a desactivar la hostilidad a través del diálogo, donde se practica la justicia y se custodia el perdón”.
El texto se articula en tres partes, útiles para la catequesis y la profundización, según el método del “ver-juzgar-actuar”. En la primera parte se propone un análisis de la situación mundial, europea e italiana que, aunque no exhaustiva, delinea las problemáticas más relevantes. En la segunda se añade una reflexión a la luz de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio. En la tercera parte se indican los senderos de la educación de las conciencias, que permiten afrontar los temas de la guerra, el desarme, el testimonio cristiano en un mundo cada vez más conflictivo, y la democracia como garantía de paz.
En la Presentación del Documento, el Cardenal Matteo Zuppi ofrece una clave de lectura con ideas concretas para que las comunidades se conviertan en “casas de paz”:
El presente documento, “Educar para una paz desarmada y desarmante”, invita a redescubrir la centralidad de Cristo “nuestra paz” en todo anuncio y compromiso para promover la reconciliación y la concordia, y se enmarca en la Doctrina Social de la Iglesia, con un análisis atento de la situación actual marcada por numerosos conflictos; por la “inútil matanza” de personas, en su mayoría civiles y niños; por una mentalidad que persigue la estrategia de la disuasión armamentística, que puede cambiar la economía y la cultura de nuestros Países; por una violencia difusa que corre el riesgo de convertirse en una cultura que fascina sobre todo a los más jóvenes. Por ello, es necesario un renovado anuncio de paz, al que la presente Nota puede ofrecer una contribución. (…)
A nuestras comunidades se les da un instrumento para leer la realidad contemporánea (primera parte de la Nota); luego se dirige la invitación a beber de la Palabra de Dios y del Magisterio una visión de reconciliación, de paz, de convivencia entre los pueblos, continuamente amenazada por el pecado en sus formas también “estructuradas” de injusticias y guerras. Estar en la escuela de la paz significa ponerse en la escuela de la Palabra de salvación y de la Doctrina Social de la Iglesia; esta última, en particular desde Benedicto XV hasta León XIV, ha sido un punto de referencia para todos los pueblos en la solución de conflictos y en el replanteamiento de los caminos de paz a recorrer.
De esta riqueza de contenidos, que desarman los corazones y transforman los instrumentos de destrucción en medios de desarrollo, nace un compromiso que los cristianos comparten con todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
En la Nota hay una constante referencia a los “artesanos y arquitectos de la paz”, que en cada época han sido el ejemplo más verdadero de que «la paz no es una utopía espiritual: es un camino humilde, hecho de gestos cotidianos, que entrelaza paciencia y coraje, escucha y acción». Las comunidades cristianas están siempre llamadas a recurrir a su testimonio para encontrar ejemplos y palabras eficaces también en nuestro tiempo.
Hoy se abren muchos ámbitos y horizontes en los que convertirse en “casas de paz”: la oración, ante todo, que implora constantemente este don de Dios y anima la esperanza; la familia y la escuela, lugares donde se comienza a aprender la no violencia; la sociedad civil y la política, llamadas a tener una visión que asegure desarrollo y solidaridad, que son “los nombres nuevos” de la paz; a conjurar la estrategia de la carrera armamentista y a no proliferar las armas nucleares. Son grandes temas sobre los que es necesario volver para formar las conciencias de las comunidades, que deben ser iluminadas por un ideal de paz.
Que nos sostenga, en este camino, San Francisco de Asís, cuya lección de vida, después de ocho siglos, no pierde actualidad. Como escribe su primer hagiógrafo, él, «en cada uno de sus sermones, antes de comunicar la palabra de Dios al pueblo reunido, deseaba la paz diciendo: “¡El Señor os dé la paz!”. Esta paz él anunciaba siempre sinceramente a hombres y mujeres, a todos cuantos encontraba o venían a él. De esta manera muchos que odiaban juntos la paz y su propia salvación, con la ayuda del Señor abrazaban la paz con todo el corazón, convirtiéndose ellos mismos en hijos de esta paz y deseosos de la salvación eterna».


















