Roma (Italia). La Cuaresma no es sólo un “tiempo”, constituido por cuarenta días que anteceden a las celebraciones pascuales, sino un itinerario para todos los cristianos, con una meta y con indicaciones para llegar a Jerusalén con Jesús y “dejar  ya de ser como antes”. El Papa Francisco, en el Mensaje para la Cuaresma 2021, en el tema «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad propone un camino concreto, basado en la influencia de las virtudes teologales en las condiciones de conversión del cristiano.

La FE, llama a acoger la Verdad y a transformarnos en testimonios, ante Dios y ante los hermanos y las hermanas. Acoger la Verdad, que es Cristo mismo, significa permitir a Dios que more en nosotros, haciéndole espacio por medio del ayuno: “Ayunar significa liberar nuestra existencia de cuanto la hace desordenada, y también de la saturación de informaciones – verdaderas o falsas – y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero “lleno de gracia y de verdad(Jn 1,14)”.

Una de las imágenes más utilizadas para representar la Cuaresma es el desierto, donde falta el agua y se deja sentir la sed. La ESPERANZA es el “agua viva” que permite continuar el camino. Hablar de esperanza no es fácil “en el actual contexto de preocupación en que vivimos”, en el que la palabra esperanza puede resonar como una provocación; sin embargo el reclamo a la imagen de la Samaritana (Jn 4, 10) recuerda que hay una “agua viva” que quita la sed más que el agua material. Una esperanza que se hace tangible en la “paciencia de Dios, que continúa  cuidándose de su Creación” y en su perdón, recibido mediante el Sacramento, que nos lleva a que nosotros, a nuestra vez, lo ofrezcamos mediante palabras y gestos de fraternidad.

El Santo Padre invita, de manera particular durante la Cuaresma, a la amabilidad, a tener una mayor atención, a “decir palabras de aliento, que confortan, que dan fuerza, que consuelan, que estimulan, en lugar de palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian” (FT 223).

La esperanza no es acto voluntario, sino un don, que viene como inspiración del encuentro con “el Padre de la ternura”, en el recogimiento y en la plegaria silenciosa e “ilumina desafíos y opciones de nuestra misión”.

Sin la caridad, la fe sería sólo relación íntima con Dios y la esperanza un anhelo de futuro solitario. La más alta expresión de la fe y de la esperanza es la CARIDAD, vivida siguiendo los pasos de Cristo, en la atención y en la compasión hacia todos, “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que genera el vínculo del compartir y de la comunión”.

El Papa Francisco hace aún más explícita la exigencia de la caridad en esta Cuaresma todavía duramente marcada por la pandemia: “Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidarse de quien se encuentra en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia Covid-19”. En el Ángelus del 14 de febrero de 2021, ahora a las puertas de la Cuaresma, añadió: “Será un tiempo favorable para dar un sentido de fe y de esperanza a la crisis que estamos viviendo”.

La invitación a difundir esperanza es también la expresada por la Madre General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, sor Yvonne Reungoat, y de las hermanas del Consejo, que en la Circular n° 1005 auguran un buen camino de Cuaresma:

 “Sea para todos un camino cuaresmal activo, acompañado por el Señor Jesús, que continúa dando la vida por las FMA y por el mundo. María Auxiliadora nos sostenga en el compromiso de difundir la esperanza, particularmente entre los/las jóvenes y las personas que el Señor pone en el camino”.

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