Roma (Italia). El 13 de febrero de 2026 se difundió el Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma, que comenzará el 18 de marzo, Miércoles de Ceniza.
“Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión” es el tema de este primer Mensaje del Papa León, quien describe la Cuaresma como “el tiempo en que la Iglesia, con solicitud materna, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recupere el impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y las distracciones de cada día”. Y como un camino de conversión que comienza cuando “nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu”.
El itinerario cuaresmal se convierte entonces en “una ocasión propicia para prestar oído a la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él la vía que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”.
Para acompañar en este itinerario, el Santo Padre llama la atención sobre tres movimientos inherentes a la acogida de la Palabra de Dios:
Escuchar, para dar espacio a la Palabra. La disponibilidad para la escucha, dice el Papa, “es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro”. El primero en ponerse a la escucha para entrar en relación con el hombre fue Dios, que escuchó el clamor del oprimido y, revelándose a Moisés en la zarza ardiente, lo involucró en su diseño de salvación. La escucha es, por tanto, un rasgo distintivo de Dios que, a través de la liturgia, educa a una escucha más verdadera de la realidad, a escuchar como Él, a reconocer el clamor de la humanidad oprimida.
Ayunar, como práctica concreta que dispone a acoger la Palabra. El ejercicio del ayuno tiene que ver —concreta y metafóricamente— con el “hambre”, con la necesidad de dar sustento al cuerpo, de satisfacer el apetito: “Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los ‘apetitos’,p ara mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”.
Además del aspecto terrenal, citando a San Agustín, el Papa León extiende el horizonte a la tensión entre el tiempo presente y el cumplimiento futuro. En esta perspectiva, el ayuno “nos permite no solo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de tal modo que se dirija a Dios y se oriente a actuar en el bien”. Para que no se quede en una mera práctica ascética, que corre el riesgo de enorgullecer el corazón, el ayuno requiere fe y humildad, debe nutrirse de la Palabra de Dios para radicarse en la comunión con el Señor. Un estilo de vida más sobrio es el signo visible de este compromiso interior “de sustraernos, con el apoyo de la gracia, al pecado y al mal”.
En esta línea, la propuesta del Papa es muy concreta: según una expresión a la que ya nos tiene acostumbrados, invita a desarmar el lenguaje, —renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, al hablar mal de quien está ausente y no puede defenderse, a las calumnias— y, para compensar, a aprender a medir las palabras y a cultivar la gentileza: “en familia, entre los amigos, en los lugares de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación, en las comunidades cristianas. Entonces, tantas palabras de odio dejarán paso a palabras de esperanza y de paz”.
Juntos es el adverbio con el que especifica la dimensión comunitaria de las dos acciones anteriores —la escucha de la Palabra y la práctica del ayuno—, una dimensión imprescindible ya evidenciada en las Escrituras, donde es el pueblo el que se reúne, escucha y practica junto el ayuno para renovar la alianza con Dios.
“Del mismo modo, nuestras parroquias, las familias, los grupos eclesiales y las comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el cual la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de la vida común y el ayuno sostenga un arrepentimiento real”.
El Papa León concluye el Mensaje resumiendo estos conceptos en un verdadero programa, que se hace oración, para vivir bien la Cuaresma: Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.
El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral pone a disposición una infografía, en diversos idiomas, que sintetiza el Mensaje.


















