Tipperary (Irlanda). El 14 de diciembre de 2024, en el Centro de Conferencias de Tipperary el Grupo Cosmológico de las Hijas de María Auxiliadora de la  Inspectoría Nuestra Señora Reina de Irlanda (IRL) – que tiene como objetivo sensibilizar sobre la realidad de la «casa común» – organizó una Conferencia en preparación a la Navidad para las FMA y los colaboradores de la Inspectoría.

El ponente, el Padre Diarmuid O’Murchu, Misionero del Sagrado Corazón de Jesús (MSC), profundizó el tema de la Encarnación desde la perspectiva del «ungido»:

«Jesús ungido por el Espíritu, el que da impulso a todo lo creado, ‘ex-profundis’, alimentando la matriz relacional en la que florece toda la vida». (T&T Clarke, Cristología espiritual, 2021)

«El Espíritu de Dios, que actúa plenamente desde los albores de la creación, es el mismo Espíritu es  el centro que anima, crea y comparte la vida a través en toda la creación. La Encarnación equivale a convertirse en un cuerpo, convertirse en una persona, y Jesús es el hacerse  cuerpo de nuestro ‘Dios con nosotros’. Jesús es entendido como afirmación, confirmación y celebración de todo lo que hemos logrado como seres humanos», dijo el padre Diarmuid.

A continuación, citó la Laudato si’ del Papa Francisco, subrayando la importancia de la profunda conexión entre la especie humana y toda la naturaleza: «Cuando hablamos de ‘medio ambiente’ nos referimos también a una relación particular: la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide considerar la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestras vidas. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos compenetrados con ella» (LS 139).

Los/as participantes fueron invitados a dedicar tiempo a la obra del Espíritu en el cosmos evolutivo, entendiendo este profundo viaje evolutivo como la obra de Dios a lo largo de los siglos. Al celebrar este tiempo de encarnación con motivo de la Navidad, se les animó a reflexionar sobre esta cita de Sallie McFague, una teóloga cristiana estadounidense:

Así, el modo en que el cristianismo entra en contacto con los procesos físicos y biológicos más elementales es a través de una interpretación radical e inclusiva de su doctrina de la Encarnación, ya no sólo sencillamente en un ser humano, Jesús de Nazaret, sino en el mundo como cuerpo de Dios. Dios está siempre encarnado, siempre vinculado al mundo como su amor, tan cerca de él como nosotros lo estamos de nuestro cuerpo, y se preocupa ante todo de que el cuerpo, el mundo de Dios, florezca» (Sallie McFague, 2013, p. 173).

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