Roma (Italia). El 25 de agosto de 2023 se celebra el nacimiento al cielo de la Beata Suor Maria Troncatti (16 de febrero de 1883 – 25 de agosto de 1969), Hija de María Auxiliadora misionera en Ecuador, cuya dedicación a la obra de reconciliación entre Shuar y los colonos culminó con la ofrenda de vida por esta causa.

En marzo de 1922 la Casa Madre de Niza estaba en ebullición con motivo de las celebraciones del 50° aniversario de la fundación del Instituto FMA. Se celebraron largas reuniones del Consejo General para planificar las celebraciones y definir nuevos destinos y fundaciones.

Sor María Troncatti era miembro de esa comunidad y cuidaba de las hermanas y jóvenes con su sabiduría de experta enfermera de la Cruz Roja, veterana de la Primera Guerra Mundial de 1915-1918. En la enfermería de niñas, la joven Marina Luzzi agonizaba de doble neumonía. Había pedido insistentemente que la llevaran a las monjas para morir en la casa de la Virgen, bajo su manto. Sor María velaba por ella día y noche y cuando se dio cuenta de que estaba en sus últimos momentos, le encomendó su sueño misionero de llevar a María Auxiliadora: “ir entre los leprosos”. La joven, al expirar, le profetizó que no iría entre los leprosos sino en Ecuador. Tres días después de la muerte de Marina, Madre Caterina Daghero, al encontrarse con ella, le informó que su destino estaba entre las personas y jóvenes que vivían en la selva amazónica ecuatoriana.

Sor María partió a la misión el 9 de noviembre de 1922, a la edad de 39 años, y de allí partió hacia el cielo el 25 de agosto de 1969. La profecía de su destino la fortaleció en entregarse sin cálculo, más allá de cualquier evaluación humana, segura de que Dios lo quiso allí, en esa tierra habitada por dos ‘etnias adversas’: los colonos blancos y los indígenas Shuar. Diferentes culturas, divergencias, contrastes, abusos, encuentros, promociones, colaboraciones ocuparon su corazón de madre: amaba a todos sin distinción y trataba por todos los medios de unirlos.

En sus 47 años de vida misionera fue enfermera, catequista, evangelizadora. No tenía nada ante sí más que Jesús Crucificado y la sed de “darle almas”. Mientras curaba las heridas de los cuerpos torturados de los shuar, que se mataban unos a otros en nombre de la ley del bosque, la venganza, intentaba por todos los medios hablar de perdón, de reconciliación, de Evangelio. Cuando los colonos dominaron a los nativos, ella también se convirtió en una firme defensora de sus derechos y de su progreso social.

Mientras tanto, cuidando de unos y de otros, les ayudaba a hacer serios exámenes de conciencia para una vida más cristiana y más fraterna. Incluso cuando conversaba y aconsejaba a las mujeres colonas, siempre procuraba sembrar entre ellas palabras de justicia, hermandad e igualdad. Sabía que las mujeres pueden educar a las generaciones más jóvenes a una convivencia más respetuosa y de estima entre las diferentes culturas.

Además, dispuso que los jóvenes Shuar y las niñas “blancas” convivieran en escuelas e internados. También en sus clínicas y en su hospital ‘Pío XII’ no había tratamientos separados, como en otros lugares, sino que todos estaban en igualdad de condiciones, para recibir tratamiento para su “madrecita”, como la llamaban.

En la selva, Sor María aprendió a tejer para hacer ropa para los necesitados pero también a tejer humanidad entre sus hijos tan amados y diferentes. Hacia finales de la década de 1960, las tensiones entre los dos grupos étnicos aumentaron por la tierra y se reavivó el clima de hostilidad. El 4 de julio de 1969 unos colonos prendieron fuego a la misión salesiana porque los consideraban los ‘protectores’ y promotores de la dignidad de los shuar .

Sor María sufrió mucho por este acontecimiento, que temía que fuera el comienzo de una terrible catástrofe. Decidió ofrecerse a Dios como víctima de la reconciliación entre los dos pueblos que tanto amaba. No encontró otro camino que la fuerza del amor y la entrega. Con la fuerza de la persuasión y la bondad logró frenar las incipientes venganzas y ser escuchada como mensajera de paz y perdón: un verdadero milagro con aroma evangélico.

Más de un mes después, cuando partía hacia un retiro espiritual en Quito el 25 de agosto, el día del accidente aéreo, la hermana María compartió con las hermanas su convicción de que la paz y la tranquilidad pronto regresarían. De hecho, tras su muerte, tanto los pobladores como los Shuar sintieron aún con más fuerza la presencia de su madrecita que los había educado para el perdón y retomaron la convivencia con nuevas fuerzas. El arco iris que permaneció en el cielo hasta el momento de su entierro fue la señal de que se había restablecido la paz entre el cielo y la tierra, entre hermano y hermano.

4 COMENTARIOS

  1. Qué bonito conocer la vida de Sor Maria Troncati, especialmente porqué evangelizó a mis hermanos de Ecuador. Sor María Troncati, ruegue al Señor por las jóvenes que se educan actualmente en los Colegios Salesianos de Ecuador y del Mundo.

  2. Una buena fiesta queridas hermanas… María Troncatti interceda ante Dios por la misión de nuestro querido Instituto.
    Sor Brohana

  3. E’ sempre bello rileggere il Vangelo alle luce della vita Santi così come la vita dei Santi è Teologia vissuta e Vangelo vivente. La figura di sr. Troncatti appare in tutta evidenza come una vita di FMA pienamente realizzata nella donazione totale di se sino all’eroismo divenuto per lei ormai regola di vita. La FMA è donna di Dio e, per questo, è donna a cui tutti possono chiedere e dalla quale tutti possono attingere affetto, comprensione, donazione. Leggendo la vita di sr. Troncatti ritornano in mente le parole di S. Paolo: “pur essendo libero da tutti, mi sono fatto servo di tutti per guadagnarne il maggior numero […] Mi sono fatto debole per i deboli, per guadagnare i deboli; mi sono fatto tutto per tutti, per salvare a ogni costo qualcuno. Ma tutto io faccio per il Vangelo, per diventarne partecipe anch’io.” Anche la nostra vita diventi, come quella di questa Beata, ponte di riconciliazione e di fraternità

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