Roma (Italia). Del 24 al 27 de julio de 2025, treinta Hijas de María Auxiliadora de diferentes partes de Italia y del mundo se reunieron en la Casa Generalicia de Roma con la Madre Chiara Cazzuola para «vivir un tiempo de compartir, de oración y de confrontación con la Palabra de Dios y con el Carisma, para mantener viva la pasión por Dios y por la misión hoy, como Peregrinas de esperanza en el recuerdo del 50.º aniversario de la Profesión religiosa». El relato de las hermanas:
Llegamos de muchas naciones de Europa, Asia, África y América y nos encontramos en Roma, en la primera tarde del 24 de julio, por una invitación inesperada y muy grata de la Madre Chiara Cazzuola, para celebrar con ella el 50º de profesión religiosa y el Jubileo de la esperanza: un grupo de 30 peregrinas que ya en buena parte se conocían por haber vivido juntas el año de juniorado y el mes de preparación a los votos perpetuos en 1981, otra querida conmemoración de la historia de nuestro Instituto.
En la Casa Generalicia fuimos acogidas con tanto calor y fraternidad por la Comunidad y por las Madres presentes. Las jornadas se desarrollaron según un programa variado e intenso con el objetivo de Celebrar el don de un amor sorprendente y fiel. El primer día, la contribución ofrecida por sor Piera Cavaglià a la reflexión del grupo se centró en el tema del primado de Dios y de la misión a partir de las Constituciones, don precioso para el camino de santidad de cada FMA. En la premisa se subrayó: el 50º de profesión debe celebrarse con gratitud, porque nos ayuda a volver a la fuente, a hacer memoria de un don del Señor, a vivir el presente con más confianza y a mirar al futuro con esperanza, porque estamos rodeadas por bendiciones.
Sor Piera precisó que el corazón de nuestras Constituciones es la Alianza con Dios que se expresa en el dinamismo de su don de amor y de nuestra respuesta: «Hubo en nuestra vida un momento en que nos sentimos llamadas, amadas con afecto de predilección, convocadas y enviadas». Nuestra respuesta, luego, se concreta en lo cotidiano, en comunidad, con los jóvenes, en el territorio y en el contexto social en que vivimos. Es la experiencia viva de esta Alianza la que garantiza la fecundidad del Instituto y da consistencia a nuestra vida que adquiere así un horizonte amplio y universal.
Conmovedores fueron los testimonios de algunas hermanas que han vivido su vocación con alegría y amor y que, al final de la jornada, se preguntaban: «¿Has dado todo? ¿Has amado lo suficiente?». ¡Vidas fecundas de la misma fecundidad de Dios! Porque ser «signo y expresión» del amor de Dios es el secreto de toda fecundidad apostólica. La Alianza de amor unifica y armoniza la vida, la preserva de la fragmentación, alimenta la pasión por Dios, ayuda a entender mejor y a responder de modo eficaz a las necesidades del prójimo, como si fueran las propias. El ejemplo de Don Bosco y de Madre Mazzarello lo confirman.
Recorriendo las experiencias personales más significativas, cada una fue invitada a escribir y a compartir su propio Magnificat, canto de gratitud por la ternura con la que el Señor nos ha llamado a sí, pro-vocadas a ir a los hermanos, custodiadas. Y, como quiere la tradición salesiana, después de la cena una alegre recreación con juego de premios en el que se ganaba y se podía ‘robar’ a la hermana el botín recién ganado, gracias a reglas muy cambiantes, dictadas solamente por las ganas de divertirse.
El 26 de julio vivimos la jornada jubilar. Recorriendo “Via della Conciliazione”, detrás de la Cruz, en camino hacia la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, el paso estaba marcado por la oración del salmo 122: «Qué alegría cuando me dijeron: Iremos a la casa del Señor», a la que seguían las palabras del Salmo 83: «Dichoso el que habita tu casa: sin fin canta tus alabanzas…». Atravesando la Puerta, las manos acariciaron el relieve con el Cristo crucificado: nuestra esperanza está toda en su perdón y en su paz. Y en María, nuestro auxilio, Madre de la esperanza.
Luego el grupo se dirigió a Casa Madre Ersilia Canta, donde la acogida de la Comunidad, compuesta por hermanas provenientes de los cinco continentes, fue joven y gozosa. Festivos fueron el saludo, las flores dispuestas con elegancia típicamente oriental, el almuerzo variado y colorido, los dones ofrecidos. Sor Eliane Petri explicó el origen de la Comunidad, nacida del sueño de Madre Ersilia: tener una casa que acogiera un laboratorio de espiritualidad. Así comenzó el curso de espiritualidad, que en octubre de 2026 cumplirá 50 años, instituido por la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación «Auxilium». Sor Eliane presentó con imágenes y explicaciones algunas actividades de este curso: la peregrinación a Annecy, en recuerdo de San Francisco de Sales, y la pasantía formativa Tras las huellas de los Fundadores, en los lugares de Don Bosco y Madre Mazzarello.
El encuentro se concluyó con las notas del canto Contigo caminaré, para reafirmar nuestra voluntad de ir por las calles del mundo siempre en compañía del Señor, para reconocerlo presente en cada rostro, en cada llanto y ser signos de su amor.
Por la tarde reanudamos nuestra peregrinación hacia la Basílica de Santa María la Mayor. El esplendor de los mosaicos nos abrazó y la tumba discretamente iluminada del Papa Francisco fue un llamado de eternidad. A la protección de María encomendamos la Iglesia, invocamos la paz para el mundo y confiamos el Jubileo de los Jóvenes.
El 27 de julio, el grupo se dirigió hacia Castel Gandolfo, en visita al Borgo Laudato si’, nacido de la voluntad del Papa Francisco de demostrar cómo son realizables concretamente los principios expuestos en su encíclica: educación a la ecología integral y a la fraternidad, economía circular y generativa, sostenibilidad ambiental. El proyecto del Borgo Laudato si’ está confiado al Centro de Alta Formación Laudato si’, «un organismo científico, educativo y de actividad social, que opera para la formación integral». Para su realización, el Papa Francisco quiso poner a disposición la residencia papal de Castel Gandolfo, sus 55 hectáreas destinadas a espléndidos jardines y a terrenos agrícolas con granja didáctica.
Una galería verde de encinas nos introdujo en el mundo encantado de los jardines que contienen vestigios de la antigua villa del emperador Domiciano: columnas, bóvedas y estatuas. El único símbolo religioso es una Virgen enmarcada por dos columnas coronadas por un tímpano triangular, colocada poco después de espejos de agua cambiantes en los que nadan pececillos rojos y flotan nenúfares. En este lugar de pura belleza, donde se detuvieron a rezar los Papas recomendando a la Madre de Dios sus viajes apostólicos y las necesidades de la Iglesia, rezamos los Laudes.
Al final de nuestra visita al Borgo Laudato si’, nos saludó Matusalén, una encina de 400 años: el tronco herido, la imponente copa, las ramas poderosas y retorcidas nos hablaron de una sabiduría antigua hecha de acogida, de historia vivida, de fuerza y resiliencia. En el Noviciado de Castel Gandolfo, donde nos esperaba la Comunidad, disfrutamos de un almuerzo verdaderamente jubilar, preparado con cuidado y afecto.
Las horas corrían deprisa: una mirada al futuro. ¿Qué certeza he renovado en estos días de encuentro? ¿Qué sueño me acompañará de ahora en adelante? ¿Qué mensaje podría dejar a una joven FMA? Estas fueron las preguntas a las que cada una respondió y compartió en la asamblea de la tarde.
«Quisiera hacer de cada momento un tiempo de gracia y transmitir a los jóvenes las maravillas que Dios ha realizado en mi vida. Quisiera ayudarlos a centrarse en lo esencial… Sueño con vivir con el Señor y aceptar todo lo que vendrá de sus manos. Con María…».
Concluyó estas jornadas intensas, ricas en fraternidad, la celebración eucarística presidida por don Luis Roson, SDB, con la renovación de los votos y la entrega de una lámpara por parte de la Madre Chiara:
«Que tu lámpara arda siempre, de la tarde a la mañana, ante el Señor, en perenne acción de gracias».
Y así sea. ¡Al menos por otros 50 años!
Foto: Flickr FMA



















Cara Madre Chiara
May your lamp always burn, from evening to morning before the Lord, in perpetual thanksgiving.
Auguri di Buona Festa e celebrazioni di 50 Anni di Fedelta del Signore.