Roma (Italia). La Madre General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Yvonne Reungoat, en la Circular nº 1010 comparte, en continuidad con el camino emprendido, algunas reflexiones sobre la fraternidad, en respuesta a la llamada  del Papa Francisco  que, en la Encíclica “Fratelli tutti”. Sobre la fraternidad y la amistad social, invita a soñar “como una única humanidad, como viandantes hechos de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos acoge a todos nosotros, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con la propia voz, todos hermanos!” (FT 8). La realidad – dice la Madre –  se teje con un sueño, el de la unidad, y necesita tener el coraje de liberarlo. Éste es el tiempo favorable para realizarlo juntos.

La Carta Circular, para las comunidades es como “una luz, una orientación respetuosa y discreta para afrontar el presente con esperanza y elaborar proyectos de futuro en fidelidad al carisma”, a las peticiones de la Iglesia y de la sociedad.

La Madre se detiene, en particular, en la figura del buen Samaritano, presentada en el 2º capítulo de la Encíclica. La actualidad y la grandeza del buen Samaritano, que se para a prestar ayuda al hermano herido, dejando aparte sus proyectos e intereses para hacerse cercano, reside en el amor misericordioso del Padre, que “sabe de compasión y de dignidad” y enseña a no dar la espalda al dolor.

“En nuestras opciones cotidianas, en las pequeñas o grandes situaciones que tejen nuestros días, no queremos ser personas que miran a otra parte y aceleran el paso sin pararse, sino mujeres habitadas por el Evangelio, conscientes de que nadie debe permanecer en los “márgenes de la vida”, porque todos somos hermanos y hermanas”.

La Madre invita a abrirnos a una dimensión universal del amor, dejándose tocar por el dolor del otro, abriéndose a todos sin prejuicios, con la disponibilidad a “arrodillarse” para curar las heridas ajenas, cargándose sobre los hombros a quien sufre. Es éste el desafío que llama a un real cambio de mentalidad y a vivir la radicalidad de los valores del Evangelio.

“Cómo hacerse hermanas y hermanos al servicio de la fraternidad en un mundo herido” es la reflexión hecha, a la luz de la Encíclica Fratelli tutti, en la primera Asamblea conjunta de la Unión Internacional de las Superioras Generales – UISG y de la Unión de los Superiores Generales – USG, tenida del 26 al 28 de mayo de 2021, que desafía la vida consagrada femenina y masculina sobre cómo “continuar promoviendo juntos la fraternidad y la amistad social en las diversas realidades a nivel mundial”.

El tema de la fraternidad universal – observa la Madre – está en línea con los principios del carisma salesiano y requiere entrar con valentía e ingenio apostólico en la prospectiva de “construir comunidades atentas a cuidarse de quien está “en el suelo”, herido y necesitado de com-pasión”. El término fraternidad puede ser traducido por espíritu de familia, valor esencial en el carisma salesiano y en las Constituciones, el Proyecto de vida de las FMA, y es significativo confrontarlo con algunos aspectos de la Encíclica que “en plena sintonía, ayudan a ser hermanos y hermanas en la contemporaneidad con todos sus retos y esperanzas”.

La Madre anima a “hacer resplandecer la solidaridad en la misión educativa”, uniéndose en sinergia a cuantos se preocupan por el bien de los niños, jóvenes y familias, probados por la pandemia, para calmar, entre las muchas heridas, “la herida de la pobreza educativa”. “Es en esta realidad que debemos afrontar la educación. Sentirnos samaritanos teniendo en el corazón el fuego del da mihi animas, prontos a ser cocreadores de un futuro nuevo”.

Partiendo del Pacto Global por la Educación anunciado por el Papa Francisco en el Mensaje del 12 de septiembre de 2019, pide algunos pasos importantes,  “pilares” de la educación necesarios para construir la aldea de la educación hoy: Partir de la persona, como respuesta al cambio antropológico actual; Invertir las mejores energías con creatividad, responsabilidad y gozo, siendo el Instituto FMA educativo; Formar personas disponibles a ponerse al servicio de la comunidad con competencia y dedicación, para que cada joven desarrolle el máximo de sus potencialidades y las exprese en la libertad y responsabilidad.

“Son reflexiones dictadas por un corazón que ama, que ama la misión, que desea sólo la salvación de las jóvenes y de los jóvenes, que ve en ellos el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad – expresa Madre Yvonne Reungoat. “El Instituto tiene confianza en todas vosotras y en cada una en particular (…) para dar fecundidad y visibilidad nueva al carisma, don en la Iglesia, a las jóvenes y a los jóvenes del mundo entero”.

Circular n°1010

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