Roma (Italia). El 31 de enero de 2026, en su dies natalis, toda la Familia Salesiana celebra la Solemnidad de San Juan Bosco (1815 – 1888), Fundador de los Salesianos de Don Bosco y del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, su fe es fuente de la caridad pastoral sin fronteras que ha dado origen a una gran Familia extendida por todo el mundo.

En el Aguinaldo 2026 es presentado así por el Rector Mayor, Don Fabio Attard: “Don Bosco vivía en Turín, pero su corazón y su mente habitaban el mundo entero. La suya era una esperanza fundada en la certeza de que –una vez descubierto el proyecto de Dios– no hay otra vía sino seguir su voluntad hasta el final. Contemplando la virtud teologal de la esperanza que animaba su vida, nosotros podemos vislumbrar lo que ya sus primeros discípulos sentían y más tarde comentaron: Don Bosco hombre de fe, Don Bosco creyente, ‘Don Bosco con Dios’”.

El Rector Mayor, invitando a toda la Familia Salesiana a “una peregrinación en la fe”, cita la Encíclica Lumen fidei para recordar que “La fe nace en el encuentro con el Dios vivo” y subraya: “La fe no es un producto. Nace no tanto ‘del encuentro con Dios’, sino ‘en el encuentro con Dios’. Por eso es necesario colocar el tema de la fe dentro de una dinámica relacional. Una dinámica que es típica de nuestro carisma salesiano. La vivencia de la fe en el encuentro con Jesús, Hijo de Dios, emerge como la columna vertebral de nuestras acciones por la fuerza de su Espíritu. A través de esta energía trinitaria nosotros somos los primeros beneficiarios de ese don que da forma y significado a todo lo que somos, y en consecuencia a todo lo que hacemos y proponemos para la salvación de los jóvenes”.

En el famoso texto “Don Bosco con Dios”, Don Eugenio Ceria —autor de nueve de los 19 volúmenes de las Memorias Biográficas de Don Juan Bosco— escribe: “Las deposiciones nos dicen que «la vida de Don Bosco pareció siempre una unión constante con Dios… la caridad hacia Dios resplandecía en su unión con Él»; que «vivía siempre en la presencia de Dios» y «sus pensamientos estaban siempre dirigidos al Señor»”.

El Cardenal Cagliero atestigua: “El amor divino… le traslucía del rostro, de toda su persona y de todas las palabras, que [le] brotaban del corazón cuando hablaba de Dios en el púlpito, en el confesonario, en las conferencias públicas y privadas y en los mismos coloquios familiares. Este amor fue el único anhelo, el único suspiro, el más ardiente deseo de toda su vida. Lo oí repetir miles y miles de veces: ‘¡Todo para el Señor y para su gloria!’… En cualquier momento que nos acercáramos a él, nos acogía siempre con exquisita caridad y con tanta serena amabilidad, como si justo en ese momento se levantara de la más encendida oración o de la más divina presencia… Repito lo que me dijo el cardenal Alimonda: que Don Bosco estaba siempre en íntima unión con Dios”.

Era esta la fuente de la desbordante y creativa caridad pastoral de Don Bosco y también la finalidad de toda su misión. Escribe de nuevo el Rector Mayor: “La audacia de la fe es una confirmación de que queremos tomar en serio la llamada a ser cooperadores en el proyecto de Dios para los jóvenes. Esta llamada Don Bosco la vivió con una extraordinaria conciencia y la hizo sistema, proyecto, experiencia de familia. La suya era una audacia que le hizo decir (y vivir): ‘En las cosas que resultan en ventaja de la juventud en peligro o sirven para ganar almas para Dios, yo corro adelante hasta la temeridad’”.

Santa María Troncatti (1883 – 1969), FMA recientemente canonizada, al igual que el Fundador, extrae su fuerza de la fe que, junto con la unión con Dios, la distinguen desde que era novicia.

Sor Imelda Girotto relata: “Eran de hecho muchas las que apreciaban en sor María Troncatti ese estar constantemente en oración, tanto que sor Minchiante solía decir: ‘Si queremos arrancar gracias al Corazón de Jesús recurramos a la oración de esta novicia’”. (Positio super virtutibus, Informatio, 37)

En 1919 Sor María llegó a Niza Monferrato como enfermera, cocinera, encargada del comedor, entre las jóvenes y las postulantes; siempre disponible, sacrificada, “aparecía siempre unida al Señor en una actitud de paz y de confianza” (Informatio, 56).

Sor María Figazzolo, siendo aún novicia, no tiene muchas ocasiones para tratar directamente con Sor María, pero observándola, “percibe su ser en continua unión con Dios”. Así motiva su impresión: “Notaba en ella un comportamiento de singular gravedad y compostura, que se acompañaba de una cordial alegría salesiana. No se la veía nunca ansiosa o ajetreada, y sin embargo siempre laboriosa, con una actitud de paz que revelaba un interior auténtico recogimiento, de persona sumergida en Dios. Recuerdo que una vez oí decir a sor Rota, ropera bastante anciana y no fácil a las hipérboles, que sor Troncatti era ‘la hermana más piadosa, fervorosa, pronta al sacrificio que hubiera en la comunidad’. Era una confidencia. Pero yo misma pude tener confirmación de ello por la observación directa”. (Informatio, 57).

En la vida misionera, “Sor María Troncatti cada mañana de 4 a 5 se ponía en adoración ante el sagrario. Así abría la jornada; luego, los sábados, participaba en el ‘rosario de la aurora’ con los fieles piadosos para encontrarse a la hora establecida en la iglesia junto con la comunidad para la meditación y la santa misa. Durante todo el día, además de hacer del trabajo una oración incesante, oraba continuamente: de ello dan fe muchísimos testimonios de personas de diversas categorías, que veían en su actitud la transparencia de una fe laboriosa”.

El Señor Marco Beltrame, Salesiano Coadjutor, testimonia: “Aprovechaba cada momento libre para correr a la iglesia. Cuando yo tenía un problema o una necesidad personal me decía: ‘No te preocupes. Hablaré con Jesús y Le presentaré tus necesidades… ten por seguro que Él te ayudará’” (Informatio, 283).

Confirma la Señora Zoila F. Calle Palacios: “Verla nos llenaba de alegría y devoción, verla siempre en conversación con Jesús y María. Y nosotros, en cualquier problema que tuviéramos, recurríamos siempre a ella para que nos obtuviera gracias de Jesús. Era nuestra médica en las cuestiones materiales y espirituales” (Informatio, 283).

La intrépida y activísima “artesana de paz y reconciliación” extraía, por tanto, su fuerza de la oración, de la fe. Como sucedió con Don Bosco y con todos los Santos, solo una grande e inquebrantable fe puede sostener una gran transformación de la vida y de la historia.

4 COMENTARIOS

  1. Don Bosco io l’ho conosciuto per caso (sarebbe più giusto dire «mi si è fatto conoscere» e non per caso) quando avevo 15 anni: fino ad allora non ne avevo sentito mai parlare; potrei dire tante cose su di lui, ma dico solo questo: con quello che ci ha dato, ha salvato la vita terrena e spirituale di milioni di giovani, probabilmente anche la mia. Ti voglio bene, mio amico e guida.

  2. Mi ha colpito la figura di sr Maria che non conoscevo….esempio bellissimo di fede e di vita offerta x gli altri.Vorrei conoscerla meglio e spero di poterlo fare.

  3. Bellissime testimonianze di fede autentica…Don Bosco un gigante della fede..Suor Maria Troncatti una suora vicino sempre a Gesù Sacramentato.. Esempi luminosi di fede autentica al servizio degli ultimi,dei ragazzi,della società

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