Nápoles (Italia). Ante la amenaza del coronavirus, que ha comportado la anulación de muchos eventos, las Hijas de María Auxiliadora de la Inspectoría Meridional Señora del Buen Consejo (IMR) y los Salesianos de Don Bosco del sur de Italia y de Albania, han decidido no cancelar la tradicional experiencia de los ejercicios espirituales de los  jóvenes, sino proponerla para los días del 3 al 5 de abril de 2020, a través de los medios de comunicación, en la inédita forma online.

La propuesta, hecha a los jóvenes italianos de 18 a los 30 años y, para Albania y el Kosovo, abierta también a los adolescentes, ha recibido la adhesión de cerca de 150 jóvenes. La temática que ha unificado a todos ha sido “la curación hecha por Jesús”, tan apropiada para este tiempo de “enfermedad”.

La experiencia la cuentan directamente los jóvenes que han participado en ella:

 “En una situación “normal” no hubiera existido una “Cuaresma Viva online” y hace además un mes que el mundo no vive una situación “normal”, pero es de la “extraordinariedad” de los eventos de donde menudo surgen las experiencias más bellas y significativas. Y la versión de Cuaresma Viva de este año no lo desmiente, antes al contrario.

Sinceramente la idea de poder vivir unos ejercicios espirituales ante la pantalla de una computadora, en principio, parece un poco extraña a todos, sobre todo a quien se encarase por primera vez a una experiencia de este tipo.

En realidad, ya después del primer contacto, todo pareció “normal” y pronto hemos comprendido la seriedad y la profundidad de aquella extraña experiencia que habíamos decidido vivir juntos incluso estando cada uno en la propia estancia. Estábamos lejos con el cuerpo, pero vecinos con el alma.

Ciertamente, estábamos acostumbrados a encontrarnos, a abrazarnos, a sonreírnos y a rezar todos juntos a lo vivo, pero esta vez, aunque alguno de nosotros estuviese en la propia casa a cientos de quilómetros  uno de otro, estas acciones no faltaban, sino que, al contrario, quizá este año podíamos apreciarlas más desde la lejanía.

Qué ha significado para nosotros jóvenes Cuaresma Viva, es difícil de explicarlo a quien no lo ha vivido en primera persona: nos encontramos cuatro veces al día ante una pantalla para no faltar a aquellos eventos que Alguien había fijado con cada uno de nosotros desde no se sabe cuánto tiempo.

El momento del compartir fue seguramente el más particular de todos: nos encontrábamos para afrontar temas importantes y fuertes al mismo tiempo, estábamos llamados a poner orden en nuestro desorden interior y compartir con los otros nuestros problemas, nuestros pensamientos, nuestros miedos y esto no siempre es fácil, sobre todo si, en la otra parte de la pantalla, sabes que hay perfectos desconocidos que no han tenido nunca la suerte de mirar a los ojos, y en aquellas tardes era así natural abrir el propio corazón al otro que estaba dispuesto sencillamente a escuchar.

En el capítulo 6 de Mateo, Jesús dice: “Cuando reces, entra en tu habitación y, cerrada la puerta, dirige la plegaria a tu Padre que está en el secreto; y tu Padre, que ve en el secreto, te recompensará”. Ningún otro pasaje del Evangelio expresa mejor lo que ha sucedido en Cuaresma Viva: Jesús ha pasado entre nosotros, ha entrado en nuestras casas, ha llamado a la puerta de nuestra estancia, se ha sentado junto a nosotros y ha estado con nosotros todo el tiempo. Ha sido ésta nuestra recompensa más grande: saber y sentir que en los momentos difíciles, allí donde estemos, Él está siempre con nosotros sosteniéndonos y animándonos. 

Algunas de las más bellas experiencias de Cuaresma Viva, probablemente, nos la han dado Don Gianpaolo y Sor Giuliana que, junto a los otros sacerdotes y a las FMA, nos han demostrado cómo se puede hacer una cosa cuando hay la voluntad de hacerla aunque haya mil impedimentos. Ya lo habían organizado todo hace meses, pero se han puesto en juego y, en poco tiempo, han tenido que reinventarlo todo: nuevos argumentos, nuevas meditaciones que debían reflejar la realidad que estamos viviendo y sobre todo un modo totalmente nuevo de entrar en nuestras casas. Al fin nos sentimos de verdad mimados por su atención, disponibilidad y organización impecable.

¡Darse cuenta de que ser salesianos es de verdad una suerte! Ha sido muy hermoso respirar la amabilidad y la profunda espiritualidad con que Don Bosco y Madre Mazzarello, en el curso de su vida, tuvieron que combatir contra la enfermedad tanto de enfermos como de enfermeros. Saber que, también ellos, pasaron momentos difíciles como el que estamos viviendo nosotros a causa del Coronavirus, los ha avecinado así tanto a nuestra realidad y nos ha dado un dinamismo que nos hace sentir menos solos. La verdad es que estos dos grandes santos se revelan actuales siempre, en el tiempo y en la eternidad, y esto no dejará nunca de sorprendernos y emocionarnos.

La experiencia que acaba de concluir ha sido una verdadera y propia experiencia de compartir, de relación  y de conocimiento Vivo, aunque haya sido a distancia; nos ha ayudado a crecer y a enriquecernos interiormente, ha sido capaz de encendernos un fuego interior y de hacer ver, al final del túnel de estos días, una luz cegadora y siempre presente que es la de la fe.

Probablemente no todos de golpe habrán sentido todas estas sensaciones positivas, pero, aunque una experiencia no te deje en seguida la correspondiente señal, no significa que haya sido inútil, quizá ha tocado la profundidad del corazón y tiene sólo necesidad de un poco de tiempo  para hacerse notar. En la práctica es como si la Cuaresma Viva  hubiese plantado una semilla en cada uno de nosotros que, antes o después, traerá sus frutos más bellos.

Ahora nuestra tarea es enseñar a quien es nuestro vecino que, en este difícil período, además de sonreír con los ojos, hace falta aprender a mirar con el corazón porque podemos ser vecinos y a la vez lejanos”. Desiré Schiavone – Fragagnano (TA)

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” Una experiencia del todo inédita es la que ha implicado a los jóvenes del Sur de Italia y 10 miembros del equipo de SDB y FMA, unidos por la voluntad de confrontarse entre ellos y con la palabra de Dios.

Una “Cuaresma viva” que en el particular contexto histórico que estamos atravesando y en la imposibilidad de llevarla a cabo como siempre en Grumento, aprovechó la oportunidad de poner en acción lo del tema de la propuesta pastoral salesiana del año: “Puedes ser santo allí donde estés”. Cerca de un centenar de jóvenes de los oratorios de la Inspectoría Meridional se han encontrado completamente inmersos, cada uno en su propia habitación, “allí donde estaba”, en una experiencia que ha enriquecido los conocimientos y que ha permitido a cada uno abrir no sólo los ojos sino también el corazón a la profundidad del mensaje que la Palabra ha dejado.

Los jóvenes, acompañados de los Salesianos y de las Hijas de María Auxiliadora, en un estilo del todo nuevo, en plataforma online, distantes pero unidos con corazón y plegaria, han tenido la oportunidad de “quitarse la espina ” de la cotidianidad incluso estando en la propia casa, para dejarse guiar en el camino cuaresmal y prepararse a la Pascua, a la resurrección de Jesús que ha tomado para sí nuestras fragilidades, sanado las heridas, como sólo un buen médico sabe hacer.

Jornadas intensas las vividas del 3 al 5 de abril, gracias a momentos de escucha, de reflexión personal y compartir. Un camino pensado a partir de la experiencia que cada uno está viviendo, en el contexto particular histórico de la pandemia, en que nos estamos dando cuenta de que “no son los sanos los que necesitan del médico, sino los enfermos” Así entre los varios momentos, ha sido posible encontrar al Señor y reconocerlo como el que puede sanar las heridas y salvar la vida.

Para comprender los desórdenes, las fragilidades que cada uno vive en el día a día, se ha presentado la figura de Mateo, en el momento de la llamada. Un cobrador de impuestos, ligado a las propias ideas, al propio desorden, al que no quería renunciar. Pero en seguida después de la llamada, alza la mirada, se siente conmovido, renace, reencuentra el orden inicial.

Después se ha presentado la figura de la Samaritana. También ella, recluida dentro de sus propios muros, vive un desorden relacional. El Señor rompe las barreras, habla con la mujer, le pide de beber, tiene “sed” de relacionarse con ella. Quiere sanarla, quiere poner orden en aquel desorden interior. Y gracias al encuentro con este hombre, la Samaritana reencuentra el equilibrio y se dispone a ir al encuentro de los otros, a darse. Un Dios que entra en relación con la humanidad, un Dios que nos escoge como sus interlocutores para sanar nuestro desorden interior, nuestro apego a las cosas y a las ideas.

De gran importancia ha sido seguramente la confrontación con la experiencia salesiana. Se tomaron en consideración los dos pilares de esta gran familia, las “estrellas en el corazón de la noche”: Maìn (Maria Domenica Mazzarello) y Don Bosco. Ambos hicieron experiencia de la enfermedad, de la fragilidad, del límite. Pero del sufrimiento acogido, renacieron. Vivieron su enfermedad con serenidad, fiándose de un amigo especial, de un padre, del Señor que tenía nuevos proyectos para ellos. Una amistad verdadera, que los ayudó a concretar los pasos para su propia vida, a definir el camino justo que Alguien había reservado para ellos.

Así, en el silencio de nuestra habitación, hemos dedicado tiempo a la reflexión: “Entra en tu habitación y, cerrada la puerta, ruega a tu Padre en el secreto” (Mt 6,6). Habíamos probado sentirnos un poco enfermos, necesitados de ayuda, para hacer experiencia de la dulzura de un médico que sana la herida, que pone orden en nuestros desórdenes, que en los momentos que pueden trazar un límite, indica el camino que desde siempre ha reservado a cada uno.

Cuando tenemos miedo, nos hacemos vulnerables. En esta fragilidad es difícil fiarnos de nosotros mismos. A menudo alzamos voluntariamente un muro, son recluimos en nuestro desorden del corazón. Es un reto demasiado grande el de levantar la mirada y observar en los ojos nuestras fragilidades, la parte más profunda, aquella de la que nos avergonzamos, la que nos da miedo.

Pero la fortuna es que hay aquel amigo que tiene “sed” de relacionarse con nosotros, aquel médico “que no cura a los sanos, sino a los enfermos”. Él está pronto a tendernos la mano, a acogernos, a amarnos por los que somos. Ante tantas certezas que se desmoronan, el sentido de abandono que oprime el corazón, hay una voz que dice: “Ánimo, ábreme tu corazón”. Es la voz de un Padre, que pone orden en nuestro desorden, que da vida a nuestra vida.

Esta “Cuaresma viva” ha dejado seguramente una señal, sea por la modalidad del todo innovadora, sea por la profundidad del mensaje sembrado en el corazón de cada uno”.  Lorenza Di Bitonto – Ruvo di Puglia (BA)

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