Roma (Italia). El 2 y 3 de septiembre de 2018 se ha desarrollado la II Asamblea de la Visitaduría, en la sede de la Facultad Auxilium. La Visitaduría “María Madre de la Iglesia” (RMC) comprende: 179 FMA, 4 continentes, 45 naciones, 47 inspectorías, 33 lenguas, 6 comunidades, una realidad joven que, en el umbral del primer año de vida, se ha reunido para reflexionar y programar en unión el nuevo año académico-pastoral.

El hilo conductor de las dos jornadas de reflexión e intercambio ha sido el eslogan Vino nuevo para odres nuevos: así lo uno y lo otro se conservan. Han estado presentes cerca de 170 hermanas procedentes de las comunidades ““Madre Angela Vespa”, “Madre Mazzarello”, “Eusebia Palomino”, “Teresa Valsé”, “Madre Ersilia Canta” y “Paolo VI” de Concesio (BS). Una asamblea viva que, como ha dicho la Superiora de la Visitaduría, Sor María del Carmen Canales, en el saludo inicial, es un espacio “para continuar conociéndose, crecer en el sentido de pertenencia” y que pide a cada una la disponibilidad a “verter el vino bueno que posee de manera que los odres se mantengan activos y vivos.”

Ha habido apertura y escucha, diálogo y compartir, búsqueda y atención para programar el nuevo año en torno a la específica misión de la Visitaduría que – única en su género – se centra en la animación y la participación en la misión educativa, formativa y cultural de la Facultad Auxilium.

En base a los resultados de los trabajos de la Verífica Trienal, vivida del 27 al 30 de junio pasado, con las hermanas de la Casa Generalicia, los trabajos han estado valorados mediante tres verbos que el Instrumento de Trabajo del próximo Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes presenta: RECONOCER lo vivido, INTERPRETAR nuestra experiencia y ESCOGER caminos para el futuro.

Los dos procesos prioritarios, en esa ocasión escogidos, de asumir y sostener la misión cultural de la Facultad “Auxilium” que la Iglesia entrega al Instituto, y de estar juntos, con los jóvenes, han orientado la reflexión en el aula y en los grupos, se han concretado en cuatro soportes que plásticamente han hecho captar la calidad de la propuesta para evangelizar la cultura y, a través de la cultura, la amplitud de la “tercera misión” de la Facultad, que se irradia en el territorio y en los ambientes educativos a los que llega (parroquias, catequesis, diócesis, entes); y captar la belleza y la riqueza de comunidades que viven y escogen vivir la profecía de la Intercultura.

Muchas son las integraciones, las solicitudes que emergen en la asamblea conclusiva, que ha confiado al Consejo de la Visitaduría identificar líneas de acción para las orientaciones escogidas para los próximos años: crear experiencias de discernimiento a la escucha de la realidad y a la luz de la Palabra a varios niveles como estrategia para asumir y sostener la misión cultural de la Facultad, asumir efectivamente la interculturalidad como aspecto que califique la dimensión comunitaria y la misión educativa y cultural; promover caminos personales y comunitarios que favorezcan la integración de las experiencias y de los saberes a través de la síntesis vital entre estudio y vida; ponerse a la escucha de los jóvenes (laicos y religiosos) y hacerlos protagonistas activos junto a nosotros y no sólo destinatarios de nuestra misión educativa.

Las comunidades que componen la Visitaduría están llamadas a ser laboratorios en los cuales se comience cada día a vivir y a testimoniar un servicio de calidad a los jóvenes, a hacer efectiva la santidad de “la puerta de al lado”, descubriendo a cada persona como signo de la presencia de Dios.

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