Roma (Italia). La Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, en la elección del título de la Circular n° 1054, se inspira en el llamado dirigido a los jóvenes por Juan Pablo II: «¡No tengáis miedo de ser santos!», en el que «reafirmaba la exigencia de ser santos, pero, sobre todo, de no tener miedo de serlo».

A poco más de un mes de la canonización de Santa María Troncatti, la Madre evoca la gracia de este «acontecimiento único y excepcional» y el bien que ha traído a nivel personal y comunitario, recibido de las resonancias de varias partes del mundo.

Consciente de la intensidad del momento, subraya la necesidad de «volver, con el corazón, con la mente y en la oración» a lo que esta canonización deja a cada una como Hija de María Auxiliadora: «¿Cómo incide este evento en nuestra vida? ¿Qué nos pide cambiar? ¿Por qué no podemos seguir adelante como si nada hubiera pasado?».

En el mes de noviembre, «iluminado por la celebración de la solemnidad de Todos los Santos», profundiza así en la dimensión de la santidad, pensando en cómo «debe estar presente en nuestra vida y en la espiritualidad salesiana».

La gracia de la canonización

«¿Por qué la Iglesia canoniza a los santos?». Con esta pregunta, la Madre nos guía a comprender las motivaciones de un acto realizado por la Iglesia no tanto para exaltar la vida de algunas personas, sino como una llamada a la conversión, a la autenticidad de vida, a mirar al Cielo:

«La santidad es una llamada al Cielo, es una realidad que pertenece a Dios, que nos habla de Él, del milagro de su acción salvadora y transformadora. Miremos este evento, para que nuestro corazón esté abierto y nuestros ojos se iluminen para leer lo cotidiano, para comprender lo que nos importa y que consideramos importante para nosotras».

La vida de Santa María Troncatti, como las de Don Bosco y Madre Mazzarello, enseña que «los santos no son personas fuera de lo común y nos recuerda que todas estamos llamadas a la santidad», aunque a menudo nos comportamos como si la santidad fuera una meta inalcanzable y, por lo tanto, tendemos a «bajar el nivel de nuestra fe, de nuestro amor, en lugar de perseguir algo grande y hermoso que nos hace felices en el tiempo y en la eternidad».

Mientras que «La vida de los santos nos enseña que es posible vivir fuertemente arraigados en el hoy con su complejidad, teniendo presente la invitación a resplandecer como astros en el mundo» (cf. Fil 2,15).

La Madre recuerda el Art. 5 de las Constituciones del Instituto para subrayar que, como Hijas de María Auxiliadora, estamos llamadas a involucrar a las jóvenes y los jóvenes en este camino «caminando con ellos en la vía de la santidad», además de orientarlos a vivir el encuentro transformador con Jesucristo, indicando las columnas del edificio educativo salesiano: la Eucaristía, la Reconciliación y la apertura a la presencia de María, Maestra y Guía (cf. art. 71).

Si la tentación de los jóvenes puede ser caer en la desconfianza en sí mismos, en la resignación, en la tristeza, la misión de las FMA es precisamente «ayudar a las jóvenes y a los jóvenes a convertirse en mujeres y hombres de pie, nunca doblegados sobre sí mismos, como era la mujer encorvada del Evangelio que Jesús sana, devolviéndole la capacidad de ver ‘el más allá’, de ‘mirar hacia arriba'».

Santos con corazón misionero

El secreto de la fecundidad apostólica de misioneras y misioneros – observa la Madre – no debe buscarse tanto en sus habilidades y en las empresas realizadas, cuanto en su santidad, en ser «hombres y mujeres de fe, de esperanza, de gran amor, de una fuerte vida interior, pertenecientes totalmente a Dios y apasionados por la evangelización», en esta «dimensión profunda de la vida, que atestigua la plena docilidad a la voluntad de Dios y su generosidad sin límites. Son misioneros, porque antes que nada son discípulos«.

Y, como destaca la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la misionariedad distingue a todo cristiano «en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre discípulos-misioneros» (EG 120).

Es una convicción – y una alegría – que ha acompañado las recientes celebraciones del 150° aniversario de la primera partida misionera de los Salesianos de Don Bosco, el 8 y 9 de noviembre de 2025 en Turín Valdocco, con las dos jornadas organizadas por la Animación Misionera Italiana (BeAMission) y el 11 de noviembre, en la Basílica de María Auxiliadora, con la entrega del «crucifijo misionero” a 7 Hijas de María Auxiliadora de la 148ª expedición misionera FMA, 15 Salesianos de Don Bosco de la 156ª expedición misionera SDB y 9 de expediciones anteriores, en la Celebración Eucarística presidida por el Rector Mayor, Don Fabio Attard, con la presencia de Madre Chiara Cazzuola.

La celebración del 150° continuó luego en Génova, con una peregrinación al Puerto Antiguo, en recuerdo de los primeros diez misioneros salesianos que partieron de ese lugar el 11 de noviembre de 1875, y con la inauguración del Museo de las Expediciones Misioneras, en el Instituto Salesiano de Génova Sampierdarena.

Un camino misionero compartido

Siguiendo esta línea, Madre Chiara promueve la participación – como Comunidades Educativas – en una importante iniciativa en preparación para el 150° aniversario de la Primera Expedición Misionera de las FMA, que será en 2027, propuesta por el Ámbito para las Misiones en colaboración con el equipo del PEM (Proyecto de Espiritualidad Misionera): una Peregrinación en línea a los lugares de América del Sur, donde las primeras misioneras llegaron en 1877.

Concluyendo la Circular, la Madre invita de nuevo «a rezar intensamente por la paz, sobre todo en la novena en preparación para la solemnidad de María Santísima Inmaculada», que este año «sacará ideas de la biografía de Santa María Troncatti, donde emerge la presencia y la protección especial de María».

Finalmente, junto con las hermanas del Consejo general, desea «a todas vosotras, a vuestras familias, a las comunidades educativas, a las jóvenes y a los jóvenes, a los/las adolescentes y niños/as que os son confiados una santa Navidad de paz y de esperanza«.

Y dirige «un pensamiento especial de augurio y de oración al Rector Mayor, Don Fabio Attard, a los hermanos Salesianos y a toda la Familia Salesiana».

Oremos, sobre todo, por las comunidades educativas que viven en situaciones de guerra, violencia, persecución, injusticia. Tenemos la certeza de que la Auxiliadora vela por cada una de ellas y todo lo que están sufriendo es precioso al corazón de Dios”.

Circular n° 1054

2 COMENTARIOS

  1. Gentilissa Madre Chiara,
    grazie a Lei e a tutti quello che fa per la nostra famiglia Salesiana.
    Infiniti auguri di buon lavoro.

    Rolando Panfili
    Gioia dei Marsi (AQ)

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