Roma (Italia). El domingo 23 de noviembre de 2025, Solemnidad de Cristo Rey del Universo, se celebra la XL Jornada Mundial de la Juventud en las Diócesis. El 22 de noviembre de 2020, el Papa Francisco había trasladado la celebración diocesana de la JMJ del Domingo de Ramos a la Solemnidad de Cristo Rey: “Queridos jóvenes, ¡griten con su vida que Cristo vive, que Cristo reina, que Cristo es el Señor! Si ustedes callan, les aseguro que las piedras gritarán”.

Esta celebración local se distingue de la Jornada Mundial de la Juventud internacional, un evento de varios días que se celebra cada dos o tres años en una ciudad del mundo. La última JMJ internacional fue en 2023 en Lisboa, Portugal, con el Papa Francisco, mientras que en agosto de 2025 los jóvenes de todo el mundo vivieron su Jubileo en Roma con el Papa León XIV.

“También ustedes den testimonio, porque están conmigo” (Jn 15,27) es el tema del Mensaje para esta edición, con la cual el Papa León inicia un camino que llevará a la próxima JMJ que se celebrará en Seúl en 2027. El Santo Padre se detiene en dos aspectos del testimonio: “la amistad con Jesús, que acogemos de Dios como don; y el compromiso de cada uno en la sociedad, como constructores de paz”.

Invita a los jóvenes a profundizar en la amistad con Jesús que lleva a salir de sí mismos:

“Leyendo los Evangelios, se darán cuenta de que todos encontraron en la relación viva con Cristo el verdadero sentido de la vida. De hecho, nuestras preguntas más profundas no encuentran escucha ni respuesta en el scrolling infinito en el móvil, que captura la atención dejando la mente fatigada y el corazón vacío. No nos llevan lejos si las mantenemos cerradas en nosotros mismos o en círculos demasiado restringidos. La realización de nuestros deseos auténticos pasa siempre por el salir de nosotros mismos”.

A lo largo del Mensaje resuena el corazón de la Espiritualidad Juvenil Salesiana: la amistad con Jesús, que es el fundamento de la vida salesiana, una amistad que crece a través de la oración diaria, los sacramentos y el servicio alegre. De esta amistad brota naturalmente la misión: como Don Bosco y Madre Mazzarello, se es llamado a hacer de la propia vida un testimonio de amor, sobre todo entre los jóvenes y los pobres. Finalmente, viviendo con un espíritu de bondad, justicia y solidaridad, se contribuye a construir la paz, creando comunidades en las que cada uno se sienta acogido, valorado y amado. De este modo se vive el Evangelio con corazón salesiano: cercanos a Jesús, activos en el servicio y constructores de esperanza y de paz.

La voz de algunos jóvenes de diferentes realidades salesianas que han compartido sus reflexiones en respuesta a la invitación del Santo Padre para la JMJ de este año, un mensaje que resuena en su camino de “peregrinos de esperanza” y refuerza su compromiso en la construcción de un mundo de paz:

Peregrinos de esperanza

Aishwarya Augustina Toppo – India: Ser una peregrina de esperanza, para mí, significa caminar en la vida con fe y confianza, incluso cuando parece incierto. Es elegir ver la luz en las situaciones que parecen oscuras e inspirar a los demás a hacer lo mismo. Cada día busco vivir todo esto mostrando amabilidad, afrontando con paciencia las dificultades y creyendo que Dios tiene un designio para cada paso de mi camino. Como peregrina, quizás no tenga todas las respuestas, pero camino con esperanza, sabiendo que soy guiada por el amor de Dios.

Juani Salgueiro – Paraguay: Para mí, ser una peregrina de esperanza significa ser un testimonio viviente del amor de Dios, no a través de situaciones extraordinarias, sino en la cotidianidad de cada día. Hacer que mi relación con Él no sea solo íntima y personal, sino que se refleje en mis acciones, en mis relaciones y en mis pensamientos. ¿Cómo podría vivir afligida, guardando rencor o creyendo que la vida no tiene sentido, si conozco a un Dios misericordioso que me ama, me sostiene y busca guiarme hacia la verdadera felicidad? Ser una peregrina significa compartir con mis hermanos, con la gracia de vivir en comunidad este amor de Dios, que no implica la ausencia de dificultades, sino que es un camino en el que la fe nos sostiene en los momentos difíciles y la esperanza vence sobre la duda.

José Antônio Lemos Martins – Brasil: Para nosotros es seguir el Evangelio de Cristo. Pero ¿cómo poner esto en práctica en la rutina diaria? Es cada vez más necesario tener una mirada atenta hacia el hermano: llevar un mensaje de perdón y de amor puede marcar la diferencia, siguiendo así la invitación a anunciar el Evangelio y a dar esperanza. Cada nuevo día es una nueva oportunidad para hacer el bien y difundir la Palabra con las acciones, porque las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra.

Amigos de Jesús

Delia Rodriguez – Panamá: Puedo profundizar mi amistad con Jesús a través de la oración diaria, en el diálogo con Él como un amigo, confiándole cada día tanto mis sufrimientos como mis alegrías. Además, practicando la amabilidad, la paciencia y la escucha hacia el prójimo. De este modo, puedo ser una persona de luz y de esperanza en medio de aquellos que me necesitan.

Aishwarya Augustina Toppo – India: Para profundizar mi amistad con Jesús, busco dedicarle tiempo en la oración, en el silencio y en la reflexión. Le hablo como a un amigo íntimo, compartiendo mis preocupaciones, las alegrías y los sueños. La lectura de los Evangelios me ayuda a comprender Su corazón, mientras que los gestos de servicio me recuerdan reconocerlo en los demás. Cuanto más experimento Su presencia en la vida cotidiana, más consigo reflejar Su amor y Su esperanza hacia quienes me rodean, a través de la compasión, el perdón y los sencillos gestos de bondad.

Giuliane Restini Vecchi Marques – Brasil: Hay muchas maneras de hacerlo, pero he aprendido concretamente en los últimos años que no se puede amar verdaderamente lo que no se conoce. Por lo tanto, para mí, lo primero es conocer a Jesús. Y la mejor manera de hacerlo es conocer la Palabra, crear una rutina de estudio orante (y no simplemente técnico) sobre Él. A partir de ese momento, tus acciones serán una consecuencia lógica de lo que has aprendido, porque no se puede no enamorarse cuando se conoce a Jesús.

Constructores de Paz

Kamilla Hemkemaier Soares – Brasil: Creo que puedo contribuir a construir la paz y la unidad difundiendo amor y comprensión dondequiera que me encuentre. A veces no se necesitan grandes gestos, sino actitudes sencillas, como escuchar a alguien que está triste, evitar juicios y buscar siempre hacer el bien. Cuando elegimos actuar con el corazón y tratar a los demás con respeto, la paz comienza a crecer a nuestro alrededor. Quiero ser una persona que transmita ligereza, que una y no divida, y que marque la diferencia incluso en las pequeñas cosas.

Dannielys Hernández – Venezuela: Mi contribución como joven, que vive y respira el carisma salesiano, es ser un testigo viviente de esperanza para los demás. Todo lo que hago se centra en aplicar el Sistema Preventivo de Don Bosco en mi vida cotidiana, porque sé que es la forma más concreta de transformar mi comunidad. En este mundo a menudo cargado de negatividad, me comprometo a ser un ejemplo de alegría, perdón y servicio. Mi fe no está guardada en un rincón; se manifiesta cuando acojo a todos sin juzgar, reconociendo el valor de cada joven, adulto y niño. Ser un cristiano “de hechos”, es una de las bases para construir la unidad en una comunidad. Mi fe me da el sentido y la motivación para servir. Viviéndola con alegría, dialogando con razonabilidad y estando cerca de los demás con amabilidad, estoy sembrando el germen de la paz que Don Bosco nos enseñó. Ser testigo para los demás, para que este ejemplo pueda a su vez ayudar a alguien a serlo.

Aishwarya Augustina Toppo – India: Como joven, creo que la paz comienza por cómo nos tratamos unos a otros. Puedo contribuir a construir la paz en mi comunidad sirviendo de puente entre las personas, escuchando, comprendiendo las diferencias y oponiéndome a la negatividad o los chismes. Ya sea promoviendo la amabilidad en mi grupo, apoyando a quien lo necesita o difundiendo positividad en las redes sociales, cada pequeño gesto contribuye a crear un espíritu de unidad más grande. Cuando elijo la paz en mis palabras y en mis acciones, esta se multiplica lentamente en el mundo que me rodea.

Como animadores y acompañantes de los jóvenes, el tema de esta JMJ invita a cultivar una relación profunda y personal con Cristo, creciendo cada día como auténticos testigos de una fe viva. De esta manera, se puede ayudar a los jóvenes a profundizar la amistad con Jesús, a expresar la fe a través de gestos concretos de amor y servicio y a sostener con firmeza la verdad y la justicia en la construcción de una sociedad más pacífica.

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