Roma (Italia). El domingo 16 de noviembre de 2025 se celebra la IX Jornada Mundial de los Pobres, instituida por el Papa Francisco en 2017 al final del Jubileo de la Misericordia, «para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en un signo concreto de la caridad de Cristo por los últimos y los más necesitados», añadiendo a las Jornadas instituidas anteriormente «un elemento de complemento exquisitamente evangélico, es decir, la predilección de Jesús por los pobres».

«Tú eres, Señor mío, mi esperanza» (Sal 71,5) es el tema de la Jornada 2025, para recordar, con las palabras del salmista que brotan de un corazón oprimido por graves dificultades, que quien espera en el Señor no queda decepcionado: «No podemos olvidar que hemos sido salvados en esta esperanza, en la que necesitamos permanecer arraigados», dice el Papa León XIV en su Mensaje.

Es por esto que el pobre «puede convertirse en testigo de una esperanza fuerte y fiable, precisamente porque la profesa en una condición de vida precaria, hecha de privaciones, fragilidad y marginación. Él no cuenta con las seguridades del poder y del tener; al contrario, las padece y a menudo es víctima de ellas. Su esperanza solo puede descansar en otro lugar. Al reconocer que Dios es nuestra primera y única esperanza, también nosotros damos el paso entre las esperanzas efímeras y la esperanza duradera. Ante el deseo de tener a Dios como compañero de camino, las riquezas se redimensionan, porque se descubre el verdadero tesoro que realmente necesitamos«.

Frente al Bien más grande, que es el deseo de tener a Dios como compañero de camino, las riquezas se redimensionan y el Santo Padre observa que la mayoría de los pobres, de hecho, posee una «especial apertura a la fe» y que en realidad «la pobreza más grave es no conocer a Dios», como también recordaba el Papa Francisco al poner de relieve la falta de atención espiritual como una discriminación hacia los pobres.

La Jornada, subraya el Papa León, llega providencialmente ya al final del año jubilar:

«No es casualidad que la Jornada Mundial de los Pobres se celebre hacia el final de este año de gracia. Cuando la Puerta Santa esté cerrada, deberemos custodiar y transmitir los dones divinos que se han derramado en nuestras manos a lo largo de un año entero de oración, conversión y testimonio. Los pobres no son objetos de nuestra pastoral, sino sujetos creativos que nos impulsan a encontrar siempre nuevas formas de vivir el Evangelio hoy.

Ante la sucesión de nuevas y constantes oleadas de empobrecimiento, existe el riesgo de acostumbrarse y resignarse. Encontramos personas pobres o empobrecidas cada día y a veces puede suceder que seamos nosotros mismos quienes tengamos menos, quienes perdamos lo que antes nos parecía seguro: una vivienda, el alimento adecuado para el día, el acceso a la atención médica, un buen nivel de instrucción e información, la libertad religiosa y de expresión».

A partir de esta consideración, su concreto deseo: «Por tanto, auspicio que este Año Jubilar pueda incentivar el desarrollo de políticas de contraste a las antiguas y nuevas formas de pobreza, además de nuevas iniciativas de apoyo y ayuda a los más pobres entre los pobres. Trabajo, educación, casa, salud son las condiciones de una seguridad que nunca se afirmará con las armas. Me congratulo por las iniciativas ya existentes y por el compromiso que un gran número de hombres y mujeres de buena voluntad prodigan cada día a nivel internacional».

Para prepararse y vivir mejor esta Jornada, el Dicasterio para la Evangelización pone a disposición un Subsidio en varios idiomas. No hay que olvidar, además, que el 4 de octubre de 2025, en la fiesta de San Francisco de Asís, «el Poverello de Asís», el Papa León XIV ha publicado una Exhortación apostólica sobre el amor hacia los pobres, la Dilexi Te.

El domingo 16 – en el ámbito del Jubileo de los pobres, que se celebra en Roma del 14 al 16 de noviembre – el Papa León presidirá la Santa Misa en la Basílica de San Pedro a las 10:00 horas. En la Basílica estarán presentes excepcionalmente las reliquias de San Benito José Labre, llamado «el vagabundo de Dios», conservadas normalmente en la Iglesia de Santa Maria ai Monti. Labre es un santo que no tenía morada fija y que había elegido el Coliseo como casa.

A la Misa asistirán pobres y asociaciones comprometidas diariamente en el acompañamiento de los más necesitados, 1300 de los cuales serán huéspedes en el Aula Pablo VI para el almuerzo con el Papa, organizado por el Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Al final del almuerzo, cada uno recibirá como regalo una mochila con bienes de primera necesidad, gracias al apoyo de los Padres Vicentinos que, con ocasión del 400º aniversario de la fundación, han querido ofrecer un gesto concreto de cercanía.

Entre las iniciativas de solidaridad también se encuentran las promovidas, como cada año, por el Dicasterio para la Evangelización, que continuará apoyando a las familias menos pudientes a través, por ejemplo, del pago de sus facturas y vales para compras en los supermercados.

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