Roma (Italia). El 26 de abril de 2025 en Roma, en una Plaza de San Pedro abarrotada y conmovida, se celebró la Santa Misa de Exequias del Papa Francisco, que alcanzó el Cielo el 21 de abril de 2025.
Más de 250.000 fueron, según las estimaciones, los fieles de todo el mundo, que desde el amanecer comenzaron a llenar la plaza para dar el último adiós a su Pastor, en un ambiente de gran emoción y gratitud.
Numerosas Hijas de María Auxiliadora, entre ellas la Consejera General para la Comunicación, Sor Ausilia De Siena, y Sor Ana Rosa Sívori, prima del Papa Francisco, que vino desde Tailandia, donde ha sido misionera durante 60 años, para vivir este intenso último momento: «Mi emoción es grande, todavía no puedo creer… Queridísimo Jorge… Sigo llamándolo así, como solía dirigirme a él en las cartas que nos escribíamos. No le gustaban los títulos altisonantes, a los cardenales les decía «no se olviden de ser siervos». La celebración fue bien preparada y sincera, la gente rezó desde el corazón, incluso el rosario antes de la misa».
La celebración eucarística fue presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Giovanni Battista Re, y concelebrada por unos 5.000 sacerdotes, entre cardenales, patriarcas de las Iglesias orientales, obispos y sacerdotes. Jefes de Estado, Jefes de Gobierno y delegaciones oficiales de numerosos países estuvieron presentes en el atrio para expresar su afecto y estima por un extraordinario «Jefe de Estado» que supo encontrar el camino del diálogo y penetrar en el corazón de todos.
En el centro de la escena, colocada delante del altar – llevada a hombros por los sediarios, desde el altar de la Confesión hasta el atrio, a lo largo de la nave central de San Pedro – el ataúd de madera de nogal, muy sencillo, sobre el cual estaba colocado el Evangelio abierto.
En la homilia, interrumpida varias veces por los aplausos, el cardenal Re recordó en primer lugar el último saludo del Papa Francisco a esa plaza, que tuvo lugar no hace ni una semana, en la solemnidad de Pascua cuando, «a pesar de los graves problemas de salud, quiso impartirnos la bendición desde el balcón de la basílica de San Pedro y luego bajó a esta plaza para saludar desde el papamóvil descapotable a toda la gran multitud reunida para la misa de Pascua».
A continuación, expuso los principales momentos de su pontificado, desde su elección, el 13 de marzo de 2013, como sucesor del Papa Benedicto XVI, hasta la elección del nombre Francisco, una elección de un estilo inspirado en el espíritu de san Francisco de Asís, con «marcada atención a las personas en dificultad, gastándose sin medida, especialmente por los más pequeños de la tierra, los marginados. Era un Papa en medio del pueblo, con el corazón abierto hacia todos. Fue también un Papa atento a lo nuevo que surgía en la sociedad y a lo que el Espíritu Santo suscitaba en la Iglesia».
Y una vez más, subrayó la gran espontaneidad y el modo informal de dirigirse a todos, incluso a los que están lejos de la Iglesia, el calor humano, la sensibilidad ante las tragedias de hoy, compartiendo «las angustias, los sufrimientos y las esperanzas de nuestro tiempo de globalización» y la capacidad de «llegar al corazón de las personas de manera directa e inmediata».
«Su carisma de acogida y escucha, combinado con un modo de comportarse propio de la sensibilidad actual, tocó los corazones, tratando de despertar las energías morales y espirituales».
Su especial atención hacia los migrantes, los refugiados, los desplazados, los pobres y las periferias en general emergió particularmente de los viajes: Lampedusa, Lesbos, México, Irak… hasta alcanzar, en la Visita Apostólica de 2024 a cuatro Naciones de Asia-Oceanía, «la periferia más periférica del mundo».
«La misericordia y la alegría del Evangelio son dos palabras clave del Papa Francisco«, junto con el tema de la fraternidad, en el centro de la Carta Encíclica «Fratelli Tutti», con la que «ha querido reavivar una aspiración mundial a la fraternidad», porque «todos somos hijos del mismo Padre que está en los cielos» y «todos pertenecemos a la misma familia humana».
La paz fue también su incesante súplica, con la petición de oraciones a todo el pueblo de Dios por los pueblos atormentados por las guerras y la invitación a la sensatez y a la negociación: «La guerra siempre deja el mundo peor de lo que era antes: siempre es una derrota dolorosa y trágica para todos». «Construir puentes y no muros» es una de las exhortaciones más repetidas en sus discursos.
Memorable es la frase con la que concluía cada uno de sus discursos, así como el Ángelus de cada domingo: «No os olvidéis de rezar por mí». Y con la misma petición de oraciones y bendiciones, el cardenal Re concluyó su homilía: «Querido Papa Francisco, ahora te pedimos que reces por nosotros y que desde el cielo bendigas a la Iglesia, bendigas a Roma, bendigas al mundo entero».
Al final de la celebración eucarística, tuvo lugar la Última Commendatio (última recomendación) y la Valedictio (despedida). El cardenal vicario de la diócesis de Roma, Baldassare Reina, encabezó la súplica de la Iglesia de Roma. A continuación, los Patriarcas, Arzobispos Mayores y Metropolitanos de las Iglesias Metropolitanas Católicas Orientales «sui iuris» se presentaron ante el féretro para la súplica de las Iglesias Orientales. Finalmente, el cardenal decano roció el féretro del difunto Pontífice con agua bendita y lo incensó. «… A la Iglesia, privada de su Pastor, le da el consuelo de la fe y la fuerza de la esperanza».
Fue muy emocionante la despedida de la Plaza al féretro, elevado por los sediarios que lo inclinaron hacia la multitud para el último saludo, entre los incesantes aplausos, antes del traslado a la Basílica de Santa María la Mayor, junto a la «Salus Populi Romani» que tanto amaba, para la sepultura e inhumación. En su último viaje desde el Vaticano a la Basílica de Santa María la Mayor, en un papamóvil adaptado para la ocasión, el Papa Francisco fue acompañado por los aplausos de las aproximadamente 150.000 personas presentes a lo largo del trayecto.
Las impresiones de algunas hermanas presentes en la plaza en el funeral:
«Me impresionó mucho el amor y el respeto de tantas personas que vinieron a rendir homenaje al Papa Francisco. Sus obras y su bondad para con la Iglesia y con el mundo son innumerables e imposibles de describir completamente. Fue un hombre que siempre trató de construir la paz y las relaciones humanas, con un amor incondicional por todos. Quiero darle las gracias por la vida que ha dedicado a la Iglesia como pastor y por su continuo sacrificio por el cambio y la paz, como un padre que quiere que sus hijos vivan juntos en serenidad, seguridad y amor auténtico», dice la hermana Chanpen, de Tailandia.
«Sintonizar con sonrisas y miradas de melancolía, y al mismo tiempo de gratitud y esperanza, desde las primeras horas de la mañana en el autobús, fue una experiencia única. Los pasos reflexivos de todos tenían un solo destino: la Plaza de San Pedro. Me impresionó el silencio y la paz a pesar de la gran concurrencia, los aplausos durante la homilía. Me impresionó la sed que todos tenemos de paz, justicia, inclusión y misericordia. Me conmovió el momento en que todas las Iglesias lo saludaron con su rito, una manifestación concreta de los puentes que el Papa Francisco siempre ha querido construir. Me conmovió el aplauso «eterno» mientras llevaban el ataúd de vuelta a la Basílica. Sentí que habíamos quedado huérfanos… Lo confirmaban los abrazos y las lágrimas de los jóvenes: realmente estábamos perdiendo a una persona muy cercana a TODOS, porque siempre estuvo con y para todos», comparte sor Jasmín, venezolana
« Dos imágenes se superpusieron en mí: el mismo silencio que reinaba el 27 de marzo de 2020 – con el avance solitario del Papa Francisco en la Plaza desierta en plena pandemia – reinaba también durante el funeral. A pesar del gran número de personas, se creó un silencio muy largo, justo después de la conclusión de la Salve Regina, antes de que estallara el gran aplauso cuando el ataúd del Papa Francisco se movió de la Plaza. Y aún más: “Durante el funeral pensé: si hubiera podido hablar habría hecho una de sus bromas originales, seguramente habría saludado familiarmente y pedido oraciones como siempre hacía.», son las impresiones de Sor Ausilia De Siena, entrevistada en el programa de la RAI1, «Unomattina in famiglia» el 27 de abril.
Que tengas un buen viaje Papa Francisco… ¡No te olvides de rezar por nosotros!


















