Roma (Italia). Del 27 de noviembre al 2 de diciembre de 2025, el Papa León XIV realiza su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano, recogiendo el deseo de su predecesor, el Papa Francisco, en la conmemoración del 1700º aniversario del primer Concilio de Nicea (325), y sobre todo para fortalecer el diálogo interreligioso y llevar esperanza a una región marcada por conflictos.

A los periodistas que lo acompañan en el avión papal que partió de Roma el 27 de noviembre, el Papa León explica así las motivaciones y las emociones de este primer itinerario fuera de los confines del Vaticano y de Italia:

“este viaje a Turquía y Líbano tiene, como saben, ante todo el significado mismo de la unidad que celebra los 1700 años del Concilio de Nicea. Y he esperado con gran expectación este viaje por lo que significa para todos los cristianos. Pero también es un gran mensaje para el mundo entero y, de modo particular, con la presencia mía, de la Iglesia, de los creyentes tanto en Turquía como en Líbano.

Esperamos también anunciar, transmitir y proclamar cuán importante es la paz en todo el mundo. E invitar a todas las personas a unirse para buscar una mayor unidad, una mayor armonía y para buscar los modos en que todos los hombres y las mujeres puedan ser verdaderamente hermanos y hermanas. A pesar de las diferencias, a pesar de las distintas religiones, a pesar de las distintas creencias, todos somos hermanos y hermanas, y esperamos poder contribuir a promover la paz y la unidad en todo el mundo”.

«Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4, 5) es el lema del logo del viaje a Turquía, que se desarrolla en un círculo que encierra el Puente de los Dardanelos, aludiendo al encuentro entre Asia y Europa y a Cristo como puente entre Dios y la humanidad. Bajo el puente fluyen ondas que evocan el agua bautismal y el lago de İznik; a la derecha se alza la Cruz del Jubileo 2025, mientras que en la parte superior izquierda tres círculos entrelazados representan la Santísima Trinidad. El círculo simboliza la unicidad de Dios, el puente la única fe que une a los pueblos, las ondas el bautismo que regenera a los hijos de Dios, invitando a construir fraternidad y diálogo entre Oriente y Occidente.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz», del Evangelio de Mateo, es el lema del logo libanés, que representa al Papa con la mano derecha levantada en señal de bendición, flanqueado por una paloma que simboliza la paz y por un cedro que representa al Líbano con su rica historia de fe y de armonía interreligiosa. A la derecha la “Cruz-ancla” del Jubileo 2025 representa la esperanza firmemente fundada en la fe en Cristo. Los colores azul profundo y rosa tenue, verde y azul claro expresan serenidad, unificados por el blanco que refleja el anhelo del Líbano por la paz. Confortar al pueblo libanés alentando el diálogo, la reconciliación y la armonía entre todas las comunidades es el mensaje central de la visita.

El denso programa prevé encuentros institucionales – el primero de todos con el Presidente de Turquía Recep Tayyip Erdoğan – celebraciones ecuménicas, la visita a la Mezquita Azul, la principal de Estambul, encuentros con consagrados, consagradas y agentes de pastoral, la visita a centros de asistencia para pobres o enfermos.

No faltan precisamente los encuentros ecuménicos, a partir de la peregrinación del 28 de noviembre a Iznik, lugar donde se encontraba la ciudad de Nicea, donde, sobre una plataforma instalada en el lago, se desarrollará un encuentro ecuménico de oración para conmemorar el 1700º aniversario del Concilio de Nicea. Para la ocasión, el 23 de noviembre, en la solemnidad de Cristo Rey del Universo, el Papa León XIV entregó a los fieles la Carta apostólica In unitate fidei, con el deseo de “alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesión de la fe, cuya verdad, que desde hace siglos constituye el patrimonio compartido entre los cristianos, merece ser confesada y profundizada de manera siempre nueva y actual”.

El Papa vivirá otro día intenso desde este punto de vista en Estambul, el sábado 29 de noviembre: después de la visita a la Mezquita Azul, tendrá el encuentro privado con los jefes de las Iglesias y de las comunidades cristianas en la Iglesia ortodoxa siríaca de Mor Ephrem y posteriormente se dirigirá a la Iglesia patriarcal de San Jorge para la Doxología, una breve fórmula ritual. Por la tarde se encontrará con Su Santidad Bartolomé I en el Palacio Patriarcal y firmará con él una Declaración conjunta.

El 30 de noviembre partirá rumbo al Líbano, la “Tierra de los Cedros” donde a su llegada a Beirut se encontrará con el Presidente de la República, Joseph Aoun, el presidente de la Asamblea Nacional, Nabih Berri, el primer ministro Nawaf Salami, y a continuación otras autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático.

El 1 de diciembre se dirigirá en peregrinación al Monasterio de San Marón y a la gruta donde está sepultado San Charbel, monje cristiano proclamado santo por Pablo VI. Por la tarde está previsto el encuentro ecuménico e interreligioso en la Plaza de los Mártires y posteriormente, en la explanada frente al Patriarcado de Antioquía de los Maronitas en Bkerké, el encuentro con los jóvenes.

El Santo Padre vivirá otro momento fuerte el 2 de diciembre, antes de la partida hacia Roma: la “oración silenciosa” en el puerto de Beirut, lugar de la enorme explosión ocurrida en 2020 que causó más de 200 muertos. La visita concluirá con la Santa Misa celebrada en el paseo marítimo, en el “Beirut Waterfront”.

«Les pido que me acompañen con su oración» ha sido su solicitud al término de la Audiencia General en la Plaza de San Pedro el 26 de noviembre, en la víspera de esta «visita a las queridas poblaciones de esos países ricos en historia y de espiritualidad» y seguramente también esperando un mensaje suyo de paz, de esperanza y de consuelo.

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