Ginebra (Suiza). Desde el 26 de febrero de 2018 está teniendo lugar, en el Palacio de las Naciones de Ginebra, la 37ª sesión del Consejo por los derechos humanos, iniciada con las intervenciones del Secretario General de las Naciones Unidas António Guterres, del Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas Miroslay Lajcák, del Alto Comisionado para los Derechos humanos Zeid Ra’ad Al Hussein, del Jefe federal de los Asuntos Exteriores de la Confederación suiza y de los representantes de otros cien Estados.

Es una sesión significativa a los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos humanos, que delineó los tres pilares fundadores del sistema de las Naciones Unidas (ONU): paz y seguridad, derechos humanos y desarrollo, dimensiones interconectadas e interdependientes de una estructura única de intervención a nivel mundial.

La Oficina de Derechos humanos IIMA y Vides Internacional, junto a un grupo de cinco jóvenes pasantes, provenientes de Austria, Canadá, Italia, Níger y Estados Unidos, ricos de experiencia internacional, participan cotidianamente en las jornadas de trabajo de la 37ª Sesión: es el modo salesiano de celebrar el 70º Aniversario de la Declaración Universal de los Derechos humanos, reconociendo y honrando los muchos defensores de los derechos humanos que incansablemente construyen paz, justicia y solidaridad entre los pueblos del tercer milenio.

Estar presentes “salesiana-mente” y con corazón apasionado por la educación en la sede de las Naciones Unidas es un compromiso y una responsabilidad, convencidos de que todas las acciones en defensa de los derechos se inician con una decisión tomada en encuentros en El Palacio de las Naciones que luego tienen un impacto tangible en la vida cotidiana. El verdadero cambio, de hecho, se verifica cuando los Estados se adhieren a las recomendaciones de la ONU y prosiguen la construcción de la paz implementando y garantizando su promoción. Sin la acción nacional, la atmósfera constructiva, el espíritu cooperativo y las reglas establecidas por el Consejo de Derechos humanos no serían eficaces para asegurar un futuro sostenible para todos.

Lo que se inició hace setenta años con la Declaración universal de los Derechos humanos fue un gran sueño y una novedad. Ahora, la herencia de Eleanor Roosevelt y de sus colegas de promover los derechos humanos universales es una base segura de actuación por el bien común de la humanidad, base sobre la cual la Oficina por los derechos humanos IIMA en Ginebra “construye educación” a favor de las presencias educativas y de las comunidades educativas FMA.

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