Roma (Italia). La Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, abre la Circular n.º 1053 motivando la elección del tema vocacional en el contexto de las celebraciones jubilares de la Vida Consagrada, que tuvieron lugar en Roma del 8 al 12 de octubre, de la Canonización de Santa María Troncatti, y del mes de octubre, mariano y misionero, que invita a redescubrir la oración del Rosario.

“Heme aquí”

Madre Chiara va a la raíz de la expresión “Heme aquí”: “Entregarse y confiar es hacer posible lo imposible, y esto presupone una llamada y una respuesta de amor”.

El origen está en el “sí” de María (Lc. 1, 38), que se entregó incondicionalmente a la voluntad de Dios; por esto, “es una exclamación que indica disponibilidad, prontitud y presencia gozosa”, imitando a María que “hizo posible lo imposible”.

El “sí” de María es diario, cotidiano, sin cálculos, por lo cual “Heme aquí no es una expresión formal” y María, icono vivo de esta disponibilidad, “nos enseña a decir nuestro ‘heme aquí’ cada día, en cada situación (…), es la respuesta a Quien nos llama por nuestro nombre; (…) una forma de glorificar a Dios y agradecerle por las maravillas que realiza en nosotras y alrededor de nosotras. Como Hijas de María Auxiliadora estamos llamadas a expresar, en la cotidianidad de nuestra vida, el ‘heme aquí’ de María en actitud de fe, de esperanza, de caridad, en profunda comunión con Jesús, en la humildad gozosa y agradecida expresada en el Magníficat (cfr. C 4)”.

Así, el “heme aquí” de Jesús es el ejemplo de total entrega al Padre, de donación libre y definitiva en la que la obediencia es “síntesis de toda Su vida y del Misterio Pascual” y, por lo tanto, se convierte en un aspecto fundamental del seguimiento de Cristo, “una llamada a entrar en un camino de disponibilidad, como Jesús y en Él”.

Una disponibilidad que, a nivel educativo, se vuelve fecunda y “contribuye a fortalecer la comunión fraterna”. Por ello, “Don Bosco estaba convencido de que la obediencia mantenía unida a la Congregación, de hecho, decía: «Estamos vinculados unos con otros […] y todos juntos estamos ligados a Dios» (MB IX 572)”.

La Madre subraya, por lo tanto, que: «No se trata de ejecutar órdenes, sino de entregarse totalmente al Padre en una misión que se convierte en salvación para las jóvenes y los jóvenes al estilo salesiano» y recuerda el art. 32 de las Constituciones: «Viviremos ‘con toda sencillez’ la obediencia en la actitud salesiana del ‘voy yo’, prontas a cumplir también ‘grandes sacrificios de voluntad’, haciendo nuestro el ‘Fiat’ de María que, con su adhesión a la voluntad de Dios, se convirtió en Madre del Redentor y Madre nuestra».

La primacía de Dios en nuestra vida

“Entregarse significa reconocer la primacía absoluta de Dios en la propia vida”, observa Madre Chiara. Una primacía que es el principio fundamental de la Regla de San Benito – “No anteponer nada al amor de Cristo” – y que tiene su origen en reconocer “que Cristo nos ama”. Por lo tanto, no es cuestión de preferencia, sino más bien “de creer en el amor”: “La fe nos ayuda a aceptar el hecho sorprendente de que el Señor nos ama con un amor de predilección”, especifica la Madre.

Reconocer la primacía del Amor, haciendo una auténtica experiencia de Dios en la propia vida, lleva a realizar, como afirmó el Papa León XIV en la homilía de la Celebración Eucarística del Jubileo de la Vida Consagrada (9 de octubre), “arranques generosos de caridad, como ocurrió en la vida de vuestros fundadores y fundadoras, hombres y mujeres enamorados del Señor y por ello dispuestos a hacerse ‘todo para todos’ (Cor. 9,22), sin distinciones, en los modos y ámbitos más diversos”.

El Santo Padre también advierte sobre el riesgo, que se puede correr incluso en la vida religiosa, de la “parálisis del alma, por la que uno se contenta con una vida hecha de instantes fugaces, de relaciones superficiales e intermitentes, de modas pasajeras, todas cosas que dejan un vacío en el corazón”. Se trata de experiencias efímeras que no satisfacen al corazón: “para ser verdaderamente feliz, el hombre no necesita esto, sino experiencias de amor consistentes, duraderas, sólidas, y vosotras, con el ejemplo de vuestra vida consagrada […] podéis difundir en el mundo el oxígeno de tal modo de amar”.

La Madre invita a retomar las palabras de San Pablo VI que concluyen esta homilía, donde exhorta a los religiosos y religiosas a “Conservar la sencillez de los ‘más pequeños’ del evangelio. (…) Conoceréis entonces ‘el estremecimiento de la alegría por la acción del Espíritu Santo’, que es propio de aquellos que son introducidos en los secretos del Reino”.

Reavivar la conciencia del “heme aquí” con corazón misionero

Es el mismo Espíritu Santo quien envía, “como Iglesia, a continuar la misión de Cristo en las periferias del mundo, afectadas por la injusticia, el sufrimiento, la violencia, las guerras”.

“Por esto – alienta la Madre – estamos llamadas a reavivar en nosotras la conciencia del ‘heme aquí’, el fuego de la vocación misionera que realizamos cuando nos hacemos cargo, en el espíritu del Evangelio, del sufrimiento de la humanidad”.

Consciente de la aparente ineficacia de “un anuncio a menudo silencioso” y de tantos gestos y palabras gastadas en la cotidianidad que, sin embargo, como una pequeña semilla, alimentan “una misionariedad que crece lentamente” cuando nos ponemos al servicio “solo para irradiar en el mundo el amor del Señor”, Madre Chiara pone en evidencia “la necesidad de un nuevo impulso misionero, de personas que ofrezcan su servicio en tierras de misión o en la patria, de nuevas propuestas y experiencias vocacionales, capaces de suscitar este deseo, especialmente en los jóvenes”.

Es un llamado a la misión evangelizadora que interpela también a las Hijas de María Auxiliadora, llamadas a reavivar el impulso misionero de los orígenes, aplicándolo al presente: “No podemos olvidar que nuestras primeras Reglas, redactadas por Don Bosco, precisan que el objetivo de nuestro Instituto es la santidad que se expresa en la misión evangelizadora”, subraya.

A pocos días de su Canonización, Santa María Troncatti es el icono más elocuente de esta santidad con rostro misionero”. Su testimonio es de pasión apostólica, del da mihi animas cetera tolle vivido con audacia y “aceptando la exigente ascesis de trabajo y templanza, como condición indispensable para dar fruto”.

Sor María es “mujer contemplativa y al mismo tiempo totalmente donada a todos sin distinciones, sin cálculos”. Su misión encarna la espiritualidad mariana según el espíritu de Don Bosco y de Madre Mazzarello: una espiritualidad fuerte, gozosa y misionera que distingue a nuestro Instituto, ¡que es “todo de María”!

Madre Chiara anima a dejarse “involucrar por su santidad, vivida en aquella pobreza de espíritu, propia de las Bienaventuranzas, que la hace arrodillarse ante Dios, segura de que solo Él es el verdadero Autor del bien, que actúa en los corazones y en las mentes de los hombres y mujeres de quienes se ocupa”.

Al concluir la Circular, recuerda el ya inminente evento del 11 de noviembre en el que, en comunión con los Hermanos Salesianos, se celebrará el 150º aniversario de la primera expedición misionera compuesta por diez jovencísimos Salesianos, guiados por Don Juan Cagliero, quienes “con fe y coraje intrépido, contribuyeron a hacer crecer el carisma salesiano en tierra americana”, preparando el terreno para la llegada de las Hijas de María Auxiliadora, dos años después.

Circular n° 1053

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.