Turín (Italia). En la tarde del 15 de enero de 2026, el Teatro Grande de Valdocco, en Turín, acogió a unos 350 miembros de la Familia Salesiana, entre ellos la Madre Chiara Cazzuola, sor Leslie Sándigo, Consejera para la Familia Salesiana y otras Consejeras generales del Instituto FMA, para el inicio de las tradicionales Jornadas de Espiritualidad, que llegan a su 44ª edición.
El tema central del evento –el Aguinaldo 2026 del Rector Mayor “Haced lo que Él os diga. Creyentes, libres para servir”– fue evocado desde el primer momento en el escenario con gestos y símbolos, a través de una sugerente coreografía realizada con alegría y entusiasmo por los chicos y chicas de la Escuela Secundaria de 1° grado de Valdocco.
Don Leonardo Mancini, Superior de la Circunscripción Italia-Piamonte y Valle de Aosta (ICP), hizo los honores de la casa, citando el Aguinaldo que Don Bosco ofreció a los estudiantes y artesanos de Mirabello el 31 de diciembre de 1863, pidiendo sus almas –“Da mihi animas cetera tolle”– y prometiéndoles “todo lo que soy y lo que tengo. Yo por vosotros estudio, por vosotros trabajo, por vosotros vivo y por vosotros estoy dispuesto incluso a dar la vida”. Al vincularlo con el Aguinaldo 2026, don Leonardo comentó: “Me parece que no hay mejor manera de describir salesianamente la expresión del título del Aguinaldo ‘libres para servir’”. Y concluyó deseando: “que acojamos estas JEFS 2026 como una ocasión renovada para crecer en la fe –entendida como escucha de Dios, en su Palabra, en los jóvenes y en la historia– y que nuestra escucha pueda transformarse constantemente en servicio libre y gozoso, en Evangelio vivido”.
La palabra pasó luego a don Joan Lluís Playà, Delegado Central del Rector Mayor para la Familia Salesiana, quien presentó el programa y dio algunas indicaciones prácticas para vivir las Jornadas como un verdadero “itinerario interior”.
Después de la oración animada por los Novicios Salesianos del Noviciado internacional del Colle Don Bosco, los dos presentadores –Silvia y Roberto– llamaron al escenario al Rector Mayor, Don Fabio Attard, Centro de Unidad de la Familia Salesiana, para la profundización sobre el Aguinaldo, introducido por el video-síntesis presentado por primera vez en Roma, en la Casa Generalicia, el 27 de diciembre de 2025.
Don Fabio motivó el tema y el icono bíblico de Caná situándolo en continuidad con el tema jubilar de la Esperanza, que es Jesucristo, cuya Persona requiere confianza y entrega: “si la esperanza es una Persona y la fe es una relación, la dinámica, la fuerza, debe venir de la Palabra. Esta experiencia de Caná –que empezó mal– es una invitación, ante todo, a no perder nunca la esperanza y, al mismo tiempo, a radicarnos, a situarnos en ese espacio que nos ayuda a leer la realidad sin miedo y a sostenernos con la fuerza de Dios, para que podamos encontrar la realidad, no permanecer como espectadores neutros, sabiendo que nosotros solo tenemos agua, pero el agua en las manos de Dios se convierte en vino. Esto tiene grandes consecuencias salesianas para todos nosotros” –explicó– “porque interpela sobre dónde estoy yo… y juntos dónde estamos nosotros, y esto nos anima… pero si no estamos conectados, en contacto con Él, hacemos lo que pensamos nosotros, que no siempre es la mejor solución”.
El Rector Mayor especificó después que el texto del Aguinaldo 2026 está organizado en cuatro pasos, con una reflexión para cada sesión y unas preguntas, que sugirió retomar en grupos, en diferentes momentos del año, interrogándose sobre la realidad local y sobre el propio compromiso: “¿Estamos mirando la realidad, o estamos distanciados? ¿Estamos escuchando la realidad a la luz de la Palabra, o hacemos análisis, quizás inteligentes, pero que no me mueven del sillón? ¿Cuáles son las opciones?”. Los sirvientes, aun no comprendiendo plenamente la petición, tomaron “la opción de creer en las palabras de Jesús y actuaron no porque comprendieron, sino porque creyeron”.
Respondiendo a algunas preguntas recogidas de diversas partes del mundo, insistió en la centralidad de la relación con Jesús –“somos generosos, pero si no es fruto de una relación con Jesús, el servir se convierte en un ídolo”– y en la importancia de ser creyentes, testigos creíbles, según la identidad salesiana, teniendo como objetivo el bien integral de los jóvenes. Es un testimonio que “supera las barreras de las religiones y culturales, porque querer a los chicos y a los jóvenes es un bien para la humanidad. (…) Este es el Don Bosco que hemos heredado, al que estamos llamados a amar, a conocer y a testimoniar”.
Los participantes se trasladaron luego a la Basílica de María Auxiliadora para la Celebración Eucarística en memoria del Beato Luis Variara, presidida por el Rector Mayor, quien en la homilía comentó la curación del leproso relacionándola con el plano educativo-pastoral: “El gesto de Jesús, un gesto divino, nos enseña que la verdadera curación ocurre en el contacto, en las relaciones, no en el protocolo, en la distancia, en la indiferencia educada; en el toque, en la escucha, en la presencia que dice sin palabras ‘no tengo miedo de ti, tu sufrimiento no me contamina, mi compasión quisiera regalártela’”.
Además, Jesús no quiere que la alegría del leproso permanezca privada, sino que lo remite a la comunidad, de la cual estaba excluido: “Esto es profundamente importante para la Familia Salesiana, porque nuestra misión no tiene como objetivo el aislamiento espiritual, sino que educamos hacia la reintegración en el tejido eclesial, comunitario, familiar, social… la curación es una experiencia comunitaria”.
Respecto a la petición de silencio de Jesús, identificó el riesgo de apropiarse de la gracia de Dios: “Nuestra misión tiene un solo objetivo –Don Bosco nos lo dijo claro– la gloria de Dios y la salvación de los jóvenes. La gracia pertenece a Dios y solo a Él. Nosotros somos pobres instrumentos, siervos inútiles”.
Don Fabio Attard concluyó con una invocación: “Que el Señor nos enseñe hoy la valentía de creer, la docilidad a la compasión, el camino hacia la comunidad, sobre todo la libertad interior y espiritual de no apropiarnos nunca de la gracia que pasa a través de nosotros dejando signos de curación y de profunda humildad, para que como creyentes seamos siempre libres para servir”.


















