Castelnuovo Don Bosco (Italia). El 14 de septiembre de 2025, un centenar de familias pertenecientes a la Asociación de María Auxiliadora (ADMA) se reunieron en el Colle Don Bosco para dar inicio a los retiros mensuales anuales. En el encuentro estuvo presente la Animadora Espiritual Mundial, sor Lucrecia Uribe, Hija de María Auxiliadora.
Después de la oración de laudes, el padre Roberto Carelli, Salesiano de Don Bosco y animador espiritual de la ADMA Primaria, presentó la propuesta formativa que, a lo largo de 8 etapas, ofrecerá temas espirituales y educativas sobre la fe, con la clara intención de: crecer en la fe y educar en la fe. De ahí el título: «Nuestra fe, la fe de los hijos».
Por tanto, las catequesis y los retiros mensuales tendrán como objetivo, por un lado, consolidar la fe de los adultos y, por otro, acompañar a los jóvenes en la fe, todo en compañía de María, «la perfecta creyente, el ícono de la fe, la bienaventurada porque creyó, la mujer a la que Jesús hizo recorrer el camino de fe más alto, más hermoso y más exigente».
A la catequesis le siguió un momento personal de adoración eucarística. Después de un almuerzo compartido en familia y entre amigos, junto a los animadores, los niños y jóvenes rezaron el Rosario en el patio con sus padres.
La oración a María preparó y favoreció el momento de compartir en pequeños grupos en los que, de forma espontánea, los adultos retomaron algunos pasajes de la catequesis del padre Roberto:
«La fe cristiana no es un salto al vacío, sino a la luz: no es lo contrario de la razón y la libertad, sino que es la razón y la libertad potenciadas en el encuentro con Jesús».
«Creer es apoyarse en la palabra y el testimonio de otros, venciendo la pretensión ilusoria de encontrar seguridad solo en la evidencia de los hechos y de los razonamientos».
Cada familia llevó a la Celebración Eucarística comunitaria el deseo y la decisión de custodiar y promover la predisposición simbólica de los niños, que los hace capaces de descubrir la presencia de Dios en las cosas del mundo, y de despertar en los adolescentes el sentido del Misterio, invitándolos a mantener abierta la «cuestión de Dios» como una cuestión de vida o muerte, de verdad y de justicia.


















