Portugal. Del 25 de febrero al 2 de marzo de 2026, sor Ena Bolaños, Consejera general para la Administración del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, realizó una breve visita a la Inspectoría Nuestra Señora de Fátima (POR). Han sido días intensos de encuentro, intercambio y reflexión, que han ofrecido a las comunidades un momento de cercanía fraterna y de profundización en el significado de la economía en la vida consagrada y en la misión educativa.
Sor Ena llegó a Lisboa a última hora de la tarde del 25 de febrero, acogida por la Inspectora, sor Deolinda Teixeira, y por la Ecónoma inspectorial, sor Alzira Sousa. Tras unos días difíciles para muchos portugueses, marcados por sucesos dolorosos, el tiempo luminoso que acompañó su llegada fue vivido por las hermanas como un signo de esperanza, casi como un recordatorio de que “tras la tempestad viene la calma” y de que el dolor y el mal no tienen la última palabra en la historia.
En la Casa inspectorial, la acogida sencilla y familiar continuó en el momento de las «Buenas noches». En este contexto, la Consejera compartió algunas experiencias de vida del Instituto en los cinco continentes, caracterizadas por realidades muy diversas, algunas de ellas muy exigentes. Al referirse a las situaciones de conflicto, pobreza e inestabilidad presentes en varias regiones del mundo, recordó que a menudo la misión de las FMA se expresa, ante todo, a través de la presencia solidaria junto a las personas que más sufren. Como testimonian tantas hermanas que viven en estos contextos:
“Nos quedamos con los pobres, con quienes más sufren, estamos junto a los jóvenes. Nuestra presencia, la escucha de los sucesos dramáticos, la palabra de esperanza, la ayuda material; es todo lo que nos queda por hacer».
Visitas a las Comunidades y encuentro con la misión educativa
El 26 de febrero, sor Ena comenzó un breve recorrido por las Comunidades del norte del país, visitando Arcozelo, Viana do Castelo y Paranhos, antes de continuar hacia Fátima, donde tuvo lugar el encuentro inspectorial.
En diversas Casas hubo también ocasión para encuentros festivos con estudiantes y colaboradores, quienes acogieron con alegría a la representante de la Madre General con cantos, flores y gestos de gratitud. Estos momentos le permitieron conocer de cerca la vitalidad de las Comunidades Educativas y el compromiso de las hermanas y de los equipos en la misión con los jóvenes.
Al mismo tiempo, no faltó una mirada lúcida sobre los desafíos actuales de la educación. Con ardor apostólico, la Consejera subrayó la necesidad de buscar nuevas formas de evangelización y de educación de los jóvenes, sobre todo de los más pobres, en un contexto en el que la propia escuela está viviendo cambios profundos.
Recordando la experiencia de los fundadores, afirmó: “Nuestro Instituto ha atravesado 150 años y cinco continentes precisamente porque sus Fundadores comprendieron algo fundamental: no es el tipo de obras lo que da valor a la misión, sino la búsqueda del bien de los jóvenes”.
La economía como dimensión de la vida consagrada
El momento central de la visita tuvo lugar en Fátima el 28 de febrero, en un encuentro de formación que reunió a 66 hermanas de la Inspectoría. Partiendo de las Constituciones de las FMA, de la experiencia de Don Bosco y Madre Mazzarello y de la reflexión sobre la economía ecológica, sor Ena invitó a las hermanas a comprender la economía no solo como gestión de recursos, sino como dimensión integrante de la vida consagrada.
En un mundo marcado por el consumismo y las crecientes desigualdades, recordó la importancia de educar en una gestión responsable de los recursos y en una economía que ponga siempre en el centro a la persona. Este enfoque fue acogido con sorpresa y entusiasmo por varias hermanas, que compartieron con sencillez su reacción inicial: “¡Economía, dinero, ecónomas… esto no es precisamente lo mío!”.
Pero la reflexión propuesta abrió nuevas perspectivas: “Me ha gustado mucho la presentación del tema. Economía = estilo de vida. Una economía que mira a la persona, que valora la gratuidad y privilegia las relaciones. Sí, esta economía es para mí”. (sor Lea de Morais)
Retorno a las fuentes del Carisma
En el transcurso de la formación, la Consejera para la Administración también invitó a revisitar el significado del voto de pobreza y las opciones concretas que este implica en la vida personal, comunitaria e inspectorial: la centralidad de Dios, la sobriedad, la corresponsabilidad, la circulación de bienes y la prioridad de los más pobres. Como recordó en varias ocasiones, “lo que tenemos pertenece a los pobres, y la cercanía con ellos ayuda a redimensionar las necesidades y a crecer en la gratuidad”.
Para muchas hermanas, este momento fue también una ocasión para volver a las raíces de su propia vocación: “¡Me he acordado varias veces del noviciado! Lo que sor Ena nos ha transmitido con sencillez y cercanía se nos dio en aquel tiempo. Qué importante es recuperar lo que interiorizamos para que no caiga en el olvido, sino que se haga vida”. (sor Mafalda Monteiro)
Todo está interconectado
La reflexión propuesta encontró eco también en el vínculo entre economía, Carisma y cuidado de la Casa común: “La constante referencia a las Constituciones, a Don Bosco y a Madre Mazzarello, desde el punto de vista de la economía ecológica, me ha hecho recordar el lema de la Laudato Si’: todo está interconectado, también en nuestra vida consagrada”. (sor Isabel Mira)
Desde este punto de vista, sor Ena invitó a la Inspectoría a mantener en el centro de sus opciones a los jóvenes, especialmente a los más pobres, condición indispensable para que la creatividad educativa siga generando respuestas nuevas.
Un impulso para continuar
Aunque breve, la visita de sor Ena Bolaños ha dejado en la Inspectoría una fuerte llamada a renovar la fidelidad al Carisma y a buscar nuevos caminos para la misión. En un mundo a menudo marcado por la desorientación y la pérdida de horizontes, sigue vigente la convicción que inspiró a los Fundadores: poner siempre en el centro el bien de los jóvenes.
Con gratitud, la Inspectoría Nuestra Señora de Fátima ha acogido estos días como un tiempo de renovación y de esperanza. Se trata de seguir caminando “en la alegría de lo esencial, creciendo en la esperanza en el futuro, con la certeza de que nuestro carisma sigue siendo fuente de vida para tantos jóvenes que la Providencia nos confía”. (sor Isabel Mira)


















