Roma (Italia). La Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, se dirige a las hermanas en el Tiempo Pascual, en el que la liturgia “nos sostiene en las motivaciones profundas de nuestra vocación de consagradas y de salesianas”, con una reflexión sobre la fidelidad, proponiendo “dejarnos inspirar por María: su fidelidad sostiene nuestra fidelidad”.

Con María primera discípula y misionera

La Madre recuerda el momento del Acto de abandono en María Auxiliadora que, como Instituto “todo de María”, las FMA suelen rezar juntas cada mañana y a través del cual se pide “que sostenga nuestra fidelidad, sobre todo en la hora de la prueba” a Ella, que supo “estar” junto a Jesús, bajo la cruz, sin retroceder. Es una imagen que “evoca estabilidad, presencia digna y fuerte en el amor. Nos habla de saber ‘permanecer’ en las situaciones de prueba, en una fiel proximidad a Jesús que sufre y da la vida por la salvación del mundo”.

Otro aspecto carismático fundamental, que expresa una dimensión del “estar”, es la misionariedad, que “brota del mismo proyecto de salvación de los jóvenes que Dios confió a Don Bosco y a Madre Mazzarello y que hoy nos confía a nosotras” y que se encarna en la acogida de los jóvenes, “estando” precisamente junto a ellos. “En este compromiso nos confrontamos con María, la Virgen fiel por excelencia, aquella que dijo ‘sí’ con fe al proyecto de Dios en su vida, incluso cuando no lo comprendía”, subraya la Madre.

María inspiradora y Auxilio

En su gran Familia, constituida por diversos Grupos, “Don Bosco quiso que nuestro Instituto tuviera una impronta fuertemente mariana”, confiando a las Hijas de María Auxiliadora “la tarea específica de expresar, en la Familia Salesiana, la maternidad de María y de vivir la fidelidad inspirándonos en ella como Auxilio y como educadora-evangelizadora”, con la actitud y las modalidades expresadas por el art. 4 de las Constituciones.

Es una tarea que, por vocación, interpela a cada FMA “a revivir en el hoy la donación total a Dios de María, como Auxilio y misionera siempre en camino”, dentro de un dinamismo bien evocado por la imagen de María Auxiliadora, querida por Don Bosco y pintada por Tommaso Lorenzone en el gran cuadro de la Basílica de Turín, descrito al detalle por el Santo en uno de sus libros, en el que hace emerger que el verdadero valor de la obra —más allá del artístico— es generar devoción en el corazón de quien la admira.

“María expresa el dinamismo de amor de una maternidad solícita, que cuida de sus hijos, a menudo anticipando la respuesta a sus necesidades. Mirando a María –como nos ha enseñado el Papa Francisco– «volvemos a creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y del cariño»”, destaca Madre Chiara citando un pasaje de la Evangelii Gaudium, la primera exhortación apostólica del Pontífice que hace ya un año alcanzó el cielo.

María es Madre tierna y al mismo tiempo fuerte: “sostiene la comunión en la Iglesia naciente y enseña a los primeros creyentes la fidelidad en el seguimiento de Jesús. Precisamente a los pies de la cruz acepta cuidar de nosotros”, generando vínculos y abriendo a “un estilo relacional fundado en la mansedumbre, en la confianza, en el valor y la audacia de vivir la misión y de mirar con fe al futuro”.

Fieles a nuestra vocación: fieles a Dios sumamente amado

En la última parte de la Circular, la Madre profundiza en la fidelidad como virtud puesta fuertemente a prueba por la “actual cultura de lo provisorio” —que influye en las opciones vocacionales y en la misma vida religiosa— y que, sin embargo, “es irrenunciable en las relaciones humanas y en la vida consagrada”. La fidelidad, de hecho, “vivida con amor y generosidad nos permite ‘permanecer’ firmes en el amor de Dios y responsables al dar respuesta a Su llamada única y siempre nueva” (cf C 103).

Reconociendo que “la fidelidad no es una conquista fácil ni a bajo precio”, ya que “requiere una profunda conciencia de las motivaciones iniciales de nuestra respuesta al Señor” e “implica un continuo camino de conversión, donde no hay espacio para la mediocridad”, recuerda el art. 8 de las Constituciones, poniendo el acento en el adverbio “sumamente”, que marca la diferencia en el camino del seguimiento:

“Donarse a Dios ‘sumamente amado’ nos proyecta constantemente en salida de nosotras mismas, nos ayuda a gustar la belleza de la vida fraterna que se convierte en intercambio y apoyo mutuo, custodia la fidelidad personal y da fecundidad a la misión común”.

A partir del versículo del Evangelio de Marcos —«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mc 7,6)— Madre Chiara ofrece después una pequeña pista de reflexión sobre la fidelidad, dejando algunas preguntas:

  • Frente a formas de desánimo o malestar que afectan también a nuestras comunidades y empañan la credibilidad de nuestra consagración, me pregunto: ¿qué nos falta para vivir una fidelidad gozosa?
  • ¿Por qué, a veces, incluso después de tantos años de vida consagrada y de experiencias apostólicas fecundas, perdemos el entusiasmo y la frescura de la respuesta al Señor?
  • Intentemos preguntarnos: ¿a quién busca nuestro corazón? ¿Qué pensamientos y deseos ocupan lo profundo de nuestro corazón y en cuáles nos entretenemos?

La Madre identifica en el “regreso al primer amor”, en la relación de intimidad con el Señor, el antídoto al “riesgo de no ser fieles a nuestra identidad carismática específica, reduciendo la realización de la misión solo a obras y actividades de promoción humana”.

Vuelve a proponer, por tanto, el “seguro camino de santidad que recorremos cada día con las jóvenes y los jóvenes”, como recuerda el art. 5 de las Constituciones, un camino “que queremos recorrer juntas; y que María Auxiliadora nos ayude a ser chispas de esperanza, brindando gestos de humanidad a las personas que encontramos y que se encuentran en situación de necesidad”. Dirigiendo finalmente el pensamiento a la situación actual, expresa el deseo de “llegar especialmente con nuestra oración y la ofrenda cotidiana a los niños, a los jóvenes, a las familias que en este momento están sufriendo a causa de guerras, de otras formas de violencia y de inaceptables injusticias”.

Madre Chiara termina la Circular confiando a María, Madre de la Iglesia y de la humanidad, al Papa León XIV quien, con valentía y amor a la verdad del Evangelio, invoca la paz para toda la familia humana. Que Ella, la Virgen de los tiempos difíciles, lo sostenga, lo conforte y le conceda la alegría de ser en este tiempo anunciador fiel de Jesús, que aún hoy nos dice: «Bienaventurados los que trabajan por la paz»”.

Circular n° 1058

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