Roma (Italia). El 8 de marzo de 2026, en el Día Internacional de la Mujer, se celebra el aniversario del nacimiento al cielo de la Sierva de Dios Madre Rosetta Marchese (1922-1984), Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora y sexta sucesora de Santa María Dominga Mazzarello.
En el trienio de preparación al 150° aniversario de la Primera Expedición Misionera y en sintonía con el tema del Capítulo General XXV “Bienaventurados vosotross…” Con la fuerza profética del carisma, misioneras de comunión junto a los jóvenes, la figura de Madre Rosetta es ejemplo de amor a la Eucaristía y de oblación, en la entrega total de sí misma por el Instituto. Ella vive la misionariedad como criterio educativo, orientación formativa y opción concreta: educar a los jóvenes para tener un corazón abierto hasta los confines del mundo y sensible a los sufrimientos de la humanidad.
Siendo aún joven, Sor Rosetta presenta su solicitud para partir como misionera. La petición es aceptada, pero las circunstancias ligadas a la Segunda Guerra Mundial impiden su realización. Aquella partida fallida no apaga el fuego: lo transforma.
En 1947 es enviada a la Casa misionera “Madre Mazzarello” de Turín San Paolo. Se siente inmersa en un clima de apertura universal y le dice a Sor Olga Ferrero, trasladada con ella a Turín: “Sor Olga, ¿Qué hemos hecho nosotras, para merecer la gracia de entrar a formar parte de la Inspectoría Central, donde tenemos tantas ayudas espirituales y donde los horizontes están tan abiertos al mundo? Aquí se siente toda la grandeza y la belleza del Instituto”.
La suya es una mirada atenta a los pobres, a los que sufren, a los últimos, que se une a la determinación de abrir en los jóvenes el horizonte de la caridad universal. En Caltagirone (Catania) primero, y luego en Roma, vía Dalmazia, durante los años del Concilio, esta pasión toma forma concreta.
En el clima ferviente del Concilio Vaticano II, inaugurado el 11 de octubre de 1962, Roma es encrucijada de la Iglesia universal. Madre Rosetta capta aquel evento como una ocasión providencial. El 21 de octubre invita a su casa a Mons. Carlo Perez, Obispo Salesiano de la Patagonia, para sensibilizar a jóvenes y hermanas sobre la vida misionera.
Durante el octubre misionero acoge a Mons. Pietro Carretto, obispo en Tailandia, quien queda profundamente impresionado por la iniciativa de las alumnas: el trigo ofrecido y transformado en harina para las hostias destinadas a los Padres conciliares, signo concreto de participación y amor a la Iglesia. También la comunidad dona seis servicios completos para la celebración de la Misa, destinados a las Iglesias más pobres.
El 19 de octubre es el turno del Rector Mayor, don Renato Ziggiotti, quien comparte con los jóvenes la experiencia de los trabajos conciliares. Agradeciendo las cincuenta hostias recibidas como regalo, fruto de la creatividad educativa de Madre Rosetta, recuerda que el Concilio representa para Salesianos e Hijas de María Auxiliadora una fuerte llamada a la santidad.
Del 8 al 15 de noviembre la casa vive la “Semana por la Iglesia del Silencio”, una intensa semana de oración y solidaridad. Se suceden testimonios de pastores provenientes de tierras de persecución: el arzobispo de Poznań, Mons. Antonio Baraniak; Mons. Joseph Pavlisić de Yugoslavia; el Cardenal primado de Polonia Stefan Wyszyński, quien hace llegar un pergamino con la fotografía del episcopado polaco; y finalmente Mons. Arduino, Obispo Salesiano expulsado de la China comunista.
Madre Rosetta involucra a toda la escuela en una iniciativa que despierta entusiasmo y participación: las alumnas, divididas en grupos, ofrecen sacrificios, oraciones y momentos prolongados de silencio por una de las naciones perseguidas. Cada jornada está marcada por un compromiso concreto: ejemplaridad, oración, gratitud, renuncia, caridad, celo misionero, unión, recogimiento. Es un modo sencillo pero profundo de educar en el corazón universal de la Iglesia.
Hablando a las hermanas de la Inspectoría austriaca, las exhorta a vivir la comunión eucarística no como un «tú a tú» egoísta con un Dios huésped exclusivo, sino como un encuentro en la divina Trinidad con el Cristo total, que pide expansión al infinito. “En mi corazón tan pequeño entra con Dios toda la Iglesia triunfante, purgante, militante; y mi corazón se ensancha, se ensancha, y se hace capaz de recibir dentro todo el Paraíso y todo el mundo; a mis hermanas, una a una, aquellas hermanas que debo amar con el amor de Cristo; aquellas hermanas con las que debo vivir el ‘da mihi animas’, donando gozosamente todo aquello que es requerido por la consagración religiosa”.
La misionariedad, por tanto, es un don recibido y acogido, alimentado diariamente en la fuente misma del amor. Madre Rosetta vive, de hecho, la experiencia singular de la inhabitación eucarística, percibiendo de manera continuada la presencia real de Jesús Eucaristía que la empuja hacia nuevos horizontes de anuncio y de entrega de sí misma.
Y más que nunca hoy, solo un amor inagotable e invencible como el de Cristo encarnado, muerto y resucitado para la salvación de todos, merece ser anunciado porque es el único capaz de ofrecer esperanza a la humanidad.



















Gracias Madre Rosetta, por tu vida y testimonio para tus hermanas hoy. Ruega por nosotras para vivir la audacia de anunciar a Jesús en todo lugar y momentos.
Con molto piacere ho letto l’ articolo su Madre Rosetta. Da quasi tre anni mi accompagna fisicamente (ho avuto problemi di salute che per ora sono risolti) e spiritualmente. Con tanta riconoscenza la prego per la santità mia e delle Sorelle con le quali vivo. SR.Luisa Dolce FMA