Roma (Italia). En la memoria litúrgica de la Beata Laura Vicuña, cuyo nacimiento al cielo se celebra el 22 de enero, algunos testimonios cuentan la relación entre la joven y sor Antonietta Böhm, ambas en camino hacia la gloria de los altares.

La Sierva de Dios  sor Antonieta Böhm (1907 – 2008), de la cual está en curso la investigación diocesana para la causa de Beatificación, no conoció personalmente a Laura Vicuña, pero fue Directora desde 1942 a 1948 en el Collegio de Junín de los Andes, en que la chiquilla estuvo interna durante 4 años.

Madre Antonietta respiró, aún genuino, el clima de santidad que la pequeña Beata dejó en aquel ambiente. Contaba que las internas llamaban “el corazón de Jesús” al aula donde Laura había sido estudiante.

Siendo Superiora en Viedma, Madre Antonietta tuvo el privilegio de iniciar el proceso de canonización de Laura Vicuña, en el 1955. Monseñor Giusepe Borgatti, SDB, Obispo de Viedma, le pidió ayuda, reconociéndole las necesarias capacidades de implicación y de organización.

Madre Antonietta hizo llegar de Chile a Amanda, la hermana de Laura, para presentarla al tribunal eclesiástico. Más tarde de Junín llegaron otros testimonios, entre los cuales el de una señora anciana, que había emprendido el largo viaje para expresar su veneración por la joven.

Entre los testimonios más relevantes se encuentran muchas señoras, compañeras de Laura en el Colegio, que explican diversos episodios, impresos vivamente en su memoria durante más de cuarenta años, y convertidos en actitudes de buena vida dignos de ser cultivadas.

“¿Por qué no quieres pedir perdón? – decía Laura con amigable sencillez -. ¿Tienes miedo? Ven conmigo. Te mostraré que no es difícil liberar el corazón”. De esta manera, acompañaba a su compañera a la Directora para disculparse, permanecía a su lado, la ayudaba a calmarse y a tomar el timón de su vida.

“Tenía envidia de Laura – explica una de las mujeres, ya quincuagenaria –.   Una vez, desahogué toda mi maldad. Con una patada hice caer al suelo toda la basura que se estaba llevando. Laura no dijo nada, la recogió y acabó su trabajo. Yo no he olvidado nunca su mirada, una mirada que me hizo correr en seguida a la Iglesia a pedir perdón al Señor, y después a la Directora para excusarme”.

Muchos años más tarde, el 3 de septiembre de 1988, sor Antonietta tuvo “la alegría”, dice ella misma, de asistir a la Beatificación de Laura en el “Colle Don Bosco” (Castelnuovo Don Bosco), cerca del Papa, San Giovanni Paolo II.

En la “Colina de las Bienaventuranzas”, en el centenario de la muerte de San Juan Bosco, el Papa Juan Pablo II había dicho, recordando los frutos de santidad del carisma salesiano:

“Todos conocemos la espléndida hueste de almas elegidas, formada en la escuela de Don Bosco: San Domingo Savio, el Beato Miguel Rua, su primer sucesor, los beatos mártires Luigi Versiglia y Callisto Caravario, Santa Maria Domenica Mazzarello, cofundadora de las Hijas de María Auxiliadora, y hoy también la joven Laura Vicuña, elevada a los altares con ocasión del Jubileo salesiano.

La nueva Beata, que hoy honramos, es fruto particular de la educación recibida de las Hijas de María Auxiliadora, y por eso parte significativa de la herencia de San Juan Bosco. Es justo pues dirigir también nuestro pensamiento al Instituto de las Hermanas Salesianas y a su Fundadora, para profundizar la devoción a los Santos Fundadores y el nuevo celo apostólico, especialmente en la formación cristiana de los jóvenes”.  

Aún hoy, las palabras del Papa – “¡la Beata Laura Vicuña os ilumine a todos vosotros, jóvenes, y os inspire y sostenga siempre a vosotras, Hijas de María Auxiliadora, que habéis sido sus educadoras!” – resuenan como augurio e invitación a dejarse iluminar por el ejemplo de “Laurita” para caminar junto a ella por el camino de la Santidad.

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