Roma (Italia). La Madre General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Yvonne Reungoat, dedica la Circolare di settembre n° 1001 al tema de la Fidelidad, y solicita el compromiso de “contagiar” la alegría de la Alianza de amor con Dios que es lo esencial de la Vida Consagrada.

“¡La fidelidad es la experiencia del amor gratuito de Dios y es una experiencia íntima y profunda que nos empuja a dar una respuesta total y exclusiva, consagrándonos a Él para siempre! La fidelidad se convierte en estilo de vida expresado en la alegría, que nos hace disponibles a abrazar las exigencias del Misterio Pascual con fe, con renovada esperanza, en la certeza de que el sí para siempre encuentra aquí sentido y luminosidad”.

Permaneced en mi amor (Jn 15, 9), es la petición que Jesús hace a sus discípulos durante la última cena. ¡Permaneced! Aquí está la fuerza de la vocación del consagrado: corresponder al amor de alianza y adherirse al estilo de Cristo, en la escucha dócil de su Palabra (cfr. Congregazione per gli Istituti di Vita Consacrata e le Società di Vita Apostolica, Il dono della fedeltà. La gioia della perseveranza. ORIENTAMENTI, Ed. Vaticana 2020)

La fidelidad de Dios es nuestra “roca”

La fidelidad de Dios es expresión de su paterna bondad. Él sabe esperar con paciencia y nunca deja de amar. Dios, en su proyecto salvífico, nos pide que lo demos todo de nosotros: mente y corazón, voluntad, decisión y disponibilidad al decirle nuestro “sí”, y lo hace con confianza seguro de que, a pesar de nuestras fragilidades, nosotros queremos serle fieles por amor. Es en este encuentro entre su fidelidad y la nuestra que se abre delante de nosotros el camino de la fecundidad y es aquí que reside la verdadera felicidad que todas deseamos.

Fidelidad, don para compartir

El artículo 10 de las Constituciones FMA se refiere a la profesión de fidelidad a Dios. Es como volver al primer amor, redescubrir lo que nos ha hecho responder “sí” a la llamada de Jesús y vivir en plenitud de amor, como hicieron Don Bosco y Madre Mazzarello. Es este amor lo que nos hace testimonios valientes, emprendedoras misioneras de esperanza, en un momento histórico marcado por la incertidumbre, fragilidad y precariedad por la Pandemia de Covid-19.

Fidelidad en la misión

La alegría de la fidelidad a Dios compartida en una comunidad, se irradia en la misión para ponerse en red con los jóvenes de hoy en el espíritu del da mihi animas cetera tolle y A ti te las confío. Como Comunidades Educativas, eduquemos al deseo el corazón de las nuevas generaciones a través de la mística de la cercanía, buscando su bien. Juntos, adultos y jóvenes, en red con la Iglesia y con las Instituciones educativas, es posible encontrar el camino justo, el lenguaje adecuado para “acercarnos” a ellos “no como una obligación, no como un peso que nos cansa, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos confiere identidad” (Evangelii Gaudium, n° 269).

La Madre concluye, en la Circular: “Ser fieles a la misión es la gran alegría que nos empuja a anunciar, sin timidez y perplejidad, no sólo a los jóvenes, sino también entre nosotras y a las personas que encontremos, que hoy: “Cristo vive. Él es nuestra esperanza y la más bella juventud de este mundo” (Christus vivit, n° 1).

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