Roma (Italia). El 1 de mayo de 2026, en una atmósfera de profunda comunión y alegría salesiana, la Comunidad María Auxiliadora (RCG) de la Casa Generalicia de Roma celebró la Fiesta del Gracias dedicada a Madre Chiara Cazzuola, recién regresada de la Visita a la Inspectoría Sagrado Corazón (ECU) donde tuvo lugar la celebración de la Fiesta mundial de la Gratitud. En esta jornada, densa de significados espirituales y momentos de gozosa convivencia, se declinó a nivel local el tema de la Fiesta Mundial: «Sed misioneras en todas partes».

Esta fiesta «asume un significado del todo particular, ya que se sitúa en el contexto de la reciente canonización de Santa María Troncatti, misionera apasionada, madre y artesana de paz y reconciliación» y nos invita a vivir «este don como una gracia para todo el Instituto, que nos invita a renovar nuestro impulso misionero y la fidelidad creativa al carisma, en el camino celebrativo que estamos viviendo del 150º aniversario de la Primera Partida Misionera». (Carta de convocación a la Fiesta del Gracias de la Vicaria General). En este contexto, la comunidad de la Casa Generalicia acompañó a la Madre con la oración diaria y se preparó para festejar con ella la alegría de vivir y de estar juntas en el nombre del Señor.

La mañana tuvo su punto culminante en la Celebración Eucarística presidida por don Pierluigi Cameroni, Postulador General de las Causas de los Santos de la Familia Salesiana. En su reflexión, subrayó la importancia de un testimonio misionero que sepa hacerse cercanía y anuncio profético, en plena sintonía con el camino de santidad del Instituto y en el contexto de la preparación al 150º de la primera expedición misionera:

“Este año esta fiesta del gracias está marcada por la estela larga de la canonización de Sor María Troncatti. He visto cómo las hermanas de Ecuador han hecho algo verdaderamente extraordinario: han llevado a la Madre desde Los Andes a la costa, a la selva; creo que ha sido una hermosa empresa misionera. Pero también por cómo el Instituto está viviendo este evento. Me han gustado dos acentuaciones que habéis dado en todo el mundo: el aire eclesial y de Familia Salesiana. Es decir, no un hecho privado solo del Instituto; no, la santidad pertenece a la Iglesia. Y es hermoso precisamente tener esta conciencia y vivirla con este espíritu”.

Al terminar la homilía, con una bellísima oración de Sor María Troncatti, alentó a cada una a ser mujeres que agradecen a Dios en lo cotidiano: “Te doy gracias, Señor, por haberme hecho salesiana, cristiana y cocinera en la casa madre de María Auxiliadora”.

Canto, poesía y colores se entrelazaron durante el almuerzo, para subrayar la riqueza, la misionariedad y la interculturalidad del Instituto en los diversos continentes, como un himno de alabanza por el servicio de animación de Madre Chiara y de su Consejo. Sor Carla Castellino, Directora de la Comunidad, ofreció a la Madre unos obsequios en señal de gratitud por el don de su presencia en medio de la Comunidad. La Madre, a su vez, entregó a cada una un rosario con la imagen de María Auxiliadora y de Santa María Troncatti, invitando a acoger la profecía de la Virgen de Fátima y a rezar incesantemente por la unidad y la paz en el mundo.

La Madre: “Misionera en todas partes”

Por la tarde, la Casa Generalicia se transformó en un auténtico lugar de fiesta salesiana, una animada “selva” ambientada por ocho etnias indígenas americanas —Navajos, Mayas, Nahua-Pipiles, Taínas, Quechuas, Yanomamis, Wayúu y Mapuches— dispuestas a contribuir al espíritu de familia, a la interculturalidad y al crecimiento comunitario. La experiencia vivida juntas fue el “gracias” concreto a Madre Chiara, que se hizo “misionera en todas partes”, representando al pueblo indígena Shuar y visitando los diversos puestos con juegos, incluso de mesa, con espontaneidad y alegría.

A la llegada de la Madre, cada etnia la acogió con un lema de felicitación, expresado también a través de pequeñas banderas de todos los países pegadas en su hábito como signo concreto de afecto y reconocimiento por su misión de unidad en el Instituto y como compromiso de oración por la paz y la misión de cada Hija de María Auxiliadora.

“Ha sido una hermosa recreación salesiana, me he divertido mucho”, fue la expresión de Madre Chiara al final de la jornada. En sus palabras a la Comunidad, subrayó la belleza educativa de saber agradecer, reafirmando al mismo tiempo la importancia de vivir el espíritu de familia y de ser comunidades vocacionales:

“Yo creo que es bueno para nosotras conservar en el corazón estos momentos como una posibilidad: es posible vivir también estos momentos en las comunidades. ¡Es posible! Quizás a veces tenemos el temor de ‘perder tiempo’ por estar juntas, pero si no se da tiempo, el espíritu de familia realmente no crece.

La segunda cosa es este hecho de ser comunidades vocacionales. No es solo invitar a las jóvenes a tener una experiencia —eso es muy importante y nosotras debemos tener nuestras casas abiertas para dar la posibilidad a los jóvenes de experimentar nuestra vida tal como es— sino que lo primero es ser cuidar de la fidelidad las unas de las otras. No cuido vigilando todo lo que la otra hace, no es eso, sino el ser fraternidad, el ser una presencia que cuida, que se da cuenta, que reza, que sostiene, que dedica palabras buenas, que anima”.

La hermosa tarde concluyó compartiendo una rica merienda, junto a los alegres relatos de las diversas experiencias vividas, también junto con las Consejeras generales residentes que participaron. Y mientras las luces se apagaban y cada cosa volvía a su sitio, quedaba encendido en el corazón el compromiso de cuidar de la fidelidad las unas de las otras. Una jornada que marca en cada una un nuevo impulso para caminar juntas y llenar de Agua Viva las tinajas de la comunidad, para hacer que la fiesta de la paz, de la unidad y de la fraternidad no termine nunca.

Fotos: FlickrFMA

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