Madrid (España). Del 21 al 23 de febrero, en la Casa de Madrid El Plantío, de la Inspectoría María Auxiliadora (SPA), se celebró el encuentro de formación de la Familia Salesiana titulado: «Juntos como Familia Salesiana, testigos de esperanza».

Más de 30 representantes de los Grupos de la Familia Salesiana – delegadas FMA y laicos – se reunieron para profundizar en las líneas de animación y acompañamiento en la Familia Salesiana a partir del informe final del Sínodo de los Obispos, el Jubileo y el Aguinaldo 2025.

Fue una oportunidad para compartir los proyectos de las diversas Asociaciones, en un diálogo abierto con Sor Lucrecia Uribe, Delegada Mundial para la Familia Salesiana, que vino de Roma. También estuvo presente la Inspectora, Sor María Rosario Ten Soriano.

El encuentro comenzó el día 21 con la oración junto a los y las jóvenes en formación – Noche de Arte y Oración – en el Colegio María Auxiliadora de Villaamil. Fue una oportunidad preciosa para acompañar con la oración y conocer a sor Sofía Parra, FMA, que al día siguiente haría sus votos perpetuos.

El sábado 22, en la Casa Inspectorial de Madrid Villaamil, fue por tanto un gran día de fiesta, con la Profesión Perpetua de Sor Sofía, un tiempo para dar gracias a Dios por las vocaciones de uno de los Grupos de la Familia Salesiana. Sin duda, fue un gran regalo poder participar en un momento tan importante para el Instituto.

La jornada continuó con reflexiones y dinámicas a cargo de Sor Lucrecia Uribe sobre los temas del encuentro.

Finalmente, el domingo, después de la animada velada lúdica del día anterior, tuvo lugar un intenso momento de compartir sobre la vida de los diferentes Grupos – Salesianos Cooperadores, Exalumnas FMA y ADMA – del que surgieron los variados frutos que ponen de relieve los procesos de reflexión, animación y acompañamiento en las Asociaciones laicales.

«Anclados en la esperanza, peregrinos con los jóvenes, dejemos que el Espíritu Santo actúe y nos llene de esperanza para seguir transmitiendo los valores que nos fueron donados en el Bautismo, para reavivar la esperanza, estimular la confianza y sanar las heridas para reavivar aquellos sueños que no son sino, que un signo de sinodalidad. Juntos tenemos la misión propia de nuestro carisma, siempre entre los jóvenes y los más desfavorecidos, donde recogemos los frutos de haber sembrado alegría, felicidad y testimonio allí donde la vida nos pone», reflexiona un participante.

El encuentro concluyó con el augurio de «seguir caminando juntos para ser cada vez más una profecía y un don para la Iglesia».

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