Roma (Italia). Del 6 de octubre al 7 de noviembre de 2025 se llevó a cabo, en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, el XXVII Curso de Formación Permanente de Pastoral Misionera, al que asistieron 22 misioneras Hijas de María Auxiliadora (FMA) provenientes de diversas naciones: Alemania; Bélgica; Brasil; Corea; Cuba; Ecuador; Etiopía; India; Islas Salomón; Italia (Lombardía); Kenia; Papúa Nueva Guinea; Perú; Sri Lanka; Siria; Hungría; España; Timor Oriental.
Durante las cinco semanas de duración del Curso —de lunes a viernes, para un total de 400 horas— las participantes pudieron recibir de diversos Docentes una formación teológico-espiritual, en un clima de fraternidad y comunión. Así, las misioneras tuvieron la oportunidad de reflexionar, actualizarse y reavivar el compromiso para ir al encuentro de los desafíos que propone la misión, a través de una lectura contemporánea de la existencia humana en su dimensión socio-cultural, religiosa y antropológica.
El grupo también tuvo el privilegio de participar en la Celebración de la Canonización de Santa María Troncatti (19 de octubre) y de vivir algunas experiencias extra académicas muy significativas, tales como:
- La visita a la realidad migratoria de los Padres Scalabrinianos en la Iglesia de Jesús Redentor.
- El encuentro con la Comunidad de Sant’Egidio.
- La Visita al Borgo Laudato Si’ en Castel Gandolfo.
- La visita a la sede central de las Pontificias Obras Misionales (PP.OO.MM).
- La visita al Museo Don Bosco y a la Basílica del Sagrado Corazón de los Salesianos de Don Bosco en Roma.
- La peregrinación tras los pasos de San Francisco en Asís.
- La visita a los locales de la Postulación General Salesiana en la Comunidad SDB “Zeffirino Namuncurá” en Roma.
La Superiora General del Instituto FMA, Madre Chiara Cazzuola, al encontrarse con las misioneras, las invitó a reflexionar sobre la capacidad de “reavivar el fuego” de la pasión misionera que caracterizó a los Fundadores, en este tiempo particular en el que se preparan para el 150º aniversario de la primera partida misionera FMA (14 de noviembre de 1877), ocurrida dos años después de la primera expedición misionera de los Salesianos de Don Bosco (11 de noviembre de 1875):
“Como Instituto queremos recorrer un itinerario personal y comunitario de conversión del corazón y de gratitud al Señor por las maravillas obradas en nuestra humilde, pero valiente historia misionera.
En este punto de nuestro camino, como Hijas de María Auxiliadora, es vital y urgente despertar el fuego de la misionariedad, característica peculiar de nuestra identidad carismática.
Conscientes de que no se trata solo de hacer cosas, o realizar actividades, acogemos la invitación del Papa Francisco: «Hoy, en este ‘vayan’ de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos estamos llamados a esta nueva ‘salida’ misionera».
Estamos convencidas de que la primera forma de misionariedad es ayudar a los/as jóvenes a hacer experiencia de “casa”, y esto nos compromete a todas y a todos a crear un clima de familia, a darles un lugar en el que puedan encontrarse, sentirse amados, valorados, donde puedan construir sanas relaciones, soñar, ser acompañados, poder discernir el designio de Dios sobre su vida y poder mirar el futuro con esperanza.
El estilo misionero salesiano, transmitido por Don Bosco y por Madre Mazzarello, se caracteriza por la dimensión comunitaria, la amabilidad, la disponibilidad, la alegría, la creatividad, la valentía y el espíritu de donación sin medida y sin fronteras, por la indomable pasión educativa y por la pasión por la salvación de las almas.
En este Trienio de preparación para el 150º aniversario de la primera partida misionera de las FMA, intensifiquemos nuestra oración por las vocaciones a la vida consagrada en nuestro Instituto, por la vocación al voluntariado de los jóvenes y de las familias tanto en la misión ad gentes, como en la inter gentes”.
Este tiempo vivido por las misioneras en la Casa Generalicia de Roma ha sido, por lo tanto, un don para tomar conciencia de su ser misioneras ad gentes, además de una experiencia de internacionalidad vivida en el espíritu de familia, hecha de hospitalidad, solidaridad y compartición, incluso con las Consejeras generales y las colaboradoras de los Ámbitos, para conocer y apreciar aún más el trabajo que cada hermana ofrece por el entero Instituto y por el mundo.
El deseo para las misioneras es que regresen a sus tierras regeneradas en el espíritu carismático y en el ardor, para poder seguir siendo misioneras de esperanza y de paz para quienes las encuentren.


















