Roma (Italia) El domingo 19 de abril de 2026 tuvo lugar el cuarto encuentro de la Peregrinación online del Proyecto de Espiritualidad Misionera (PEM), organizado por el Ámbito para las Misiones del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora en colaboración con el Equipo del PEM, sobre los lugares del continente americano a donde llegaron las primeras FMA en 1877.
El recorrido, compuesto por ocho etapas, se sitúa en el camino del Trienio de preparación al 150° de la Primera Expedición Misionera (2024-2027) bajo el tema “Ahora es el tiempo de reavivar el fuego – 150° de las misiones FMA”, con el objetivo de “celebrar con corazón agradecido el ardor misionero del Instituto para reavivar en el hoy de la contemporaneidad el impulso profético de nuestro carisma como don a la Iglesia y a la humanidad” (Circular n° 1038).
En los tres encuentros anteriores se presentaron: Villa Colón – Las Piedras en Uruguay, luego Almagro – La Boca y la Patagonia Norte: Fortín – Carmen de Patagones – Viedma en Argentina; mientras que el 19 de abril se destacó la fuerza contagiosa de una comunidad de Misioneros/as de Junín de los Andes que inspiran con su testimonio, despertando deseos de santidad que florecen en los jóvenes de la Patagonia: la Beata Laura Vicuña y el Beato Ceferino Namuncurá.
La ciudad de Junín de los Andes se encuentra a 780 metros sobre el nivel del mar, entre lagos y montañas al suroeste de la provincia de Neuquén, Argentina. A la llegada de los primeros Salesianos encabezados por el padre Domenico Milanesio en 1892, el pueblo contaba con poco más de 400 personas. Parte del edificio construido en Junín por los Salesianos fue reservado para la Comunidad de las Hijas de María Auxiliadora, que el padre Milanesio había solicitado a la Inspectoría de Chile, debido a que la Visitaduría de Viedma estaba mucho más lejos y el traslado habría sido demasiado fatigoso.
El 28 de noviembre de 1897, el Salesiano partió hacia Santiago de Chile para ir a su encuentro. Solo el 29 de enero de 1899, después de muchas vicisitudes y un largo y penoso viaje a través de la Cordillera que duró nueve meses, llegaron a Junín de los Andes sor Angela Piai, sor Rosa Azócar y la joven postulante Carmen Opazo, para ocuparse de las labores domésticas, la cocina, la lavandería y un pequeño internado y escuela para las niñas más pobres, especialmente para las indígenas de la zona.
La Comunidad de las FMA, con gran dignidad, superó las numerosas dificultades e incertidumbres que la vida aislada, lejos de cualquier centro urbano y sin recursos para satisfacer las necesidades básicas, les planteó al inicio de la misión en Junín. La comunidad fue capaz de crear un ambiente familiar y acogedor para muchas niñas y mujeres desesperadas, necesitadas de protección en aquellas lejanas tierras de montaña. En este lugar, donde faltaba mucho, pero no faltaba nada para quien quería ser santa, maduraría la santidad heroica de Laura Vicuña Pino, quien sería acogida junto a su hermana Amanda al año siguiente de la fundación del Colegio.
Sor Ruth del Pilar Mora, Consejera General para las Misiones, en su saludo inicial, instó a todos/as los/las participantes del Peregrinación a reflexionar sobre el testimonio y la fuerza contagiosa de la comunidad:
“Es precisamente en un ambiente educativo así, rico en relaciones auténticas, de fe vivida con sencillez y de amor concreto, donde han brotado experiencias luminosas de santidad juvenil y misionera. Pensemos en Laura Vicuña y en Ceferino Namuncurá. Su santidad no nace de gestos extraordinarios, sino de un contexto educativo capaz de transmitir el Evangelio con la vida. Ambientes en los que se respiraban valores humanos profundos y una fe sencilla, testimoniada por educadores y comunidades que vivían lo que anunciaban.
El testimonio del ambiente salesiano preparó el terreno para que la semilla de la gracia pudiera crecer. Es allí donde Laura aprendió a dar su vida con amor; es allí donde Ceferino maduró el deseo de seguir a Jesús con corazón puro y espíritu misionero. La comunidad fue para ellos lugar de acompañamiento, de discernimiento y de santidad posible”.
La Consejera concluyó deseando: “a cada una de nuestras comunidades educativas que se redescubran como lugar de testimonio misionero, donde el amor vivido juntos se convierte en anuncio y la comunión se transforma en fuerza contagiosa. Que nuestro modo de vivir juntos continúe preparando el corazón de tantos jóvenes y familias al encuentro con el Señor y genere, todavía hoy, caminos de santidad cotidiana. Buen camino misionero a todos”.
El evento —animado por las hermanas del Ámbito para las Misiones, los miembros del Global Missio Team, las hermanas de la Comisión del 150° de la Primera Expedición Misionera y del Equipo PEM— contó con la participación de diversas Comunidades Educativas de todos los continentes, quienes sintieron vivo el deseo de ser comunidades misioneras, testigos creíbles de que el Evangelio da sentido y sabor a toda vida humana más allá de cualquier circunstancia.
La Peregrinación online del PEM continuará en octubre para concluir a finales de noviembre 2026.


















