Turín (Italia). El 16 de enero de 2026 en Valdocco, Turín —tras la introducción al Aguinaldo por parte del Rector Mayor, don Fabio Attard, en la jornada inaugural previa – los trabajos de las Jornadas de Espiritualidad de la Familia Salesiana han entrado de lleno con la profundización en el tema “Haced lo que Él os diga” – Mirar y Escuchar.
En la mañana, a partir de la lectio divina guiada por el diácono turinés Paolo De Martino sobre el pasaje evangélico de las bodas de Caná (Jn 2,1-11), los participantes se dividieron en grupos por idiomas para continuar reflexionando sobre estos temas, guiados por algunas preguntas, para luego llevar al Salón Teatro lo compartido en los grupos, en forma de una sugerente oración comunitaria presidida por don Guido Errico, SDB, y guiada por sor Leslie Sándigo, Consejera general para la Familia Salesiana. (video)
A primera hora de la tarde, los miembros de la Familia Salesiana tuvieron la oportunidad de visitar la exposición “Las alas de Sor María Troncatti” sobre la nueva Santa de la FS y de profundizar en otras figuras de santidad salesiana. Se reunieron de nuevo en el Teatro para la intervención de sor Francesca Caggiano, Hija de María Auxiliadora, vicepostuladora de la Causa, sobre “La fe apostólica de Santa María Troncatti”.
La intervención fue introducida por el video Se cambiará en alegría resumen de su vida, producido por el Ámbito para la Comunicación y disponible en varios idiomas en el canal de YouTube del Instituto de las FMA.
Sor Francesca, con pasión y profundo conocimiento de la Santa, habló después de la existencia de Sor María como la de “una creyente que con total dedicación se puso al servicio de la misión evangelizadora y educativa del carisma salesiano, llevando el ‘vino bueno’ de la fe a esa tierra de frontera del oriente amazónico mediante la educación y el cuidado de los cuerpos y de las almas. (…)
Su vida, sin duda alguna, puede leerse en filigrana a la luz del Aguinaldo de este año: ‘Haced lo que Él os diga’. Creyentes, libres para servir. Una vida que se desarrolló en el dinamismo que emerge de este primer signo de Jesús: la fe, la libertad y el servicio.
Podemos comparar a nuestra Santa con la Virgen María: como Ella, no es indiferente a la falta del vino de la vida y del respeto a la dignidad de las personas, y como Ella pide a Jesús, con su fe sólida y con la oración incesante, que intervenga mientras ella misma se pone en acción. La vemos como sierva fiel y feliz que se pone a la escucha del mandato de María a los sirvientes: ‘Cualquier cosa que os diga, hacedla’, y presenta libremente y con confianza a Jesús las ánforas vacías de la difícil misión, segura de que Él hará el milagro de una paz duradera y de un vigorización de la vida cristiana.
La vislumbramos, radicada en la fe, presente en ese ‘tercer día’ de las bodas de las que habla el Evangelio de Juan, es decir, dentro de la historia donde Jesús —con quien tenía una relación totalizadora— llegada ‘su hora’, se mostró como Hijo de Dios vivo y operante. Y, además, a imitación de la Virgen, sor María se convierte en ‘sierva del Reino’ cuyo vino bueno debía hacerse don generoso porque no era para sí, sino que era un don para distribuir hasta la última gota, en la laboriosidad y en la oración por sus propios ‘compañeros de viaje’”.
A través de diversos episodios de la vida de esta gran misionera, sor Francesca resaltó la gran fe que la sostenía en su labor, que la llevó al abandono, a la entrega total, a la obediencia generosa a la Providencia que se manifestaba en los acontecimientos; ella encontraba a Dios en las personas a las que debía ayudar y concluyó así:
«El Rector Mayor, llegando a la conclusión del Aguinaldo, afirma: «Como María en Caná, nosotros educadores y educadoras en la fe estamos llamados a testimoniar a Cristo ante los jóvenes no como ‘objeto’, sino como relación liberadora; a proponer la vida cristiana no como reglas a seguir, sino como plenitud de vida ofrecida gratuitamente. ‘Haced lo que Él os diga’ no es una invitación a la obediencia ciega, sino a la libertad responsable comunicada por quien ya ha encontrado y experimenta el Amor y desea compartirlo, porque en Él está la vida verdadera».
Así Santa María Troncatti, con su fe apostólica, nos ha guiado. Con la luminosidad de su testimonio nos ha mostrado que la fe es una comunión profunda con Cristo vivo: un encuentro personal en la oración; una convocatoria laboriosa en la fe en los pliegues de la historia que espera siempre, antes de actuar, el ‘primer paso de Dios’ en sus mediaciones ordinarias y extraordinarias; una llamada a acoger con libertad; un servicio generoso a vivir en la alegría; una sed de sentido que suscitar y orientar hacia Jesús vivo; y una nostalgia de Dios que hacer emerger en el corazón de los jóvenes y acompañarla hasta su maduración, si ellos ven nuestros ojos enamorados y llenos de luz”.


















