Roma (Italia). El 6 de enero de 2026, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa León XIV ha cerrado la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro –la primera abierta y la última cerrada de las cuatro Basílicas papales de Roma– concluyendo oficialmente el Jubileo ordinario de 2025.

Acompañado por el himno “Peregrinos de esperanza”, el Santo Padre se dirigió en procesión ante la Puerta Santa abierta, donde dirigió el saludo litúrgico con una fórmula que sirvió de síntesis a este momento solemne: “como peregrinos de esperanza hemos buscado la vía de la vida a la luz de la Palabra de Dios y de su misericordia sin límites. El pan descendido del cielo ha sostenido nuestro camino, el amor de Cristo nos ha impulsado a la conversión, a la fraternidad, a la búsqueda de la justicia y de la paz. Con ánimo agradecido nos disponemos a cerrar esta Puerta Santa, cruzada por una multitud de fieles, seguros de que el Buen Pastor mantiene siempre abierta la puerta de su corazón para acogernos todas las veces que nos sintamos cansados y oprimidos”.

Después del Te Deum y al término del canto de la antífona –“Oh Llave de David, cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir: ven, libera al hombre prisionero, que yace en las tinieblas y en la sombra de muerte”– el Papa León se acercó al umbral y se arrodilló. Luego, en un silencio cargado de emoción, se levantó y cerró los batientes.

En los ojos y en el corazón de quienes estaban presentes, y de los miles de fieles conectados a través de los medios, estaban inevitablemente las imágenes del gesto de apertura realizado por el Papa Francisco –no de pie, sino sentado, en silla de ruedas– que el 24 de diciembre de 2024 había conmovido tanto al mundo.

Durante la homilía de la Celebración Eucarística, que siguió al rito de Clausura de la Puerta Santa, el Papa León comparó la experiencia de la peregrinación jubilar con la de los Magos:

“La Puerta Santa de esta Basílica, que, última, hoy ha sido cerrada, ha conocido el flujo de innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, en camino hacia la Ciudad de las puertas siempre abiertas, la nueva Jerusalén (cfr. Ap. 21, 25). ¿Quiénes eran y qué los movía? Nos interroga con particular seriedad, al término del Año jubilar, la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos, mucho más rica de lo que quizás podamos comprender. Millones de ellos han cruzado el umbral de la Iglesia. ¿Qué han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué correspondencia? Sí, los Magos existen todavía. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje, que en un mundo atribulado como el nuestro, por muchos aspectos rechazante y peligroso, sienten la exigencia de ir, de buscar”.

El “flujo de innumerables peregrinos de esperanza” fue cuantificado por Mons. Rino Fisichella, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, quien en la Rueda de Prensa del 5 de enero en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, junto a otras autoridades involucradas en la maquinaria organizativa, entre ellas el Alcalde de Roma Roberto Gualtieri, trazó un “Balance del evento jubilar”:

“El mundo entero ha llegado a Roma: de nada menos que 185 países han llegado los peregrinos”. Han participado en los eventos jubilares “33 millones y 475.369 peregrinos, que han traído consigo las esperanzas y las expectativas propias de cada uno. Las previsiones de 31 millones 700 mil hechas antes del Año Santo han sido egregiamente superadas”. De estos, 13 millones eran jóvenes.

Notable, aunque difícil de cuantificar, fue también la participación de las Hijas de María Auxiliadora en los diversos Jubileos y peregrinaciones a las Puertas Santas, inauguradas por la peregrinación de Madre Chiara Cazzuola con el Consejo General, el 26 dicembre 2024, en la Puerta Santa de San Pedro, a solo dos días de la apertura.

Las FMA de todo el mundo llegaron a Roma con los jóvenes, con las Comunidades Educativas, con grupos de laicos y miembros de la Familia Salesiana para vivir los extraordinarios momentos de los Jubileos particulares, muchos de los cuales han sido relatados y documentados en el sitio web del Instituto.

A las Comunidades que no pudieron llegar a Roma no les faltó, sin embargo, la creatividad para animar y hacer resonar en sus propias realidades –con peregrinaciones a las Puertas Santas locales, celebraciones, jornadas formativas e iniciativas varias– los temas jubilares y sobre todo el deseo de conversión personal y comunitaria que desde hace siglos trae consigo este gran evento de Iglesia. Una experiencia que no termina aquí, como recordó el Papa León en la homilía del 6 de enero:

“Lugares santos como las Catedrales, las Basílicas, los Santuarios, convertidos en meta de peregrinación jubilar, deben difundir el perfume de la vida, la impresión imborrable de que otro mundo ha comenzado. Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para lo que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que vuelve a ponernos en camino?”.

Son preguntas que acompañarán el camino de la Iglesia hasta el próximo Jubileo, presumiblemente en 2033, en el aniversario que marca los 2000 años de la Redención, que el Papa León XIV ha expresado la intención de celebrar en clave ecuménica.

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