Roma (Italia). La Superiora General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Chiara Cazzuola, inicia la Circular n.º 1050 compartiendo la experiencia vivida en el Congreso Internacional de la Confederación Mundial Mornese de Exalumnas y Exalumnos de las Hijas de María Auxiliadora, dal tema “No nos dejemos robar la esperanza» (EG 86), celebrado en Sacrofano (Roma) del 25 al 29 de mayo de 2025. Destaca de manera particular el espíritu de familia originado por el afecto, la acogida amorosa y la dedicación incondicional que se respiraba en las Comunidades Educativas de las FMA:
«De aquella experiencia rica en humanidad, lo que estas mujeres y hombres –madres, padres, profesionales, educadoras, educadores– llevan en la mente y en el corazón es el afecto sincero, el espíritu de familia respirado y vivido hasta identificarse plenamente con el ambiente en el que crecieron. Es precisamente este elemento el que ha calado en su corazón y en su vida: la experiencia de una humanidad que genera vida, que sabe compartir, sacrificarse, acoger con estima y respeto, en la comunidad y en medio de los jóvenes, como subraya el artículo 50 de nuestras Constituciones».
Escuchando la solicitud de una hermana – «Ayúdanos a volver a una verdadera vida comunitaria; estamos perdiendo la humanidad y la alegría de la vida fraterna» – la Madre Chiara propone a la reflexión común algunas preguntas: ¿De verdad estamos perdiendo la humanidad? ¿De verdad estamos perdiendo la alegría de la vida comunitaria?
La fuerza de la mansedumbre
La «pérdida de humanidad» es uno de los riesgos que la Madre ve más próximos en la cultura contemporánea: ¿es quizás el riesgo que puede entrar también en nosotras, en nuestra vida personal y comunitaria, a veces contaminada por la cultura actual, tendencialmente centrada en el individualismo, en la fuerza y a menudo en la prepotencia del individuo, en detrimento del bien de una comunidad, sea cual sea?
En el mes de junio, en el que la liturgia ofrece las dos grandes solemnidades del Cuerpo y la Sangre de Cristo y del Sacratísimo Corazón de Jesús, que «expresan el amor absoluto de Cristo que se entrega totalmente a la humanidad», llama la atención sobre la mansedumbre, como «estrategia ganadora» ofrecida por Jesús y como «tierra a conquistar»: «¡No hay ‘tierra’ más hermosa que el corazón de las personas, no hay territorio más bello que conquistar que la paz reencontrada con un hermano, con una hermana. ¡Esta es la ‘tierra’ que se hereda con la mansedumbre!».
Madre Chiara describe la mansedumbre –definida también como exquisita «gentileza»– como una virtud que, ante todo, «no es debilidad, no es resignación o renuncia, sino voluntad de involucrarse como personas»; una virtud que se aprende, en la que se crece y se ejercita la conquista, en un camino de libertad interior «que permite mirar y afrontar la realidad y a las personas sin prejuicios y con amor sincero», trascendiendo «las lógicas de acción y reacción del Mal».
Después de citar las palabras del Cardenal Carlo Maria Martini y del Papa Francisco, se detiene en las pronunciadas por el Papa León XIV el 8 de mayo de 2025, día de su elección como Sucesor de Pedro, en las que habló de la necesidad de «una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que solo puede nacer de una perspectiva de respeto y de diálogo, reconociendo al otro el derecho a ser lo que es».
En un mundo cada vez más caracterizado por la velocidad, la competición y la agresividad, a veces alimentada por las redes sociales, y por la falta de reflexión, la Madre indica, por tanto, la mansedumbre como un recurso indispensable, aunque a veces subestimado. «Parece paradójico, pero es precisamente en este contexto donde la gentileza adquiere un valor revolucionario: no es solo una cuestión de buenas maneras, sino que se convierte en un compromiso consciente para mejorarse a uno mismo y a la sociedad».
Testigos fieles de la mansedumbre evangélica
Son varios los testigos de mansedumbre evangélica que la Madre propone, comenzando por María, «mujer mansa» por excelencia que «armoniza admirablemente la virtud de la fortaleza con la de la mansedumbre» sin desfallecer nunca, ni siquiera bajo la Cruz. Con ella, José es ejemplo de un carácter forjado por la paciencia.
Y también Don Bosco practicó la mansedumbre como componente fundamental de su sistema educativo –fundado en razón, religión y amabilidad– aprendiendo seguramente de mamá Margarita «a vivir la mansedumbre y la ternura, dejando que la gracia de Dios moldeara su carácter enérgico y fogoso».
De la misma manera, Madre Mazzarello, con la ayuda de Don Pestarino, «se confía al Espíritu Santo para que la guíe en el trabajo de superación y purificación de su temperamento fuerte, orgulloso y tendente a la impaciencia, hasta dejarse transformar en una persona mansa y humilde», para acoger y vivir el desarrollo del Carisma en femenino.
No puede faltar el ejemplo de la Sor María Troncatti, próxima a la canonización, en quien se manifiesta «la capacidad de vivir la mansedumbre como don total de sí, en el servicio humilde, paciente e incansable a hermanos y hermanas shuar y colonos».
«Son ejemplos que nos ayudan a redescubrir los valores que no debemos perder de ninguna manera y nos animan a seguir adelante para realizar una auténtica fraternidad, avivar con alegría nuestra pertenencia a un carisma que hoy es más actual que nunca. No podemos echarnos atrás, todas estamos llamadas a testimoniar una humanidad que genera vida y vida en abundancia«, concluye la Madre.
Concluye la Circular, junto con toda la Familia Salesiana, la Madre expresa, en la fecha del onomástico de Don Bosco, 24 de junio, «los afectuosos augurios al Rector Mayor Don Fabio Attard, a quien encomendamos a María Auxiliadora, para que bendiga y sostenga su vida y su misión».
Finalmente, desde Cesuna, en la provincia de Vicenza, donde se encuentra con las hermanas del Consejo General para los ejercicios espirituales, «gracias a la acogida fraterna y afectuosa de la Inspectoría Triveneta Santa María Doménica Mazzarello (ITV)», asegura el recuerdo y la oración, «sobre todo por las comunidades que viven en situaciones de guerra, sufrimiento, persecución y pobreza».


















