Roma (Italia). El 29 de mayo de 2025, 40 días después de Pascua, se celebrará el 24º Día Internacional de la Educación Católica, establecido en 2002 por el Congreso de la OIEC (Oficina Internacional de la Educación Católica) celebrado en Brasilia, para llamar la atención sobre la contribución que las instituciones educativas pueden ofrecer al desarrollo global y a la promoción de una cultura de paz y fraternidad.

«Hacia un pacto educativo glocal, generador de esperanza» es el tema del webinar promovido por la OIEC, que se llevará a cabo el 29 de mayo, y contará con la participación de Juan Antonio Ojeda Ortiz, consultor del Dicasterio para la Cultura y la Educación, responsable de los proyectos de la OIEC, y Shaira Ann Ocampo, miembro del Consejo Global de la Juventud, quienes serán presentados por Hervé Lecomte, secretario general de la OIEC.

El evento representa una oportunidad para reflexionar sobre el papel fundamental de la educación católica en la construcción de un futuro mejor, basado en la esperanza, la solidaridad y una visión glocal de educación. La educación católica se configura como un espacio donde se encuentran constructores del futuro comprometidos a moldear una sociedad más justa y fraterna.

Educar es un acto de Esperanza.

En un mundo que cambia rápidamente, la educación se convierte en el camino a través del cual transformar los desafíos en oportunidades, haciendo crecer la esperanza y preparando a los jóvenes para convertirse en adultos responsables. La esperanza y la educación caminan juntas, abriendo horizontes y renovando la mirada, incluso en medio de las dificultades del presente.

El Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, con su carisma educativo, ha tenido desde sus inicios un cuidado particular por la formación de los educadores. En los primeros años después de la Fundación —finales del siglo XIX y XX— se abrieron numerosas Escuelas Normales, muchas de las cuales siguen activas en diferentes países, dedicadas a la formación de educadores para niños, adolescentes y jóvenes.

Posteriormente, se iniciaron programas de formación a través de las Facultades de Ciencias de la Educación, todavía operativas en varias naciones, donde se forman numerosos educadores cristianos, comprometidos en una misión educativa inspirada en los valores evangélicos. Hoy son 42 las Instituciones de Estudios Superiores que, en su gran mayoría, se dedican a la formación de educadores.

Ser educador significa ser «peregrino en el mundo de la educación», caminando entre desafíos y éxitos, luces y sombras. Como peregrinos, se está llamado a habitar este espacio con una actitud de búsqueda y de transformación, ampliando los horizontes para todos, hacia un futuro más humano y solidario. La educación, de hecho, no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que es un acto que desafía las convenciones y crea nuevas posibilidades, cultivando semillas de esperanza.

La verdadera esencia del acto educativo reside en la confianza en el potencial del otro. Es un proceso que prepara para el futuro, alentando los talentos a florecer y fortaleciendo la confianza en el mañana. Cada educador se convierte, así, en un testigo de esperanza, llevando adelante una misión que cree en la vida, en el bien y en la posibilidad de cambio.

Cada gesto educativo se convierte, por lo tanto, en un signo de confianza en la humanidad y en el poder transformador del aprendizaje. Los educadores están llamados a ser signos vivos y testigos de esperanza, tanto en el presente como en la construcción de un futuro más justo y fraterno. Cada encuentro educativo, cada desafío superado, se convierte en un paso hacia un mundo mejor, un mundo que nace de la confianza en las nuevas generaciones.

El Papa León XIV, dirigiéndose a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, el 15 de mayo de 2025, alentándolos a seguir manteniendo viva la atención hacia las escuelas, la formación de los docentes y la creación de comunidades educativas en las que el esfuerzo didáctico se enriquezca con la contribución de todos, dejó algunas preguntas:

«¿Cuáles son, en el mundo juvenil de nuestros días, los desafíos más urgentes que afrontar? ¿Cuáles los valores a promover? ¿Cuáles los recursos con los que contar?

Los jóvenes de nuestro tiempo, como los de toda época, son un volcán de vida, de energías, de sentimientos, de ideas. Se ve por las cosas maravillosas que saben hacer, en tantos campos. Pero ellos también necesitan ayuda, para que tanta riqueza crezca en armonía y para superar lo que, aunque de manera diferente al pasado, aún puede impedir su sano desarrollo

Invitación al webinar

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