Roma (Italia). La solemnidad litúrgica de María Auxiliadora, que se celebra el 24 de mayo de 2025, es un poco como el «día de la madre» de toda la Familia Salesiana.
Para las Hijas de María Auxiliadora, queridas por Don Bosco como «monumento viviente» de su gratitud a Aquella que «lo ha hecho todo» en su vida, esta fecha está ligada a su propia identidad. Imitan a María, inspiradora del Instituto, Maestra y Madre, para ser como ella «auxiliadoras» sobre todo entre las jóvenes, como sugiere el artículo 4 de las Constituciones. Si se revisan los apuntes biográficos y las Crónicas de las Casas de las Hijas de María Auxiliadora, innumerables son los episodios en los que el recurso a la ayuda potente de María ha resuelto situaciones desagradables, ha protegido de peligros y calamidades, ha curado cuerpos y almas.
También Sor María Troncatti (1883-1969) vivió una singular experiencia de la protección de María Auxiliadora. En Varazze, Liguria, donde se encuentra entre 1909 y 1918, vivió un período determinante para la recuperación de la salud, que tantos problemas le había dado en los años anteriores, pero también para dos eventos que tuvieron un significado relevante para ella: la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en la que Italia intervendría a partir del 24 de mayo de 1915, y el violento nubarrón que provocó inundaciones afectando particularmente a Varazze.
La Crónica de la Casa cuenta que el 25 de junio de 1915 la lluvia torrencial no cesaba. Se difundió la noticia de que el torrente Teiro había desbordado. Sor Chiara Novo y Sor María, recién llegadas del curso de enfermería, estaban almorzando en la planta baja, mientras los niños y las educandas fueron llevados al primer piso por las hermanas. La sacristana corrió a la sacristía para salvar los vasos sagrados. Dos fueron con ella, exhortándola a darse prisa. Pero ella decía: «Oh, antes de que el agua llegue aquí… me salvaré por el lado del patio». La calle, más allá del muro de cerramiento, se había convertido en un río desbordado: transportaba muebles, ganado, troncos. La directora había subido al primer piso y preguntaba: «¿Estamos todas?». Los niños asustados repetían las invocaciones de su maestra: «Jesús, misericordia! María Ayuda de los cristianos, rogad por nosotros».
De repente, a lo largo del tramo de calle adyacente al Instituto, el muro de cerramiento se derrumbó por la furia de las aguas. El patio se convirtió en un mar tempestuoso. Sor María y Sor Chiara no tuvieron tiempo de salir de la habitación cuando el agua ya les llegaba a la cintura. Se subieron a la mesa que se balanceaba sobre el agua que seguía subiendo. Sor Troncatti creyó que su última hora había llegado. «Tú, sin embargo, debes ser misionera», le sugería una voz interior. El soliloquio se convirtió en oración: «María Auxiliadora, os prometo que si me salváis de esta inundación iré de misionera. Os lo prometo, pero salvad también a Giacomino», es decir, a su hermano que había partido a la guerra.
La mesa fue arrastrada fuera de la puerta y se encontró en el cruce de las corrientes. Las dos hermanas seguían invocando a María. Pero de repente su «balsa» se volcó y tuvieron el agua hasta el cuello. Sor María se sintió empujada contra la pared y tocó una persiana. Sin saber cómo, se trepó, se encontró en la última viga y pudo agarrarse a la barandilla de la terraza del primer piso. Estaba a salvo. Pero Sor Chiara se debatía desesperadamente para no ser arrastrada por la corriente. «No, Virgen, yo sola no…», murmuró Sor María. «Sor Chiara, agárrese a la persiana; haga como yo». Fueron momentos terribles. Una ola empujó a la hermana hacia la ventana, pero las fuerzas le flaqueaban. Sor María, sosteniéndose de la barandilla con una mano, alargó el otro brazo asomándose lo más posible: las dos estaban a un palmo una de la otra y no lograban tocarse. Finalmente, por un golpe de ola de retorno, Sor Chiara pudo agarrar la punta de los dedos de Sor María… y también ella se encontró de pie sobre la persiana.
Después de la inundación
Saltaron la barandilla, fueron a la tribuna de la iglesia: allí un grupo de hermanas intentaba salvar con sábanas atadas a la sacristana, que había quedado prisionera de las aguas. ¡Pero no fue posible! Cuando la crecida se retiró, Sor Maddalena Forzani fue encontrada muerta, con gran dolor de todas.
Muchos años después, el señor Cosimo Cossu, Salesiano Coadjutor, contaba: “El nombre de María Auxiliadora siempre estaba en sus labios, ¡pero al relatar los hechos de Varazze el nombre de María Auxiliadora tenía un sabor diferente! Había que escucharla: le daba una expresión tal que conmovía. (…) Ella vivía su devoción a la Virgen Auxiliadora, nos la inculcaba a nosotros, a los muchachos que se acercaba; pero la mejor parte era sin duda para las shuar del internado y para las hermanas”.
De hecho, la «Informatio super virtutibus» atestigua: «San Juan Bosco fue el heraldo, en su tiempo, de la devoción a María ‘Auxilio de los cristianos’. La Sierva de Dios asimiló este espíritu de filial devoción, que conoció a través del Boletín salesiano desde jovencita, luego con un conocimiento más convencido y pleno como religiosa, ostentando el título de hija de María Auxiliadora. Y cuando entró en las misiones del Oriente ecuatoriano, se puede decir que todo el Morona-Santiago fue felizmente contagiado”.
Una señora cuenta: «Sor María amaba mucho a María Auxiliadora: «Invoca a María Auxiliadora y verás la paz en casa» decía. Rezaba mucho en su pequeña habitación y decía: «Rezad mucho en vuestra habitación y Dios y María Auxiliadora os salvarán». Decía frecuentemente: «María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros». Siempre tenía en la boca: «Dios y María Auxiliadora»; y dirigiéndose a las madres, decía: «Siempre debéis confiar en María Auxiliadora»”.
Y otra testifica: “Recuerdo las palabras que nos dirigía cuando hablaba de María Auxiliadora, de las gracias y los favores que concede, de los milagros (…). Y cuando les daba [a los nativos o shuar] una imagen de María Auxiliadora decía: «Yo os curaré con los remedios, pero las verdaderas curaciones las hará María Auxiliadora: aquí tenéis la oración»».
Ante tal confianza, la Auxiliadora nunca dejó de manifestar, de un modo u otro, su ayuda potente.



















Aujourd’hui est un jour de fête. Aujourd’hui est un jour de joie. Que Marie auxiliatrice obtienne de Dieu notre Père l’amour, la fraternité et la paix pour l’Equateur et pour tous les pays du monde ! Vive Maria TRONCATTI qui, aujourd’hui, est proclamée SAINTE !
Sor Troncatti experimentó la protección especial y cercanía de María Auxiliadora a lo largo de su vida misionera. Que desde el cielo nos ayude a difundir esta devoción Salesiana y Eclesial. Saludos desde Ecuador.
Bellissima esperienza
Ho conosciuto Suor Maria Troncati a Sucua, in Ecuador. Mi è rimasta nel cuore. Ero nuovamente a Sucua quando appresi della sua morte. Mi è dispiaciuto tanto, ma so che la sua anima vive ed è vicina a Gesù. Mi piace pensare che è stata Maria Ausiliatrice ad accompagnarla in Paradiso. Era tanto tanto buona.