Roma (Italia). El 19 de marzo de 2026, Solemnidad de San José, es para el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora también la fiesta de su patrono. En la comunidad de Mornese, él era considerado una presencia paterna y fiable a la que acudir en cualquier circunstancia difícil.
En 1872, la Cronohistoria relata: “De Turín y de otros lugares llegan postulantes que deberían ensanchar el corazón; y lo ensanchan. Pero… todas pobres también ellas; de modo que el personal aumenta y los medios de subsistencia disminuyen. La renta segura no está sino en la confianza en María Auxiliadora, en el cada vez más querido ‘ecónomo’ san José y en la virtud y palabra alentadora de don Bosco”. (Cron. II, 14)
Y en 1875 se lee: “En este mismo día 10 [de marzo] se inicia la novena a san José y la madre aconseja a la comunidad hacerla muy fervorosa para obtener dos gracias: la mejoría, si es posible, de la buena sor Rosa Mazzarello, tan enferma; y que el próvido san José, aceptando el cargo de ecónomo del Instituto, ayude a pagar las deudas que cada día se hacen más grandes». (Cron. II, 128)
San José es nombrado “ecónomo” a quien las hermanas, ante la perenne falta de recursos económicos, se dirigían con confianza. Aunque en el Evangelio las referencias a esta figura son muy escasas y él no pronuncia ni una sola palabra, la Iglesia lo ha percibido como protector y custodio, tal como lo fue con Jesús y María.

Madre Daghero, en la última Circular que escribe antes de morir, invita: “Haremos asimismo lo posible por honrar particularmente al querido S. José en el mes a él dedicado. Un ramillete espiritual diario que propondremos también a nuestras alumnas y que nos esforzaremos en practicar con fidelidad y exactitud, nos mantendrá todo el mes en relación con el santo Patrono de la Iglesia Universal y de las familias religiosas. Él nos enseñará a vivir con Jesús en el silencio, en el recogimiento y en el trabajo de la Casa de Nazaret, donde los días transcurren llenos de alegrías ocultas y de santas obras”. (n. 90 del 24 de febrero de 1924)
Madre Luisa Vaschetti, Superiora general de 1924 a 1943 después de Madre Daghero, indica otra cualidad del Santo: “Estamos en el hermoso mes de S. José. Pienso que los Santos muestran todos un especial interés por las vocaciones, dado que cada uno de ellos ha seguido la propia, incluso a costa de grandes sacrificios. Pero S. José tiene además la tarea de quitar con su cepillo de maestro los nudos y las asperezas que pudieran tener las jóvenes que aspiran a la vida religiosa, para poder así conocerlas mejor y facilitar su formación, cosas estas esenciales. Roguemos también a este querido Santo por nuestras necesidades particulares, sobre todo para que nos obtenga un feliz encuentro con Jesús y María en la hora de nuestra muerte”. (Circ. 134, 24 de febrero de 1931)
San José fue también custodio de la vocación mesiánica de Jesús, acogiendo silenciosamente aquellas misteriosas preguntas suyas: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 49). Por ser custodio de la vida interior, San José es invocado para preparar una “buena muerte”. Como un buen padre, él es una referencia segura para vivir el paso final como vocación a la vida plena.
Madre Linda Lucotti, Superiora general de 1943 a 1957, en la Circular nº 274 del 24 de febrero de 1944, escrita mientras estaba evacuada en Casanova di Carmagnola a causa de la Segunda Guerra Mundial, recuerda que “nuestro Santo Padre Don Bosco nos conduce a la escuela de S. José. Aprendamos en tal escuela también la práctica de la humildad, de la que el querido Santo fue modelo insuperable”. Considerando la situación mundial, sugiere imitar al santo en la caridad: “En honor, pues, de este gran Santo que pasó toda su vida en la humilde condición de obrero, quisiera invitar a todas a entregarse con amor y generosidad a las obras de caridad que se nos presenten en beneficio de la clase obrera o, en cualquier caso, pobre y necesitada. Son tantas las miserias espirituales, morales y temporales del doloroso periodo que atravesamos; pues bien, cuando se nos presente una obra buena que realizar y esté en nuestras posibilidades, cumplámosla generosamente, con la misma caridad de Nuestro Señor, y estaremos seguras de hacer una obra grata también a nuestro Santo Padre Don Bosco, que tuvo siempre el corazón abierto a todas las miserias espirituales y temporales”.
En el magisterio de Madre Angela Vespa, Superiora general de 1958 a 1969, se subraya a menudo que “el silencio nos une a Dios, a la vida de la Sagrada Familia, a la vida de María Santísima, de San José, de Jesús bendito en su Pasión dolorosa, en su agonía, en la ocultación del santo Sagrario, y nos ayuda a traducir en vida nuestras promesas de tender a la perfección”. (Circ. 423, 24 de marzo de 1959) Custodio de la vida interior, San José vigila la fidelidad a los propósitos inspirando el cumplimiento de la voluntad de Dios.
Varios años después, Madre Marinella Castagno en la Circular nº 719 del 24 de marzo de 1990, hablando del inminente Capítulo General XIX, lo pone bajo la “protección especial» de San José, “el hombre justo”. Explica los motivos: “Ante todo me parece importante volver a descubrir la figura de este Santo, patrono de la Iglesia universal y de nuestro Instituto, para penetrar en su fe, su interioridad, su laboriosidad y su disponibilidad a la misión que deben caracterizar a todo cristiano y, en particular, a toda persona consagrada […] su figura puede iluminarnos sobre los rasgos peculiares de educadoras que deberíamos poseer para colaborar de pleno derecho con la familia, o en algún caso (que lamentablemente se va multiplicando) suplirla y tratar de reconstruirla. […] Es una llamada a reflexionar sobre nuestra presencia como educadoras de las jóvenes en el actual contexto socio-eclesial, teniendo presente ‘el humilde y maduro modo [del Santo] de servir y participar en la economía de la salvación’ (RC 1)”.
En tiempos recientes, el Papa Francisco ha observado: “Todos pueden encontrar en San José, el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, de la presencia discreta y oculta, un intercesor, un apoyo y una guía en los momentos de dificultad. Él nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. El mundo necesita a estos hombres y a estas mujeres: hombres y mujeres en segunda línea, pero que sostienen el desarrollo de nuestra vida, de cada uno de nosotros, y que con la oración, con el ejemplo, con la enseñanza nos sostienen en el camino de la vida”. (Audiencia general, 24 de noviembre de 2021).
Como entonces en Mornese, también hoy, los Santos pueden ser sentidos como presencias familiares, y hacer de la fe una fuerza capaz de conectar la tierra con el cielo.


















