Roma (Italia). El 24 de enero de 2025, en la memoria litúrgica de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y comunicadores, el Papa Francisco ha dado a conocer el Mensaje para la 59ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (CMGM), que se celebra en mayo:

Compartan con mansedumbre la esperanza que hay en sus corazones

El Santo Padre dirige un apremiante llamamiento a los periodistas y a los comunicadores para que pongan en práctica su «valiente compromiso» – necesario «hoy más que nunca», en este tiempo «marcado por la desinformación y la polarización» – en poner en el centro de la comunicación «la responsabilidad personal y colectiva hacia el prójimo» y ser «comunicadores de esperanza». según el tema del Jubileo, «comenzando por la renovación de vuestro trabajo y de vuestra misión según el espíritu del Evangelio».

Desarmar la comunicación

Consciente de que las palabras son a menudo como un puñal y se usan como armas, como en el caso de las noticias falsas, «para lanzar mensajes destinados a incitar los ánimos, a provocar, a herir», el Papa Francisco reitera una vez más «la necesidad de ‘desarmar’ la comunicación, de purificarla de la agresividad».

Otro fenómeno que destaca con preocupación es la «dispersión programada de la atención» a través de los sistemas digitales, que perfilan a los usuarios según la lógica del mercado, dirigiendo su atención a través de algoritmos y alterando su percepción de la realidad. El Papa expresa su preocupación por las consecuencias, mucho más sutiles, de una acción de marketing, que terminan por socavar los cimientos de la vida en común:

«Sucede que asistimos, a menudo impotentes, a una especie de atomización de los intereses, y esto termina socavando los cimientos de nuestro ser comunidad, la capacidad de trabajar juntos por un bien común, de escucharnos, de comprender las razones del otro».

«No podemos rendirnos a esta lógica», advierte, citando al padre Tonino Bello, obispo italiano en camino de santidad, que en una de sus homilías observó agudamente cómo todos los conflictos «encuentran su raíz en la disolución de los rostros».

Precisamente en el año en el que se nos anima a encontrar en la esperanza un ancla para dar sentido a las muchas situaciones dramáticas del mundo, el Papa Francisco vuelve a tocarnos por la humanidad de sus palabras, con las que sabe estar cerca de la gente común, y admite que «la esperanza, en realidad, no es nada fácil».

Sin embargo, «la esperanza es un riesgo que hay que correr. Es el riesgo de los riesgos», afirma poco después citando a Georges Bernanos, y recuerda que «para los cristianos la esperanza no es una elecciòn opcional, sino una condición imprescindible», que la esperanza es una «virtud escondida, tenaz y paciente», una virtud «performativa», es decir, capaz de cambiar la vida y que, como decía Benedicto XVI en la Encíclica Spe Salvi, «Los que tienen esperanza viven de otra manera; se les ha dado una vida nueva».

Dar razón con mansedumbre de la esperanza que hay en nosotros

El Santo Padre encuentra una admirable síntesis de la conexión entre esperanza, testimonio y comunicación cristiana en la primera carta de Pedro (3, 15-16): “Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con delicadeza y respeto”.

Hay tres claves de lectura de este texto para los comunicadores: en primer lugar, la esperanza para los cristianos no es incorpórea, sino que «tiene un rostro, el rostro del Señor resucitado», y confiar en la promesa de su presencia, mediante el don del Espíritu Santo, ayuda a «esperar contra toda esperanza», incluso cuando «todo parece perdido»; en segundo lugar, con respecto a la cuestión de las razones de la esperanza, más que dar respuestas articuladas, debe ser simplemente el reflejo de su Presencia de amor en cada uno que hable de él: «Es el amor vivido el que plantea la pregunta y exige la respuesta: ¿por qué vivís así? ¿Por qué eres así?».   La última clave, tal vez la más significativo, se refiere al «cómo»«con delicadeza y respeto»- un estilo del que Jesús es el Maestro en el diálogo con los dos discípulos de Emaús: «La comunicación de los cristianos – pero yo diría también la comunicación en general – debe estar entretejida de mansedumbre, de proximidad».

A partir de este pasaje, el Papa Francisco expresa su «sueño de comunicación», una comunicación que sabe estar cerca, que sabe «hablar al corazón«, centrándose en la belleza y en la esperanza, que sabe dar razón de la esperanza, en lugar de vender ilusiones y miedos; Una comunicación en la que quien comunica no está a merced de delirios de protagonismo o autorreferencialidad, sino que ayuda a quien escucha y lee a «encontrar la mejor parte de sí mismo». «Comunicarnos de este modo nos ayuda a convertirnos en ‘peregrinos de esperanza’, como dice el lema del Jubileo».

Esperanza juntos

El camino propuesto por el Papa no es «en solitario», porque «la esperanza es siempre un proyecto comunitario» y «nos ponemos en camino juntos» para atravesar la Puerta Santa, en este Jubileo que «tiene muchas implicaciones sociales» e indica la exigencia de una comunicación «atenta, mansa, reflexivo, capaz de indicar vías de diálogo».

Por eso, anima el Papa «a descubrir y contar las numerosas historias de bien escondidas entre los pliegues de la crónica; a imitar a los buscadores de oro, que tamizan incansablemente la arena en busca de la minúscula pepita. (…) «encontrar siempre los destellos de bien que nos permiten esperar. Esta comunicación puede ayudar a tejer la comunión, a hacernos sentir menos solos, a redescubrir la importancia de caminar juntos«.  

No te olvides del corazón

La última invitación es a cuidar el corazón, la vida interior. Una invitación que podría parecer genérica, si no estuviera acompañada, como sabe hacer un Padre, de unas «líneas» muy concretos que completan este intenso Mensaje que concluye con el deseo convertido en oración: «Todo esto podéis y podemos hacer con la gracia de Dios, que el Jubileo nos ayuda a recibir en abundancia. Por esto rezo y bendigo a cada uno de vosotros y a vuestro trabajo».

Texto completo del Mensaje

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