Roma (Italia). «Os suplicamos en nombre de Cristo: dejaos reconciliar con Dios». Éste es el título del Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2020, dirigido a todos los  católicos y hombres de buena voluntad.

El texto está dividido en cuatro párrafos en los cuales el Pontífice invita continuamente a reflexionar sobre la Muerte y Resurrección de Jesús, “fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria”. A este Misterio es necesario volver continuamente, con la mente y con el corazón. En efecto, éste no cesa de crecer en nosotros en la medida en que nos dejamos involucrar por su dinamismo espiritual y nos adherimos a él con una respuesta libre y generosa.

El Señor continúa, hoy, ofreciéndonos un tiempo “favorable” a la conversión. El Papa recuerda que nuestra vida nace del amor de Dios y nos exhorta a un cambio de ruta. No debemos dar nunca ”por sabido que el Señor nos ofrezca una vez más un tiempo favorable para nuestra conversión. Esta oportunidad debería suscitar en nosotros un sentido de reconocimiento y sacudirnos de nuestro letargo.”

La Cuaresma, pues, nos llama a acoger más profundamente el anuncio del Reino y la invitación a la conversión del corazón y de la vida. Nos trae también consecuencias sociales, para que sea pan y esperanza para todos, en el pequeño pueblo global que hoy habitamos. Los Evangelios que nos conducen a la Pascua revelan la vida nueva de quienes se han entregado a Cristo, único redentor del hombre y del cosmos: la Samaritana reencuentra dignidad y fe, el ciego recupera la vista, Lázaro resurge de la muerte! Cada  persona puede llevar esta radical energía de cambio a las relaciones humanas, a la vida social, económica, política. Es una tarea de todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, de los laicos creyentes y testimonios, de las familias y de las comunidades, de las empresas, de las instituciones y de las asociaciones.

En la Cuaresma, del 26 al 28 de marzo 2020 – continúa el Papa Francisco en su mensaje – he convocado a Asís a jóvenes economistas, emprendedores y agentes de cambio, con el objetivo de contribuir a delinear una economía más justa e inclusiva que la actual”. Cerca de 2.000 jóvenes economistas de todo el mundo se encontrarán para diseñar juntos una economía según el estilo solidario y sostenible.

Aprovechemos, en este tiempo, para examinar también nosotros nuestra economía doméstica, nuestro estilo de vida, nuestro hacernos prójimos de los otros, nuestro ser sembradores de esperanza al lado de los que luchan. La  invitación del Papa es, una vez más, a dejarnos involucrar y dar la Vida.  Como Jesús que dio su vida para introducir en el mundo el Espíritu de amor, la caridad que dilata nuestro sentido de justicia. “Felices los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5,6), y que actúan, o sea, trabajan por ella, sembrando así paz en el mundo, teatro del reino de Dios en formación.

La Cuaresma nos convertirá al Evangelio del Reino si sabemos arremangarnos como buenos trabajadores de la viña del Señor, como hicieron Don Bosco y Madre Mazzarello, llamando a otros a trabajar en el campo. Es nuestro trabajo, para  que llegue a todos. Así, el patrimonio de bien recibido no se estropea y se convierte en un regalo, compartido, con confianza y gratuidad.
Acogiendo juntos, como Instituto FMA, Iglesia y sociedad, esta invitación, podemos celebrar la Pascua de Resurrección con una alegría tangible, por haber permitido a alguna familia, joven, niño, festejarla con dignidad y confianza en la vida.

Que la victoria de la vida sobre la muerte, cambie nuestras miradas también en este tiempo de gran temor por la humanidad, por la difusión del virus que crea inseguridad y tiene con ansia y en casa a muchas personas.
También Jesús hizo su “cuarentena” de lucha con el mal, y venció alimentándose con la Palabra del Padre.
También nosotros estamos llamados a vivir este desierto como tiempo de purificación y maduración de la fe, como ocasión de recuperación del silencio interior, del hambre del Evangelio, de la oración, de la intimidad comunitaria, de lo que es esencial en la vida.

Gracias al Misterio pascual, dice el Papa Francisco, se nos ha dado la misericordia de Dios, que podemos experimentar “sólo cara a cara con el Señor Crucificado y Resucitado”.
He aquí por qué la plegaria es tan importante en el tiempo cuaresmal. Ella expresa la exigencia de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene.
La plegaria profunda llegue a cambiar la dureza de nuestro corazón y a convertirlo siempre más a Él y a su voluntad.

Buen  camino de Cuaresma a todas las FMA esparcidas en el Mundo, a los jóvenes y a los laicos, a los Salesianos y a toda la Familia Salesiana: juntos caminemos hacia la Pascua con un deseo siempre más grande de encontrarnos y de compartir, a la luz del Resucitado, el compromiso de conversión.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.