Roma (Italia). El 1 de enero de 2025, en la solemnidad de María Santísima Madre de Dios y en la apertura del nuevo año, marcado por el Jubileo ordinario, se celebra la 58ª Jornada Mundial de la Paz. Instituida por el Papa Pablo VI en 1968, la Jornada es una invitación a la oración y a la reflexión sobre este don que hay que pedir incesantemente, para promover caminos orientados hacia la paz para toda la humanidad.

Perdónanos nuestras deudas, concédenos tu paz es el tema elegido por el Papa Francisco, que motiva de la siguiente manera:

«En el alba de este nuevo año que nos ha regalado el Padre celestial, tiempo jubilar dedicado a la esperanza, dirijo mis más sinceros deseos de paz a todas las mujeres y a todos los hombres, especialmente a aquellos que se sienten postrados por su propia condición existencial, condenados por sus propios errores, aplastados por el juicio de los demás y ya no ven ninguna perspectiva para su vida. ¡Esperanza y paz para todos ustedes, porque este es un Año de Gracia, que viene del Corazón del Redentor!»

De hecho, el significado original del Jubileo -en el que un cuerno de carnero (yobel) anunciaba cada cuarenta y nueve años al año clemencia y liberación para todo el pueblo- es el compromiso de «restablecer la justicia de Dios en los diversos ámbitos de la vida».

«También hoy, el Jubileo es un acontecimiento que nos impulsa a buscar la justicia liberadora de Dios en toda la tierra», recuerda el Papa.

Cuando hablamos de deudas, de justicia, no podemos dejar de pensar en poblaciones aplastadas por la injusticia y la desigualdad, frente a naciones ricas que explotan la riqueza sin prestar atención a la condición de los demás:

«El acontecimiento jubilar nos invita a emprender diversos cambios, para afrontar la actual condición de injusticia y desigualdad, recordándonos que los bienes de la tierra están destinados no solo a unos pocos privilegiados, sino a todos (…). Es un llamamiento a la solidaridad, pero sobre todo a la justicia».

Desde este punto de vista, como hijos del mismo Padre, somos todos deudores, pero también «todos necesarios los unos para los otros, según una lógica de responsabilidad compartida y diversificada. Podremos descubrir de una vez por todas que nos necesitamos y estamos en deuda los unos con los otros«.

Un camino de esperanza: tres acciones posibles

En este Año Santo, el propuesto por el Papa no puede ser otro que un camino de esperanza: «Si dejamos que nuestro corazón sea tocado por estos cambios necesarios, el Año Jubilar de Gracia podrá reabrir el camino de la esperanza para cada uno de nosotros. La esperanza nace de la experiencia de la misericordia de Dios, que siempre es ilimitada».

Por lo tanto, el Papa Francisco sugiere tres acciones «que pueden devolver la dignidad a la vida de poblaciones enteras y ponerlas de nuevo en el camino de la esperanza, para que la crisis de la deuda pueda ser superada y todos puedan volver a reconocerse como deudores perdonados».

En primer lugar, con respecto a la deuda internacional: «los países más ricos deben sentirse llamados a hacer todo lo posible para perdonar las deudas de los países que no están en condiciones de pagar lo que deben».

En segundo lugar, el respeto de la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, «para que cada persona pueda amar su propia vida y mirar al futuro con esperanza, deseando el desarrollo y la felicidad para sí mismo y para sus hijos. Sin esperanza en la vida, de hecho, es difícil que surja en el corazón de los más jóvenes el deseo de generar otras vidas».

Por último, el Santo Padre «se atreve» a relanzar un llamamiento, refiriéndose a sus predecesores, san Pablo VI y Benedicto XVI, «por las generaciones más jóvenes, en este tiempo marcado por las guerras: utilicemos al menos un porcentaje fijo del dinero utilizado en armamentos para la constitución de un Fondo Mundial que elimine definitivamente el hambre y facilite en los países más pobres actividades educativas y destinadas a promover el desarrollo sostenible, contrastando el cambio climático».

La Madre Chiara Cazzuola, en su Mensaje para la Navidad 2024, “Abrazo de Paz, exhortaba a ser colaboradores y colaboradoras en este advenimiento de la paz: «Que se nos conceda ser cada vez más esos hombres y mujeres de ‘su agrado’, a quienes el Señor, nuestra única salvación, les da la pasión de colaborar en el advenimiento de su paz, para que finalmente pueda entrar y establecer una morada permanente en este mundo».

Es el augurio del Papa Francisco: «¡Que 2025 sea un año en el que crezca la paz! Esa paz verdadera y duradera, que no se detiene en las objeciones de los contratos o en las tablas de los compromisos humanos. Busquemos la verdadera paz, que es dada por Dios a un corazón desarmado. (…) El desarme del corazón es un gesto que involucra a todos, desde el primero hasta el último, desde el pequeño hasta el grande, desde el rico hasta el pobre. A veces, basta algo simple como una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un servicio gratuito».

Y es también la invocación con la que concluye el Mensaeje para la Paz 2025: ¡Concédenos tu paz, Señor! Esta es la oración que elevo a Dios, dirigiendo mi saludo de Año Nuevo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los jefes de las organizaciones internacionales, a los líderes de las diversas religiones, a todas las personas de buena voluntad».

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