Roma (Italia). El 18 de diciembre de 2025, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, se llevó a cabo la rueda de prensa de presentación del Mensaje del Papa León XIV para la 59ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el 1º de enero de 2026, sobre el tema: «La paz sea con todos vosotros: hacia una paz «desarmada y desarmante»».
“Un Mensaje esperado, del cual se siente una gran necesidad”, así lo definió el director de la Oficina de Prensa, Matteo Bruni, “en este tiempo de violencia, de llamado a las armas, de la potencia como solución de los conflictos, incluso entre las personas”. El tema recuerda las primeras palabras pronunciadas “como un programa” por el Papa desde la Pórtico de la Basílica de San Pedro el día de su elección, el 8 de mayo de 2025, el saludo de Jesús Resucitado: “Palabras preciosas para el tiempo que vivimos, palabras de esperanza, como una lectura de la sed de paz del mundo a la luz de la esperanza que nos llega también de este año jubilar”.
Para iniciar las intervenciones, el Cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, contextualizó el Mensaje como una reflexión “que va mucho más allá de la política o la estrategia”, y que sitúa la paz “en su sede primaria, el corazón humano, independientemente de su fe”. El primer desarme que debe llevarse a cabo es, por tanto, el del propio corazón, “a pesar de la tentación, frente al horror de nuestra belicosidad, de abandonar por completo el deseo de paz”.
El Cardenal Czerny enunció algunos obstáculos al desarme humano, como el progreso tecnológico —con la aplicación de la inteligencia artificial también en el ámbito militar—, la reducción de responsabilidades “que hacen la guerra cada vez más terrible” y el miedo.
“La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ampliar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence”. Citando las palabras del Mensaje, el Prefecto observó que es precisamente en el corazón humano donde reside ese deseo de paz que “puede superar nuestros miedos y nuestras pretensiones de dominio” y que, por tanto, “si realmente queremos la paz, debemos hacernos cargo de nuestra agresividad interior”.
El sentimiento de humanidad presente en cada uno anhela profundamente la paz y es un grito que debe ser escuchado, especialmente por quienes tienen autoridad política y social: “El Mensaje invita a todos a servir a la vida, al bien común y al desarrollo integral de las personas”, concluyó.
El profesor Tommaso Greco, catedrático de filosofía del derecho en la Universidad de Pisa, al comentar la expresión “paz desarmada y desarmante” del Santo Padre, subrayó la necesidad de cambiar, ante todo, la mirada sobre la realidad y no rendirse a una actitud que se autodefine como “realista” pero que, por el contrario, se basa en una visión parcial y distorsionada “porque olvida y oculta esa parte de bien, de luz, que existe”.
“En este sentido”, explica el profesor Greco, “esta paz no es solo desarmada porque rechaza la lógica de las armas, sino que también es desarmante porque nos invita a salir de ese círculo en el que la desconfianza alimenta el miedo, y el miedo empuja a un recíproco e imparable rearmarse”.
El gesto más importante que, en su opinión, el Mensaje invita a realizar es “emplear la paz como luz que guía el camino. No como un horizonte que corre el riesgo de volverse inalcanzable, sino como un patrimonio precioso que ya poseemos y que, por tanto, hay que proteger; como «una pequeña llama» que, aunque esté «amenazada por la tormenta», debe ser custodiada «sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos la han testimoniado»”.
Y precisamente para no olvidar los nombres y las historias, y transformarlos en luz guía hacia una paz no artificial, sino que toca el corazón dejando una huella indeleble y un deseo aún más fuerte de tenerla como horizonte estable, la presentación del Mensaje contó con dos testimonios realmente conmovedores.
«En mi vida he experimentado lo que el Papa subraya: ‘ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad'». Don Pero Miličević, párroco en la parroquia de los Santos Lucas y Marcos Evangelistas en Mostar, Bosnia, comenzó así el relato de su experiencia “de la oscuridad y el mal de la guerra” que estalló repentinamente el 28 de julio de 1993, apagando la “infancia feliz de un niño de siete años”, cuando unidades militares musulmanas del Ejército de Bosnia y Herzegovina atacaron su aldea sembrando la muerte y llevándolos cautivos durante siete meses junto a 300 católicos croatas. De su testimonio emerge la fuerza indispensable de la fe para soportar esas atrocidades: “Nunca habríamos resistido sin la fe, la oración y la necesidad de paz. Precisamente esa educación en la fe en Dios nos nutrió y ayudó a superar los horrores de los que fuimos testigos”.
Una paz que “debe ser vivida, cultivada y custodiada” en primera persona para poder donarla a los demás, según las palabras del Papa León: “Si la paz no es una realidad experimentada, custodiada y cultivada, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la pública”. Por ello, veinte años después de salir de su cautiverio, don Pero sintió la necesidad de volver allí —“las lágrimas corrían, pero eso me ayudó a recuperar la paz”— y por eso decidió contar su historia, para “despertar la conciencia de que el mal se vence con el bien y con el perdón, no con la venganza y las armas”.
El último testimonio fue el de Maria Agnese Moro, periodista e hija de Aldo Moro, estadista y ex primer ministro italiano, secuestrado y asesinado por la organización terrorista Brigadas Rojas en 1978. La Dra. Moro ha emprendido y mantiene con compromiso el camino de la justicia restaurativa, “que el Papa cita en su mensaje como instrumento a apoyar e incrementar”, por su capacidad de “devolver la humanidad donde han reinado la deshumanización y sus consecuencias”.
En su intervención se detuvo en el lenguaje que acerca al otro y es antídoto contra la deshumanización: “El encuentro con el dolor del otro es el primer golpe potente e irreversible a la deshumanización. Si sientes dolor, eres ciertamente humano, eres como yo”. Es lo que experimentó concretamente en el encuentro con participantes de la lucha armada de los años 70 y 80, algunos de ellos vinculados a lo sucedido con su padre: “Poder hablarles es doloroso y hermoso. Cada palabra mía los hiere, pero reconoce su humanidad. (…) Cada palabra suya me hiere, pero reconoce mi humanidad. (…) La escucha verdadera es un reconocimiento mutuo de humanidad. En este decir y escuchar está toda la justicia que nosotros y ellos necesitamos para vivir”.
Su conclusión —“Sí, querido Papa León, la paz existe y trabaja silenciosamente”— y las respuestas a las preguntas de los periodistas, en las que invitó varias veces «a mirar esta paz en acto», «la cantidad de reconciliación que se ha logrado» y a «entrenar un poco el ojo para ver el bien, ese que avanza, que se mueve», fueron, junto con el testimonio de don Pero y las intervenciones de los otros ponentes, una verdadera «inyección de esperanza», aumentando el deseo de profundizar en el Mensaje del Papa León para caminar juntos «hacia una paz desarmada y desarmante”.
Para profundizar y la difusión el mensaje, en el sitio web del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral están disponibles un vídeo en 5 idiomas, una infografía y los textos del Mensaje y de las intervenciones de la rueda de prensa (link al sito).


















