Roma (Italia). El 24 de abril tuvo lugar en Roma un taller organizado por la Unión internacional de Superiores generales (UISG) sobre el tema “Protección de los menores. Líneas guía y protocolos para los institutos religiosos”. La jornada, en la que participaron algunas FMA colaboradoras del Ámbito para la Pastoral juvenil, fue animada por el Dr. Gagriel S. Dy-Liacco, psicoterapeuta y miembro de la Comisión del Vaticano para la Protección de menores y adultos vulnerables.

La presencia de religiosas, religiosos y laicos consagrados hizo interesante el intercambio y el enriquecimiento recíproco sobre un compromiso común de justicia y misericordia, responsabilidad primaria de todos los que han recibido del Señor la vocación a dedicar la propia vida como servicio, que incluye la protección atenta y amorosa de niños, jóvenes y personas vulnerables.

La reflexión se inició con el análisis de cómo la Iglesia católica ha vivido, en el curso de la historia hasta hoy, la tutela de los menores entre prevención y respuesta a los abusos. La lectura atenta de los documentos eclesiales, en particular textos, discursos y opciones del papa Francisco en línea con sus predecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, avivó la conciencia de que las familias, las comunidades educativas y eclesiales, deben saber que la Iglesia no ahorra esfuerzos para tutelar a sus hijos y a las personas vulnerables de la comunidad social. Familias y comunidades deben saber que tienen el derecho de dirigirse a la Iglesia y a las comunidades religiosas con plena confianza, porque son “casas seguras y acogedoras”.

Durante el seminario nos detuvimos en profundizar el sentido de los “principios de tutela”, que van de la responsabilidad a la transparencia, de la escucha de las víctimas a la “tolerancia cero”, del sentido del control a la misericordia, de la justicia reparadora a un enfoque multidisciplinario y multisectorial.

Sabemos, como educadoras, el mal que hace, en la vida de los niños y de los jóvenes, el abuso físico, el sexual, el emotivo y psicológico, cuánta privación y sentido de abandono dejan en el corazón y en la vida…Sabemos también que la violencia ocurre en muchos ambientes, entre ellos la casa, la escuela, la comunidad y la red digital. Sabemos también que en el mundo, incluso en contextos diferenciados, una amplia variedad de autores hace violencia contra los niños, como es el caso de miembros de la misma familia, personas íntimas, maestros, vecinos de casa, entrenadores, extraños u otros chiquillos.

Los institutos religiosos están, idealmente, en situación de desarrollar un rol muy eficaz en la tutela de menores y personas vulnerables. Al mismo tiempo, se constató en el curso del taller, que un porcentaje significativo de las jóvenes y de los jóvenes llamados hoy a la vida consagrada han tenido experiencia de formas diversas de abuso, en la edad del crecimiento.

La eficacia de la prevención a través de medidas tomadas para que no se verifiquen abusos se presentó con contundencia a las comunidades eclesiales y a la sociedad civil a través de líneas guía que son firmemente y claramente tutela, con normas y medidas multidisciplinarias y multisectoriales de intervención. Al mismo tiempo, también las medidas tomadas después que el abuso se haya realizado, así como los protocolos para la gestión de los cargos, son instrumentos para hacer crecer la consciencia y el acompañamiento amoroso hacia las jóvenes generaciones.

En la conclusión del taller se habló de las varias componentes de un modelo de líneas guía, para que sean expresión clara de los valores evangélicos, hablen del compromiso hacia la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, se refieran a toda la Iglesia, en la jurisdicción particular, y asuman el compromiso de la formación y de los aprendizajes formativos para todos los miembros de las comunidades religiosas, eclesiales y educativas.

El confronto con otras congregaciones religiosas nos hizo comprender con claridad el camino que las inspectorías en los distintos contextos han ya cumplido al preparar orientaciones y políticas de prevención e intervención eficaces y altamente educativas: desde crear un ambiente seguro a la conciencia de la comunidad, desde la alegría de educar y ver crecer niños y jóvenes al cuidado pastoral de jóvenes víctimas, del monitoreo a los acuerdos de responsabilidad.

En el camino hacia el Sínodo 2018 este empeño de protección de los débiles no es sólo un deber cristiano, sino el compromiso de vivir profundamente el Sistema preventivo.

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