Roma (Italia). La Madre General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, Sor Chiara Cazzuola, inicia la Circular nº 1043 recordando el momento particular vivido por la Iglesia con la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, un proceso inconcluso «confiado a cada uno/a de nosotros/as, para que podamos realizarlo en un camino cotidiano como una verdadera conversión personal y comunitaria».
Desde el Documento Final del Sínodo, la Madre retoma el tema de las relaciones, por las que pasa el anuncio de la salvación, que se vive y se testimonia juntas: «Es una llamada para nosotras a considerar cómo la vocación de la Hija de María Auxiliadora es inconcebible sin la comunión vivida en una comunidad impregnada de espíritu de familia, orientada a la misión educativa evangelizadora vivida al estilo de la sinodalidad (…) Somos comunidades de mujeres ‘convocadas’ a seguir a Jesús, ‘enviadas’ por los jóvenes en el espíritu del da mihi animas cetera tolle».
A continuación, recuerda la apertura del Trienio en preparación al 150º aniversario de la primera partida misionera de las FMA, un fuerte tiempo de gratitud que nos lleva a los orígenes, que reaviva el deseo de sentirse en misión y de ser «comunidades generadoras de vida en el corazón de la contemporaneidad. Lo seremos si cada una despierta en sí misma la frescura original de la fecundidad vocacional del Instituto. Cuanto más generemos vida, más lleno de esperanza y de vida nueva estará el mundo«.
La belleza del seguimiento
Ser comunidades vocacionales: esta es la invitación explícita de la primera opción prioritaria del XXIV Capítulo General y el aspecto de la identidad de las FMA que la Madre elige profundizar en esta Circular, poniendo de relieve «la necesidad de testimoniar juntos la belleza de la vocación salesiana y de vivir un renovado impulso vocacional a partir de nuestras vidas. El Señor nos pide una renovada responsabilidad: hacer más visible el carisma y comprometernos a transmitirlo y revitalizarlo con fidelidad en el contexto actual».
Nos hace por lo tanto una pregunta: «¿Cuáles son las expresiones que hoy hacen evidente a los y las jóvenes nuestra pertenencia feliz al Señor?»
La alegría, el don y la responsabilidad, es el rasgo más significativo que se desprende de la Circular nº 960 de Madre Yvonne Reungoat (24 de abril de 2016), que Madre Chiara propone como una reflexión de gran actualidad: «Las comunidades vocacionales no son, ante todo, lugares donde se organizan actividades de animación vocacional, que también son necesarias, sino espacios en los que se vive y se da testimonio de la propia vocación y se expresa con gozosa fidelidad en el tejido de las relaciones cotidianas y de la misión».
Una alegría que brota de la fuente del amor de Dios, manifestado en Jesucristo. Por lo tanto, subraya la Madre, «cada comunidad, para ser vocacional, puede y debe ser una verdadera ‘schola amoris’ y expresar visiblemente la fraternidad». Y también: «Nuestras comunidades tienen valor profético si son testigos gozosos de la gratuidad del amor de Dios».
Incluso en las tentaciones de la vida de hoy, de las que no se está exento, la misión específica de la vida consagrada en la Iglesia y en el mundo es «dar testimonio del Señor Jesús con la vida, con las obras y con las palabras». Madre Chiara recuerda que «el amor apasionado a Jesucristo es una fuerte atracción para los jóvenes, a los que Él, en su bondad, llama a seguirlo de cerca y para siempre» y que «nuestros contemporáneos quieren ‘ver’ en las personas consagradas la alegría que proviene de la pertenencia al Señor«.
«En este sentido -dice la Madre- es importante dar testimonio de comunidades centradas en Jesús y en la oración» en las que se aprende a amar con la gratuidad de Jesús y se enriquecen en relaciones serenas y fraternas vividas en sentido evangélico en la escuela de María, Maestra de oración y comunión que, como la primera evangelizada, «alimenta en nosotros un fuerte impulso misionero».
«Vosotros no me elegisteis a mí, sino que yo os elegí a vosotros»
Es la cita que abre e ilumina la parte de las Constituciones relativa a la identidad del Instituto FMA (arts. 1-7) que hace evidente la vocación como don y llamada libre, gracia en la que la iniciativa es de Dios. Una vocación nacida, como decía Don Bosco, por atracción, por contagio. Por eso, recuerda la Madre, «si nuestra vida da testimonio y hace fascinante el carisma, creemos las condiciones para que los jóvenes se cuestionen a fondo».
Si el testimonio «de quien vive su vocación con conciencia, responsabilidad, autenticidad y alegría» puede ayudar a los jóvenes en la difícil tarea de discernir el camino a seguir en sus vidas, también es necesario guiar su camino ofreciéndoles un ambiente rico en modelos y valores en el que puedan «encontrar respuestas a su sed de Dios» y «un acompañamiento sistemático, paciente y discreto, para que puedan descubrir poco a poco el plan del Padre sobre ellos».
A este respecto, la Madre recuerda la responsabilidad de cada comunidad que, «en el contexto en el que vive y trabaja, tiene la tarea de prolongar en el tiempo el carisma salesiano, para que siga siendo fecundo en el bien de muchos jóvenes» y nos invita a releer el artículo 73 de las Constituciones.
La maternidad educativa de Maria Domenica Mazzarello
Madre Chiara recurriendo al patrimonio carismático pone de relieve la gran «capacidad de acompañamiento y guía de las jóvenes y hermanas» de María Domenica Mazzarello, que asume humildemente la misión de «Madre», uniendo sus dones en dirección a las almas con confianza en María, Madre y Maestra, de quien aprende el arte de cuidar de cada una. y en el Señor, con la certeza de que «sin Él sólo somos capaces de hacer el mal» (L 66,2).
«Es una invitación clara y materna a la oración ‘asidua y concordante’, para que el Señor haga fructíferas nuestras comunidades, según su voluntad. Así serán auténticas comunidades vocacionales», concluye la Madre.
La Circular concluye con una mirada al camino de Adviento, que ya está a la puerta: «Que María, Inmaculada y Madre, que sabe ayudarnos, guíe nuestros pasos hacia Belén junto con todos los niños, jóvenes, comunidades educativas y aquellos que comparten con nosotros el carisma salesiano».
Y con el deseo, también en nombre del Consejo General, de una santa Navidad de paz y esperanza a todas las FMA y a sus familias, a las comunidades educativas, a las familias, a las niñas y a los niños, a los y las jóvenes que frecuentan nuestras casas, especialmente a los que se encuentra en mayor dificultad.
La Madre augura también el «vivir juntos el Jubileo 2025, que está a punto de comenzar, como peregrinos de esperanza» y dirige un augurio especial al Vicario del Rector Mayor, don Stefano Martoglio, a los hermanos salesianos y a los miembros de la Familia Salesiana.
Por último, expresa su particular cercanía «a las hermanas y a las comunidades que viven en situaciones difíciles, a causa de las guerras, de la violencia, de las calamidades naturales, de la pobreza, y sobre toda la humanidad invocamos con fe el don de la paz verdadera y duradera«.


















